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Alicia

Tener un amigo con derecho y ser feminista. ¿Se puede?

By | Conversemos, Sexualidad | No Comments
Tiempo de lectura: 8 minutos

De las relaciones de no novios (free, amigos con derecho, amantes o como les quieras llamar)  se suele decir que casi por regla general alguien se termina enamorando, y en el caso de las personas heterosexuales se dice que casi siempre quien se enamora es la mujer. Esto, en la sociedad patriarcal lo quieren explicar con el argumento de que las mujeres somos seres emocionales y que por tal motivo no tenemos capacidad para disfrutar de nuestra sexualidad con otra persona (en este caso un hombre) sin enamorarnos.

Que en la mayoría de este tipo de relaciones es la mujer quien termina sufriendo (pero no necesariamente porque se enamore) es verdad, pero que eso ocurra no es porque en nuestro código genético venga predeterminado que irremediablemente nos vamos a enamorar de un  hombre por tener sexo con él; que esto suceda, lo explica que a las mujeres se nos educó o se les sigue educando (en el caso de las adolescentes) con la idea de que el objetivo de toda mujer es el matrimonio (heterosexual); y que la que no se case, aun cuando tenga grandes logros a nivel profesional y/o personal es una mujer a la que algo le ha de faltar para que no haya tenido la “fortuna” de ser elegida de entre “las otras” para ser la esposa de un hombre. Se nos ha dicho que para ser “la elegida” además ser más bonita, y más modosita que las demás también hay que ser decente, y con decente siempre se han referido a ser virgen hasta el matrimonio, o en los últimos tiempos tal vez no virgen pero sólo tener sexo por amor porque la que lo hace sólo para su disfrute pierde su valía como ser humano, y por tanto menos posibilidades de ser elegida. A su vez, con la liberación sexual femenina se ha retorcido el discurso a través de mensajes como: “Empodérate teniendo sexo para que no seas mojigata como las otras.”, “Ten sexo y si te enamoras te quedas calladita y sigues cogiendo para que vea que no eres como las otras que se enamoran”, “Haz un trío (o cualquier práctica sexual que no te guste) para que vea que no eres remilgosa como las otras”; y al final todo se reduce a demostrar “ser mejor” que “las otras” según convenga mientras ellos, los “hombres liberales” le aplauden a las “mujeres liberadas” diciéndole “Sí, que bueno que no eres como las ridículas mojigatas”; y a su vez, cuando están con esas que tachan mojigatas les dicen “Sí, que bueno que eres decente y no puta como las otras”. Con todo esto, no es para que nos sorprenda que la mayoría de mujeres que entran en relaciones de este tipo en un principio traten de agradar al tipo haciéndoles ver que ellas son más liberales que las otras, que luego se sientan mal consigo mismas porque el tipo no las ha elegido para una relación monógama, que para seguir queriendo demostrar que no son sensibles como “las otras” aguanten estar en una relación que les causa más pesares que placeres (y a veces ni eso) e incluso aceptando prácticas sexuales que les desagradan, que luego si el tipo se hace novio de otra mujer ellas terminen sintiéndose “usadas” porque “la elegida” fue otra.

Entonces ¿Es posible tener una relación de este tipo y no sufrir? Por experiencia propia les digo que sí; pero si tú lectora estás pensando en vivir una de estas experiencias o volverla a repetir a pesar de haberlas vivido y sufrir yo te sugeriría que te hagas las siguientes preguntas:

¿Deseas realmente tener sexo? Si la respuesta es no o estás dudando entonces te recomiendo no te involucres. Y no te dejes convencer porque un machito te trate de reprimida queriendo retorcer a su favor el discurso de la liberación sexual femenina.

¿Estás esperanzada a convertirte en pareja de ese hombre? Si en el fondo estás esperanzada a que eso pase deja te digo que eso pocas veces pasa y es por dos motivos; uno de ellos es que hay mucho tipo machista que ve mal a este tipo de mujeres a pesar de tener sexo con ellas y ¿Para qué querrías de pareja a un macho que nos valora en función de nuestra nula o muy activa vida sexual? La otra es porque hay hombres que sin ser necesariamente unos patanes no quieren una relación monógama nunca, o tal vez sí pero no en ese momento, o tal vez no la quieren contigo ¿Y? Qué así sea no te hace menos valiosa como ser humano; y que no la quiera contigo puede ser porque quizá no tienen mucha afinidad o tiene planes de vida distintos a los tuyos.

