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Fotógrafo es denunciado por acoso y abuso

By | Acoso Sexual, Denuncia Pública, Redes Sociales | No Comments
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“Me dijo que quería hacerme una sesión de fotos. Quedé con él y desde el principio no paré de sentirme incómoda. Todo el rato buscaba el contacto físico: me acariciaba la pierna, me decía que me sentara a su lado, me tocaba los labios…Yo me quitaba y creo que aunque no dijera nada estaba claro que no me sentía cómoda. Pero daba igual, él seguía insistiendo”.

 

La activista y modelo española Margalida María, (@margalidamariax en Instagram), recibió muchas historias como la anterior. Situaciones que muchas chicas le contaban sobre cómo habían sido acosadas por el fotógrafo en las sesiones de trabajo  Danilson Gómez, conocido en esa red social como @Longshoots_.

El inicio de esta serie de denuncias, se dió a partir del testimonio en el que Margalida María denunció a través de sus ‘stories’ desde su cuenta en Instagram, las acciones y actitudes poco profesionales de Danilson. En ese momento, empezó a recibir decenas de mensajes de otras mujeres que se habían sentido acosadas por el mismo fotógrafo.

Cada mensaje demostraba la forma repetida de proceder del fotógrafo: contactaba a mujeres a través de las redes sociales para proponerles una sesión de fotos, las invitaba a su casa, les pedía dinero por su trabajo y después terminaba por preguntarles si “nunca habían probado a un negro”.

Raquel Córcoles, conocida también como Moderna de Pueblo, brindó su apoyo a Margalida. Llama a Danilson, “Follógrafo” y compartió que el acoso que está recibiendo Margalida va desde el clásico “qué vas a ser modelo con lo fea que eres” hasta “no sabes cómo llamar la atención”.

Realizó una ilustración con el tema, misma que publicó en la red social, invitando a visibilizar la situación y a denunciar el acoso donde se presente.

“No son babosos, son acosadores. No somos tontitas y hemos empezado a hablar. Estés en la profesión que estés.”

Me ha indignado mucho ver lo que revelaba @margalidamariax sobre el acoso que han sentido muchas mujeres al trabajar con el fotógrafo @longshoots_ (podéis verlo en su stories) Ya le están cayendo mil insultos A ELLA. Desde el clásico "qué vas a ser modelo con lo fea que eres" hasta "no sabes cómo llamar la atención". Pero somos más las que te apoyamos, desde aquí te doy las gracias porque la única manera de que otras no pasen por experiencias asquerosas es que las que ya hemos pasado por ellas hablemos. Antes no era consciente de qué era un "abuso de poder" y ahora lo veo más claro que nunca. A los 20 años, cuando buscaba prácticas en el mundo de la publi, por ejemplo, me citó para una entrevista Mr.JefazoImportante y me hizo sentir que si le "bailaba el agua" conseguiría el puesto. "Eres muy guapa, como todas las que trabajan aquí.", me soltó a 10 cm de mi cara mientras me tenía en su despacho a oscuras cuando todo el mundo se había ido a casa. Salí de ahí y antes de llegar a mi casa vomité en la calle por el asco de lo vivido. Pero nunca pensé en que eso había sido un "abuso de poder". Me eché la culpa por ser tan inocente y tontita y simplemente pensé que era un baboso más. No son babosos, son acosadores. No somos tontitas y hemos empezado a hablar. Estés en la profesión que estés, #cuéntalo

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Actualmente existe la cuenta @follografos_espana para denunciar públicamente los casos de acoso sexual y emprender medidas legales para frenar todo esto.


Actualización: Mayo 10, 2018.

Margalida ha cerrado su cuenta en Instagram, debido al acoso constante y creciente que ha recibido a partir de su denuncia.

Carreras en círculo por Cambridge Analytica

By | Análisis, Autogestión, Conversemos, Noticias, Redes Sociales, Tecnología | No Comments
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Desde hace días una noticia central anda en rondando todos los muros de Facebook y es tema de conversación en todas partes: la participación de Cambridge Analytica en la utilización ilegal de información obtenida de usuarios de Facebook para la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Hay tanta información y al mismo tiempo tan escueta, que poco se logra transmitir sobre la relevancia de este suceso. Es inevitable sentir esa sensación de engaño y despojo cuando los titulares se centran una y otra vez en que se manipuló la opinión pública y ello llevó a la silla presidencial a Tr*mp, incluso se contempla que en México también hayan contratado sus servicios. Pero ¿queda claro por qué y cómo pasó todo esto?

Cuando alguien busca o tiene contacto con una fuente que consideran experta en estos temas, las respuestas agregan temor y responsabilidad a la carga anímica. La línea de conversación va sobre que la usuaria no sabe usar la plataforma, que le entrega sus datos a quien sea y en resumen, que es torpe y casi causante de todo esto.