¿Cómo te sentirías contigo misma después de involucrarte en una relación de este tipo? Esta pregunta puede parecer un poco tonta pero no lo es. Una mujer feminista rechaza las categorías de santa y puta en la que nos quiere encasillar la sociedad dependiendo de nuestra nula o mucha actividad sexual; pero cuando hemos recibido una educación muy patriarcal aunque una sea consciente de que nuestro valor como personas no depende de algo tan personal como no haber tenido sexo o por el contrario tener múltiples parejas esto puede llegar a hacerte sentir mal. Se los digo por experiencia propia, en mi caso a mí me educaron con la creencia de que una mujer que tiene sexo prematrimonial es una mujer que ha caído en desgracia porque nadie va a querer elegirla, pero aun cuando yo rechazaba esa idea postergué mucho tiempo el inicio de mi vida sexual con mi novio de aquel entonces (ya ni pensar en free) porque sabía que de hacerlo eso me iba a causar conflictos emocionales.

¿Cómo habla de sus ex novias, ex amigas sexuales o amigas sexuales que siga teniendo? Con esto recomiendo ser bien cuidadosa, porque si bien la mayoría de los hombres no está interesado en una relación de novios monógamos con su amiga sexual, por lo regular sí siguen queriendo que hasta en este tipo de relaciones sin compromiso ellas sí se comprometan. Y lo digo porque conozco mujeres que se han involucrado en este tipo de relaciones sin tener interés en una relación monógama con su free, pero pasado un tiempo, estos tipos (que casi siempre son ellos los que dejan en claro aquello de “sin compromisos”) les hacen reclamos porque aunque ellos no quieren un compromiso si quieren que para los encuentros sea ella quien sacrifique sus tiempos, cancele planes que ya tenía; o peor aún, cuando ellas deciden no continuar con la relación porque se hicieron un novio o porque simplemente ya no les apetece estos tipos les hagan un berrinchito e incluso lleguen a acosarlas.

¿Y si ya me involucré?

Si te involucraste en una de estas relaciones de igual manera hay un par de consejos que desde mi experiencia podría darte.

Si no gustó la experiencia sexual con ese hombre tienes derecho a no volver a repetir. No importa si sólo estuviste una vez con él o ya perdiste la cuenta, si no te gusta no estás obligada a seguir. No le debes sexo a él ni a nadie. Tampoco le debes explicaciones, menos si él fue el de la idea de no compromisos.

No aceptes tener prácticas sexuales que no te gustan. Muchos hombres heterosexuales al buscar tener una free van con la idea de que con ellas pueden hacer todo lo que con una novia no harían, y lo más típico es que te pidan participar en un trío donde incluyan a otra mujer. El simple hecho de que tengan esa fantasía y que de tener la oportunidad la lleven a cabo no tiene nada de malo, pero si tú no quieres ser partícipe de esa o cualquier otra práctica sexual tienes derecho a negarte, y si te insiste con lo mismo o quiere convencerte retorciendo a su favor el discurso de la liberación sexual femenina deberías mandarlo al carajo; porque el objetivo de tener un free es obtener placer sexual.

Si te genera conflictos emocionales tienes derecho a alejarte. A veces ocurre que si la mujer no ha logrado deconstruir del todo los mitos del amor romántico comienza a tener sentimientos por el free: enamorarse, desear una relación, ponerse celosa de otras free que tenga el chico o de la posibilidad de que pueda querer una relación de monógama con otra; o incluso no estar enamorada pero igual sentirse mal con ella misma porque siente que está dando algo muy valioso como para que no se le elija para una relación monógama. En caso de que esto suceda o ya haya sucedido, por tu bienestar emocional te recomendaría alejarte. Si fue él quien puso la regla de “no compromisos” te recomendaría no darle explicaciones, pero en caso de que decidas hacerlo y trate de convencerte para seguir con la relación de free diciéndote que tal vez más adelante podrían ser pareja sal huyendo, porque entonces estás frente a un patán egoísta que es incapaz de darte un rotundo “No” con tal de seguir en esa relación free en la que no te sientes cómoda.

No des más por esa relación de lo que recibes. Por la manera en que la mayoría de las mujeres hemos sido educadas, es común que en estas relaciones las mujeres terminen dando más que el hombre free a pesar del acuerdo de no compromiso. Esto ocurre cuando tú comienzas a considerarlo como si se tratara de una relación monógama (en la cual sí hay ciertos compromisos) a la hora de hacer planes para verte con tus seres queridos, cuando comienzas a cancelar encuentros con otras personas por estar con él. No te recomiendo que lo hagas, y si es él quien te lo pide deberías replantearte seguir viéndolo porque no tiene derecho a pedirte que hagas por él cosas que no pactaron y que de seguro no haría por ti.

Después de darte estos consejos, desde mi experiencia te puedo decir que si llegas a tener una amistad con tu free si puedes encariñarte con él, y que esto no es malo si se trata de un cariño no posesivo. Yo he tenido dos relaciones de este tipo, y a uno de ellos, más que considerarlo un free lo consideraba algo más cercano a un amigo. Con ese hombre pasaba largas horas charlando de cosas que nada tenían que ver con sexo, me contaba cosas de su vida y yo de la mía, así que irremediablemente me encariñé un poco con él; sin embargo, nunca tuve el anhelo de ser su novia porque nuestros proyectos de vida eran y siguen siendo distintos,  y porque lo conocí  en una etapa donde no sé si quiero volver a tener una relación monógama; además debo decir que a pesar del cariño nunca sentí celos de que se involucrara con otras ya que incluso llegábamos a hablar de otras personas que nos gustaban.

Finalmente, pido disculpas a las mujeres con otras orientaciones sexuales y a las que han decidido no involucrarse más con hombres; a las primeras les quiero decir que de esto que hablé es algo que ocurre frecuentemente a las mujeres heterosexuales que se involucran en relaciones de este tipo y es necesario visibilizarlo, además al no ser yo lesbiana o bisexual me es complicado hablar de las experiencias de ustedes porque no las he vivido. En el caso de las feministas que han decidido no relacionarse más con hombres quiero que sepan que se los respeto y las entiendo, pero hablar de esto es necesario porque seguimos habiendo mujeres que nos involucramos con hombres, y seguirán habiendo muchas que terminen sufriendo en este tipo de relaciones porque la educación patriarcal que se les dio todavía tiene mucho peso en ellas y deconstruirse no es fácil, por tanto, quienes vivimos estas experiencias disfrutándolas y sin que nos cause conflicto debemos ayudarlas y de paso romper con ese mito de que nosotras no somos seres racionales y que todo lo elegimos en base a nuestras emociones.

Sobrevaloración de lo “masculino”

By | Análisis | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Con frecuencia suelo leer publicaciones en páginas feminista donde se incentiva a que como personas adultas que nos hemos dado cuenta de como el sistema patriarcal oprime a las mujeres incentivemos a las niñas a preferir a los personajes de guerreras en lugar de los de princesas, leo publicaciones donde se habla de que en vez de barbies y vestidos de tul les regalemos juguetes que las hagan interesarse en ser científicas o ingenieras; pero cada que los leo entro en conflicto porque me hacen recordar mi infancia, en la cual si bien mis padres me daban la opción de elegir libremente jugar a las barbies o al football, yo tenía una muy marcada preferencia por todo lo que era considerado cosas de niña (y no niego que en mis gustos haya influído la sociedad), y al recordar a otras niñas con las que me relacionaba, algunas muy “femeninas”, algunas otras muy “masculinas” me doy cuenta de que no es cambiar el rosa por otro color, el vestido de tul por un pantalón o la barbie por el kit de científica lo que va a lograr que las niñas se conviertan en adultas empoderadas y libres de estereotipos.