Seguramente a mas de una le ha cruzado la idea de cerrar su cuenta de FB o de perdida, dejar de usarla en lo que se calman las cosas, porque ¿qué mas se puede hacer si por un lado nos dicen que la extracción o fuga de datos se realizó de manera tramposa y por otro, que nosotras se lo facilitamos porque no sabemos usar las herramientas? Hay poca información concreta y clara sobre qué hacer, si es que se puede hacer algo o ya mejor nos esperamos a que se nos pase el susto y regresamos “a la normalidad“.

Y es aquí justamente donde encuentro la relevancia del suceso: la desinformación como constante hace propicia la vulnerabilidad de nuestra información. En esta ocasión, se utilizó para conseguir el voto a favor de Mr. Orange, aunque cotidianamente se usa para vendernos cosas.

Para pasar de agente pasivo a sujeto activo, una clave es entender cómo funcionan las cosas y en este caso, internet (actualmente). No la imagines como una caja negra de contenido misterioso y desconocido. Basta que seas consciente de estos tres conceptos base:

  • Las plataformas como Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, WhatsApp, etc y los buscadores como Google, Bing o Yahoo, son desarrollados por empresas que tienen como objetivo primario, colectar información para venderla.
  • Somos consumidores y productores de información al mismo tiempo. Con sólo tener una cuenta en cualquier servicio, vamos dejando rastro de lo que nos interesa, lo que nos disgusta, nuestras ideas, miedos, propósitos, etc. Cada post, cada interacción, cada visita, cada búsqueda, cada conversación son datos que se transforman en mercancía.
  • Borrar el rastro que hemos dejado es casi imposible, pero sí podemos minimizar el rastro futuro. Todas las plataformas tienen políticas de privacidad, términos y condiciones. Todas proveen un panel de control para la configuración. Todas envían notificaciones de lo que van a hacer y… ¡todo eso viene en formatos poco entendibles, saturados, incómodos para leer y muchas características pensadas en que las saltemos!

Así que aquí es donde empieza tu participación consciente: qué tanto necesitas que sepan dónde vives, trabajas o estás; para qué darle acceso a todos sobre lo que opinas, haces, piensas, quieres; qué tanto usas el login automatizado para entrar a otras aplicaciones, es evidente que por comodidad lo haces, sólo tenlo presente y pregúntate con frecuencia si quieres mantener vinculadas las cuentas de tantos servicios o aplicaciones en una sola plataforma. Explora la configuración, no vas a descomponer la plataforma ni a dañar tu computadora, teléfono o tableta por cambiar algo. Y en caso de que algo le moviste y no está resultando como esperabas, acércate a redes de mujeres que seguramente te ayudarán. No estás sola.

Si no damos paso a la autogestión del uso de cualquier cosa que se conecte a internet, ese temor o sensación de vigilancia se disipará y la normalización y el control de otros tomará su lugar.

Visibilizando el sexismo en los titulares de noticias deportivas

By | Medios, Noticias, Redes Sociales, Sexismo, Sororidad es | No Comments
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En el marco del 8 de marzo, la UNESCO lanzó una iniciativa para tomar acciones conjuntas contra el sexismo en los deportes. Con apoyo de la Universidad de Cambridge, crearon una extensión para el navegador Chrome que marca con morado palabras sexistas y con gris posiblemente sexistas (dependiendo del contexto) en las noticias deportivas que debieran centrarse en el desempeño y logros y no en temas como la apariencia, el vestuario, la maternidad o cualquier otra temática que distraiga o minimice su actuación profesional.

Sobre Serena Williams | The New York Times – julio, 2015 | Extracto

Para mostrar su funcionamiento también crearon el micrositio herheadline.com donde se muestran los extractos de noticias con contenido sexista y el medio de comunicación donde se publicaron. Por su parte, UNESCO también cuenta con el micrositio Get Involved donde enlista las acciones conjuntas para erradicar el sexismo en medios (al menos en cuanto a deportes) que tiene seis ejes de acción:

  • Descargar la extensión Her Headline directamente en la Chrome Web Store.
  • Utilizar el hash #HerMomentsMatter para compartir tarjetas de apoyo y videos que UNESCO creó para dejar constancia de los muchos eventos deportivos donde las mujeres se han destacado.
  • Responder un quiz para tomar conciencia de que sólo hay 4% de cobertura en eventos deportivos de mujeres.
  • Iniciar una conversación en redes sociales con el hash #WomenMaketheNews para visibilizar ésta problemática.
  • Descargar la carta preparada previamente y enviarla al Ombudsperson solicitando ver la misma cobertura de deportistas mujeres en los medios.
  • Escribirle una carta al editor del medio a elección para expresarle su opinión sobre el sexismo en el contenido de su medio.