Y no, no pretendo victimizarme y crear rivalidad entre mujeres “femeninas” y “masculinas”, porque a pesar de haber sido una niña muy “femenina” con poquitos gustos “masculinos” (me gustaban las resorteras),  y hoy de adulta tener una tendencia muy marcada por las cosas que se nos asignan por nacer con vagina no voy a negar que no me daba cuenta de como se criticaba a una de mis primas o compañeras de clase que se salían de la norma, tampoco puedo decir que ahora de  adulta no me doy cuenta de como a muchas mujeres que no son tan “femeninas” se les critica muy duramente, o como aquellas que eligen profesiones que son consideras de hombre están más  expuestas al acoso y que se les subestime. Para esas compañeras que han elegido algo distinto a lo que yo escogería para mí no puedo más que aplaudirles por hacer lo que les apasiona a pesar de que vayan en contra de lo que se espera de ellas por ser mujeres; pero a veces siento que esas publicaciones le dan un halo de superioridad a todo aquello considerado de niño o de hombre por sobre lo que es considerado de niña o de mujer, y creo que con esto sin darnos cuenta terminamos infravalorando el también muy valioso trabajo que han hecho otras al elegir profesiones, oficios o trabajos considerados de mujeres.

No nos confundamos, si bien es muy cruel juzgar a una niña por no gustar de juegos y ropa que se supone deben gustarle, el tratar de cambiarla si esas cosas son las que le gustan tampoco me parece correcto; que ella de entre varias opciones escoja jugar con una muñeca y ponerse un vestido de tul rosa no va a causar que se convierta en una adulta a la espera de aprobación masculina y que crea que sin tener pareja e hijos va a estar incompleta; lo que sí creo que va a marcar la diferencia es que se le dé una educación libre de mitos románticos, que se la haga saber que tener pareja es una opción y que no tenerla no nos convierte en mujeres fracasadas o defectuosas, con suficiente amor propio para que en caso de que alguien en nombre del amor quiera lastimarla se aleje, que aprendan a lidiar con el rechazo,  a ser sororaria con las otras aunque esas mujeres tengan gustos distintos o tomen decisiones personales para su vida que ella no tomaría, que sepa que tanto si elige  tener una profesión “femenina” como educadora o una “masculina” como ingeniera las dos están bien y son valiosas; porque créanme, conozco a muchas mujeres adulta que si bien no son de usar cosas “femeninas” y tienen profesiones de “hombre”,  siguen sintiéndose incompletas si no están casadas, siguen aguantando a novios/esposos maltratadores en nombre del amor, buscando aprobación masculina  y compitiendo con las otras para posicionarse como mejor opción ante los ojos de un hombre.

 

LA OTRA MUJER

By | Conversemos | No Comments
Tiempo de lectura: 5 minutos

Hace un par de días mientras revisaba las notificaciones de mi facebook me encontré un post en el que se podía leer: “Sé sorora con las mujeres que tienen un pacto de fidelidad con su pareja”. Lo leí un par de veces más tratando de asimilar y encontrarle algo positivo al mensaje pero la verdad es que no me terminaba de gustar y lejos de verlo como algo que pudiera fomentar pactos de hermandad entre mujeres me pareció que podía crear división entre nosotras; y en efecto, al leer los comentarios comprobé que no estaba tan equivocada pues varias compañeras terminaron peleando entre ellas.

Dicha situación entonces me llevó a hacerme varias preguntas:

¿Calificar de “no sororaria” a esa mujer que sale con un hombre que tiene pacto de exclusividad con otra no será más bien la manera sutil de querer denigrarla pero sin llamarla “puta” o “rompehogares” para que no se ponga en tela de duda nuestro feminismo?

¿Le conocemos la vida a esas mujeres como para hacer un juicio tan precipitado? ¿Sabemos que es lo que a cada una de ellas las ha llevado a estar en esa situación?

Siempre que se toca dicho tema suelo salir en defensa de esas mujeres a las que llaman “la amante”,  “la quita novios” o “la rompehogares”; y las personas suelen dar por sentado que si lo hago es porque he estado en esa situación, pero lo paradójico del asunto es que lo que me llevó a ser empática con estas mujeres es haber sido la novia a la que le estaban siendo infiel. Al recordar esa situación siento orgullo de la manera por como manejé las cosas, aunque lo penoso es que mi sororidad para con la chava estaba condicionada y es de eso de lo que les voy a hablar ahora.

Llegar a ser feminista no es como que un día despiertas y ya te sacaste al patriarcado de adentro, es un largo proceso de cuestionarse porque haces ciertas cosas para poder reconstruirte, y cuando yo andaba de novia con mi ex novio infiel se podría decir que era una feminista en pañales; pues si bien era consciente y ya defendía que una mujer tenía los mismos derechos  que un hombre y no tenía que aguantar ciertas situaciones, también desde mi posición a veces privilegiada me daba por tachar de pendejas a mujeres que están en situaciones que no les gustan pero que aguantan.

La manera en que yo me enteré de que mi ex novio me estaba siendo infiel fue por parte de la chica con quien me estaba poniendo el cuerno ya que ella me hizo llegar capturas de pantalla en las cuales quedaba comprobado lo que estaba sucediendo, y de paso me pidió que le dijera cual era la decisión que pensaba tomar al tener las pruebas en la mano para ella poder tomar sus propias decisiones. No sé  si fueron pocos o muchos minutos los que me quedé tratándo de asimilarlo,  pero si recuerdo que sentía mucho coraje contra mi entonces novio, mientras que por la chava tenía sentimientos parecidos al agradecimiento por decirme lo que estaba sucediendo y algo de lástima porque sus motivos para que yo me enterara más que por querer hacerme un favor era para de alguna forma quitarme de en medio. Finalmente, decidí hablarle por teléfono a mí novio para cortarlo, y como sucede en la mayoría de los casos el trató de victimizarse y culpar a la chava; pero para mí el único culpable era él, así que decidí que no habría segundas oportunidades.

Las tres semanas posteriores al suceso como es de esperarse no fueron agradables: por un lado mi ex pensaba que estaba haciéndome  la difícil, yo en verdad la estaba pasando mal como cualquiera que termina una relación, nunca faltaba la persona que me salía a decirme cosas como “si de verdad te estuviera doliendo lo perdonarías porque el amor todo lo puede”, y como si no fuera suficiente tuve que lidiar con mensajes de la chica en los que me insultaba en tanto que a él le justificaba su actuar.

El hecho de que esto sucediera a inicios de mi devenir feminista fue lo que me llevó a querer romper la relación y también gracias a eso fue que en su momento no vi a la chava como la culpable; sin embargo, aunque no la culpaba de la infidelidad de mi ex si llegué a burlarme de ella muchas veces y tildarla de “pendeja” por haberse puesto en una situación donde no quería estar (una relación sin compromiso) cuando claramente lo que ella quería era otra cosa (una relación monógama con compromiso) y por tener la esperanza de que con ella podía ser diferente si luchaba por ese “amor”. Así mismo, cada que sabía de una mujer a la que su novio o marido le era infiel y ella perdonaba me burlaba, y creyéndome superior decía “Y eso le pasa por pendeja, así que se lo merece. Si yo pude cortar ellas también pueden”.

A día de hoy que ya han pasado tres años de ese suceso y habiendo aprendido más en mi camino como feminista no sólo no culpo a las mujeres en una de esas dos situaciones (sea como “la otra” o como la novia/esposa que perdona los cuernos), también he dejado de burlarme ¿Y saben por qué lo hago? Porque el hecho de que existan mujeres en una de esas dos situaciones a final de cuentas es por la misma razón; y es nada más y nada menos que la presión social que se ejerce sobre las mujeres de que deben tener pareja; sólo que en esos casos mientras una vive esperanzada a convertirse en la pareja oficial del hombre para llenar el requisito social, la que es pareja oficial aguanta por lo mismo.

Así que, compañeras, cuando vean a una mujer en una de esas dos situaciones toca no juzgar ni burlarse; porque aunque muchas de nosotras no lo toleraríamos tampoco nacimos feministas, también nos han educado en poca o gran medida con ideas machistas y si volteamos hacia atrás seguramente nos daremos cuenta de que muchas veces se nos ha colado el patriarcado, y que en situaciones diversas hemos aguantado situaciones que no nos gustaban.

Finalmente quiero aclarar que me enfoqué a hablar de mujeres heterosexuales porque es a las que se juzga duramente cuando estas situaciones ocurren. Y claro, con esto tampoco quiero decir que todas las mujeres que están en una relación sin compromiso lo hacen porque están esperanzadas en convertirse en la novia/esposa, a algunas no les gustan los compromisos y es algo válido; y por supuesto también hay mujeres heterosexuales en relaciones abiertas o poliamorosas con sus parejas y eso no les causa conflicto.