Las consideraciones ante esta iniciativa, son:

  • Solo está disponible en inglés, por lo que el banco de palabras funciona únicamente en sitios con este idioma,
  • Que no se nos olvide que detrás de Chrome está Google y lo desconocido del alcance que tiene al acceder a nuestro historial en internet.

 

Mucho ruido que despolitiza conceptos

By | Autocuidado, Autodefensa, Reflexiones | No Comments
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En prácticamente cualquier ámbito, surgen las famosas buzzwords cuando se empieza a tener notoriedad. Estas palabras pueden ser nuevas o bien, utilizan conceptos ya existentes que de pronto tienen gran popularidad (que no trascendencia). El feminismo no ha sido inmune a estas tácticas comunicacionales y hay palabras que son utilizadas en casi cualquier publicación en redes sociales con el feminismo entre sus letras. Es innegable la rápida propagación e implantación mental de estos vocablos y justo esa velocidad en que se empiezan a enunciar y a compartir contribuye a que de a poco se vaya diluyendo su importancia, relevancia y significado.

Haré mención de las que para mí tienen suma relevancia en el feminismo y que de tanto repetirlas, están adquiriendo tintes de buzzword.

Empoderamiento

Empezaré por decir que empoderamiento no es una acción que se puede transmitir o construir en terceros, es un proceso horizontal en donde una es sujeta activa y sentirse empoderada no es lo mismo que tener poder real y para ello, me apoyaré en la definición de Weber:

Por poder se entiende cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad.

El empoderamiento personal que tanto se plantea como si se tratara de un aspiracional y resulta tan atractivo, no hace mas que distraer sobre la estructura de opresión que vivimos.

Autocuidado

Continuaré por mencionar al autocuidado como clave en el proceso de deconstrucción, principalmente en la mujeres a quienes histórica y culturalmente nos han asignado el cuidado de los otros, como si nosotras mismas no importáramos. Autocuidado también es resistencia. Es enfrentar al sistema y decidir que no vamos a depender de sus satisfactores vacíos.

Una de las diversas formas y quizá la mas común en que se ejerce, es en esas situaciones en las que debemos tomar decisiones con respecto a las personas con quienes convivimos y las dinámicas de relacionamiento a fin de evitar repetir o caer en patrones tóxicos. Se ha vuelto tan cotidiano que es justo ahí donde se tergiversa su propósito y se utiliza para justificar la intolerancia y la censura. No es lo mismo poner un alto y marcar distancia ante las agresiones que sentirse agredida porque no comparten nuestra perspectiva o nos incomodan las certezas.

Autodefensa

Por último y muchas veces relacionada con la anterior, está la autodefensa. Autodefensa tiene que ver con romper esas ataduras psicológicas, emocionales, físicas, mentales, simbólicas y culturales que nos han sido impuestas en nuestra socialización para callar y no responder ante las injusticias y violencias que se ejercen de manera sistémica contra nosotras. Es un concepto que implica gran transformación, no es para darle excusa o rienda suelta al ejercicio de nuestra violencia.

Si con las palabras le damos significado e interpretación al mundo, si las palabras como componente clave del lenguaje, evolucionan, se transforman o mueren, mi propuesta es que las evolucionemos y las trascendamos poniendo en práctica los conceptos con que empoderamiento, autocuidado y autodefensa se acuñaron. No quiero que nos sean devueltas como palabras vacías. Menos aun, que mueran sin lograr el progreso social.

La misoginia como base de algoritmos de análisis de mensajes

By | Misoginia, Noticias, Redes Sociales | No Comments
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Desde 2012, de manera creciente se han manifestado diversas formas de violencia en línea. Entre las mas replicadas, están los discursos de odio. Existen diversos sectores vulnerables quienes son blanco de estos ataques. El incentivo: castigarles simbólicamente porque están fuera de la norma.

Con la idea de generar espacios incluyentes, diversas plataformas actualizan los algoritmos de análisis de texto para eliminar aquellos considerados lenguaje inapropiado, insultos, incitación a la violencia y discursos de odio con la intención de contribuir a que éstos no continúen reproduciéndose… o al menos eso dicen públicamente. Sin embargo, pocos son los resultados eficaces. Es conocido que en FB una de la plataformas con mas usuarios en el mundo occidental, existen innumerables grupos y páginas que incitan al odio (dejando de lado aquellas que difunden violencia, comercializan cuerpos o trafican con imágenes no consentidas).

Las mujeres en general somos objetivo predilecto de odiadores diversos, principalmente porque la misoginia es –aun– base cultural. Si además somos mujeres que nos manifestamos en contra de la normativa social actual, la cosa se pone peor. Los calificativos van desde invenciones de terminología hasta el uso del insulto como amenaza.