Y tú, mujer que me estás leyendo, si estás pasando por una de esas dos situaciones  quiero que sepas que no te juzgo ni me burlo de ti; pero así mismo yo te quiero pedir que dejes de juzgar y denigrar a esa otra mujer que está en el lado opuesto al que tú estás; y por supuesto te invito a que te cuestiones porque sigues en una relación que no te gusta. Recuerda que la valía de una mujer no depende de tener un hombre al lado, y que si estás en una relación con compromiso, sin compromiso, monógama o abierta debe de ser porque lo disfrutas y te sientes cómoda, no para cumplir con requisitos sociales.

 

Abrazo sororario a todas.

 

TELENOVELAS: El héroe violador

By | Cultura de la violación, Feminismo | 2 Comments
Tiempo de lectura: 6 minutos

Entre los muchos recuerdos de mi infancia tengo presente a mis tías y madre viendo las telenovelas; y no voy a negarlo, muchas veces se me permitió verlas en compañía de las mujeres adultas de mi familia siempre y cuando ante ciertas escenas acatara la orden de darme la media vuelta porque pues decían mi madre y mis tías “hay escenas que una niña no debe ver”; sin embargo, esa prohibición  lejos de asustarme picaban mi curiosidad, y más de una vez me las apañé para ver esas escenas prohibidas donde los personajes aparecían haciendo cosas que años más tarde, cuando comenzaba a entrar en la pubertad entendí que era tener relaciones sexuales.

No voy a negar que ver telenovelas me entretenía; sin embargo, pese a que me gustaran, más de una vez me encontré irritada ante ciertas situaciones ocurridas en la trama y preguntándome porque todas las mujeres de las novela,  tanto si eran las buenas o las villanas, eran lo que para mí era una “vieja pendeja”. Me molestaba ver a la protagonista buena mostrada siempre como virgen, creyéndose menos valiosa si la violaban (o creía que había sido violada), me molestaba ver que siempre le perdonara sus puterias al protagonista masculino y que al final después de que este follara con casi todo el elenco femenino e  incluso que este la culpara y dudara de ella por chismes ajenos siempre terminara perdonándolo y casándose con él; me molestaba también ver a las villanas sin razón de ser, haciendo cosas estúpidas o postergando proyectos personales sólo por enfocarse en “quitarle” el galán a la buena. Siempre me hice preguntas como: ¿Por qué la villana pendeja se niega a salir de ese pueblo e irse a Europa sólo por quedarse cerca del protagonista? Ya quisiera yo poder ver los lugares que ella con su dinero puede visitar mientras yo me tengo que conformar con verlos en el libro de Geografía ¿Por qué la estúpida protagonista lo perdona después de que le dio la espalda en los peores momentos?

Muchas preguntas me hice en mi mente; pero la gota que derramó el vaso e hizo que esas preguntas en mi mente fueran expresadas fue aquella telenovela transmitida entre 1997 y 1998 llamada “LEONELA”.

La transmisión de LEONELA, fue de esas que por casualidad me vi toda, y que esto sucediera y comenzara a cuestionarme coincidió con ciertas cosas que estaban ocurriendo en mi vida: Yo ya tenía 10 años así que comenzaban a hablarme de sexualidad en la escuela, mi madre en casa comenzaba a hablarme de la sexualidad y ya no me prohibía que mirara esas escenas, y pues a esa hora en que estaba la telenovela al aire por casualidades de la vida no había ningún anime que yo quisiera ver; así que nada se interponía para que mirara esa novela; ese bodrio que hace apología a la violación, y creo poder decir es la más machista y misógina de entre todas las telenovelas habidas y por haber.

Así pues, en LEONELA se nos presenta como protagonista a una chica (cuyo personaje se llama como la telenovela) millonaria que acaba de terminar sus estudios en el extranjero y está por casarse con su prometido quien pertenece a la misma clase social que ella. El día de su fiesta de compromiso, su prometido que es un rico prepotente golpea y humilla al protagonista; el cual, por casualidades del destino y todavía estando bajo los efectos del alcohol, más tarde se encuentra con Leonela quien a altas horas de la noche camina sola por la playa, y como un acto de venganza contra el novio de esta decide violarla.

Una vez habiendo pasado aquel suceso, el protagonista se arrepiente y entonces busca a la protagonista (quien al principio parece estar en negación ante lo ocurrido) para ofrecerse a casarse con ella como una manera de  “reparar su error”. Para colmo de males, Leonela queda embarazada y su violador comienza a acosarla por todos lados para impedirle que aborte al fruto de la violación; por lo cual la familia de Leonela para ponerle fin a lo que era un acoso constante (aunque el televidente no lo quería ver así) manda matar al protagonista violador pero este en defensa propia termina matando a uno de los sicarios y es ahí que la protagonista aprovecha para ser la abogada en su contra y encargarse de que el tipo vaya a prisión aunque sea pagando un delito que no cometió, ya que por el que dirán Leonela no se atreve a hacer del conocimiento público que fue violada; y para que el tipo sufra más decide que una vez que el hijo nazca lo dará en adopción.

Hasta ese momento de la telenovela, todos los televidentes parecían minimizar el delito de la violación por cómo se nos presenta a los personajes: Por un lado, la protagonista es una chica millonaria a la nos muestran como un mujer superficial, frívola, que nunca ha pasado carencias, vive según las normas sociales, en un primer momento quiere abortar, refunde en la cárcel al protagonista por un crimen que no cometió y finalmente decide que en cuanto tenga al fruto de la violación lo dará en adopción en vez de entregarlo a la familia del violador como una manera de vengarse. Por otro lado, en la telenovela se trata de glorificar al violador encarnándolo en la piel de un actor bastante atractivo, nos lo muestra como un tipo humilde, trabajador, que quiere a su familia, está arrepentido, quiere casarse con la protagonista o que mínimo le entreguen al hijo producto del crimen que cometió. Y es así como entonces los televidentes comenzaron a odiar a la “malvada” de Leonela y compadecerse del “pobrecito” de Pedro Luis. Aún puedo recordar a mis tías y a las señoras que miraban esa novela maldiciendo a la desnaturalizada Leonela por no poder sentir amor por el hijo que llevaba en las entrañas y reivindicando al violador porque pues “Pobrecito, se arrepintió y aparte está bien guapo”, mientras yo, sin haber vivido muchos años les preguntaba: ¿Pero por qué tiene que querer a un hijo que le hicieron a la fuerza? ¿Por qué no la dejan abortar en paz? ¿Por qué ese idiota violó a Leonela para vengarse del novio y no le hizo el daño directamente al novio de ella? No, que ella sea mamona y creída no justifica que la violen ¿Por qué ese idiota (y me vale que sea guapo) se cree con el derecho de seguirla? ¿Por qué ese idiota la odia por el daño que según ella le hizo? ¿Por qué cree el pendejo que lo que hizo es una nimiedad?

En verdad me daba coraje ver como las televidentes parecían idiotizadas y no querer darse cuenta: Señoras orgasmeandose con el protagonista, señoras juzgando a Leonela por rechazar la maternidad producto de una violación, señoras odiando a Leonela porque mandó a violador a la cárcel por un crimen que no cometió (y cierto, el asesinato fue en defensa propia, pero parecía que se les olvidaba que el tipo era un VIOLADOR que encima la acosaba y que igual merecía el peor de los castigos).

Sin embargo ahí no termina la cosa, la familia del tipo, la cual estaba bien hundida en la miseria logra adoptar al bebé (yo no sabía que hubiera un país donde fuera tan fácil adoptar y encima escoger cual niño quieres como si se tratara de elegir peluches en la juguetería, pero en LEONELA así ocurre) y pasados pocos años, antes de lo esperado el protagonista logra que le reduzcan la condena y sale convertido en un abogado millonario (porque tuvo la suerte de conocer a un prisionero de celda que le heredó sus bienes) con el propósito de vengarse de Leonela; mientras que la protagonista se ha convertido en una mujer amargada,  incapaz de tener una relación sexo-afectiva y además está arrepentida de haber dado al hijo en adopción.

Para no hacer el cuento largo, quien sabe cómo los protagonistas se terminan enamorando, se casan, y después de muchos intentos fallidos de tener sexo porque ella está traumada, finalmente el tipo recrea la escena de la violación y entonces como por arte de magia parece que los traumas de la protagonista desaparecen como si nada.

En fin, a la fecha cada que recuerdo esa telenovela y a las televidentes (en su mayoría eran mujeres) reivindicando y solidarizándose con el protagonista se me revuelven las entrañas. Y sin temor a equivocarme creo que es ahí cuando sin saberlo y a corta edad comenzó mi devenir feminista, aunque ese sólo fue el inicio pues todavía me faltaba mucho camino por recorrer en mi proceso de construcción.

Hay cosas que quiero que entiendan sobre las chicas que posamos en poca ropa

By | Autodefensa, Redes Sociales, Respuesta Pública | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos
Hay una cosa que quiero que los hombres entiendan sobre las chicas que posamos en poca ropa.
 
Cuando ponemos una foto semidesnuda en Facebook, haciendo una pose sexy o mostrando poca piel, lo que muchas veces significa es que nos gusta nuestro cuerpo; y si a ti te causa deseo sexual no es nuestro problema y eso tienes que asumirlo, al igual que nosotras asumimos que es sólo cosa nuestra cuando fantaseamos con una persona que nos parece atractiva.
Te confieso que aunque los likes y los comentarios nos pudieran hacer sentir halagadas (siempre y cuando sean de manera respetuosa y no se trate de ofensas o acoso), tampoco nos quita el sueño si no te gustamos, y aunque lo dudes, hay cosas que nos emocionan más que un like en nuestras fotos (como cuando sacamos una buena nota escolar, nos felicitan por nuestro desempeño laboral o nos reconocen nuestros talento artísticos o deportivos).
Sabemos perfectamente que un like o un comentario respetuoso no significa que nos aman ¿En serio crees que somos tontas y nos vamos a creer que alguien que no nos ha tratado y sólo nos conoce por un par de fotos nos ama?
Déjame también te cuento que no todas las mujeres estamos buscando ser la esposa de alguien ni ser madres, es más, algunas no somos heterosexuales, ni siquiera bisexuales; y para ser honesta, muchas de las que vemos el matrimonio o vivir en pareja con un hombre como una posibilidad en nuestra vida, preferiríamos la soltería antes que casarnos con un superficial machista que juzga a las mujeres por la mucha o poca ropa que llevamos puesta; y muchas de las que contemplamos la maternidad ni locas quisiéramos que en caso de tener hijos estos tuvieran de ejemplo a un padre machista.
Muchas mujeres (vistamos con mucha o poca ropa) ya nos hemos ido empoderando a pesar de haber crecido bajo el yugo del patriarcado, y por tanto detestamos y queremos muy lejos de nosotras (ya ni hablar de una relación) a los hombres que nos quieren venir a decir como tenemos que ser para poder ser aceptadas por ellos. Tu manera de hablar de las mujeres y juzgarlas por su vestimenta sin siquiera haberlas tratado habla muy mal de tus padres, pues deja en claro que estos no supieron educarte y no te enseñaron que las mujeres vistan como vistan deben de ser respetadas simplemente por ser personas.
Si tú crees que comparándonos con diamantes nos halagas, déjame decirte que estás muy lejos de cumplir con ese objetivo, porque esas piedras preciosas ,por más ocultas y difíciles de adquirir que sean no dejan de ser objetos; y compararnos con objetos que puedes “agarrar” ya sea para tener sexo o para que te planchen la camisa es ofensivo.
Por favor no vengas a querer dictar como tenemos que vestirnos, y bájate de esa nube en la que vives fantaseando con que todas las que vestimos en poca ropa vamos a acostarnos contigo, porque suponiendo que todas las que usamos poca ropa sintieramos atracción por los hombres y tuviéramos una vida sexual muy activa y múltiples parejas, esto no significa que tú nos gustes para tener sexo; porque aunque te duela asumirlo, las mujeres somos personas, y ya sea para tener sexo o para casarnos nosotras también decidimos con quién, cómo y cuándo.
P.D.: Esta es mi contestación a una carta que circula por internet donde un hombre se dirige a todas las mujeres que gustamos de vestir y posar en poca ropa para según él tratar de enmendarnos y que así consigamos que él y sus congéneres (porque da por sentado que todos son igual de machistas y superficiales que él) nos den su aprobación. Parece que este tipo y quienes la comparten no logran comprender que cada vez somos más las mujeres que vestimos de tal o cual manera porque nos gusta como nos vemos y no entienden ni soportan que nuestra autoestima dependa de nosotras mismas y no de ellos.