Como muestra de que la programación de los algoritmos está regida por la cultura misógina, basta darse cuenta de que en la práctica, los reportes sobre hostigamiento hacia perfiles, grupos o páginas de mujeres son prácticamente insuficientes para que pasen a revisión por humanos. Si acaso por número llegan a alertar sobre contenido inapropiado y reciben suspensiones automáticas. Casi nunca permanentes.

Es mas que destacable que en los glosarios de terminología están excluídas todas las palabras en todos los idiomas que refieran agresiones hacia las mujeres, no así cuando se refiere a expresiones hacia hombres (mas si son blancos), el argumento recurrente de la “falta de actualización” de estos glosarios, es que los regionalismos o slang hacen complicada la integración. Ya saben, los programadores sólo saben inglés.

A partir de #MeToo, las denuncias se hicieron cada vez mas y mas públicas, porque el acoso sexual, la extorsión y el chantaje solícito de intercambio sexual y el comportamiento inapropiado en ambientes sociales y laborales no es algo que recién suceda, sino que apenas se atreve a comunicar. Ante esas denuncias públicas como muestra de comprensión y apoyo solidario a quien compartía su experiencia, muchas mujeres escribieron ‘los hombres son basura’ en todas las lenguas y de inmediato, FB suspendía las cuentas de mujeres con notoriedad, basados en la cantidad de seguidores que tienen.

Así fue el caso de la feminista Judith Bosch al responder en un hilo de conversación donde empezaron a insultarla, ella escribió “eres un putero de mierda” y eso le valió la suspensión de su cuenta.

Un caso similar vivió también Marcia Belsky por su respuesta al abuso misógino que una amiga recibió, donde escribió literal “men are trash” y le suspendieron la cuenta durante 30 días.  Ella reveló en una entrevista al The Daily Dot que no sólo ha recibido “infracciones” por sus comentarios donde advierte sobre depredadores sexuales, sino incluso por chistes y comentarios inocuos. Es decir, ya la tienen en la mira un grupo de personas que se dedican a reportar sus publicaciones y como ha tenido sanciones previas, el algoritmo ya no hace una revisión mas exhaustiva, simplemente determina que los reportes son válidos y se trata de una reincidencia.

Kayla Avery dijo que rutinariamente la sancionan por comentarios como “los hombres son incendios de basura”, “lo peor”, “basura” y otros derivados. Después de varias suspensiones, Avery creó un proyecto comunitario llamado Facebook Jailed, destacando las historias de aquellos que sufren prohibiciones similares por publicar comentarios.

500 mujeres comediantes se reunieron el 24 de noviembre en un grupo privado de Facebook para organizar una protesta, publicando derivados de “los hombres son basura”, todas al mismo tiempo. El resultado: casi a todas fueron sancionadas por Facebook

FB por su parte, dijo días mas tarde que la eliminación de comentarios de Belsky fue un error y restablecieron algunos. Pero de acuerdo con publicaciones recientes de Avery, la comediante Elsa Waithe y otros, la plataforma no solo sigue prohibiendo a las personas publicar nuevos comentarios como “los hombres son basura”, sino que revisan activamente sus líneas de tiempo y eliminan publicaciones anteriores sobre hombres.

Es decir, que para estos casos en específico, FB sí asigna a personas a hacer revisiones manuales para aplicar censura, pero no para erradicar la violencia hacia las mujeres.

 

Los futuros distópicos son porque perpetúan lo establecido

By | Entretenimiento, Políticas Públicas, Reflexiones | No Comments
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Desde adolescente me ha gustado mucho la lectura, uno de los géneros que mas me atrapó gran parte de mi vida ha sido la ciencia ficción. Lo que mas me atraía al leer cualquier obra merecedora de un premio Hugo, eran esos planteamientos sobre lo que podría suceder y cómo los seres de este planeta íbamos creando mejores y mas útiles herramientas. Por supuesto que a la par de esos avances soñados estaban los problemas a resolver y que invariablemente eran resultado de la carga histórica, de los usos y costumbres y hasta de la terquedad de quienes no terminaban de entender los cambios y remataban haciendo un desastre por sus prejuicios, ignorancia o ambas. Así que esto me llevó de la lectura a la afición por los filmes de ficción distópica, porque éstos tratan de mostrar alguna de posibles razones sobre porqué las cosas son así. Esas comparativas sobre la tématica del guión con situaciones del “mundo real” me parecen un ejercicio de reflexión bastante interesante.

La mas reciente que vi fue What Happened to Monday. El contexto es: Año 2043, a causa de la sobrepoblación hay una crisis a nivel mundial dando por resultado una estricta política de hijo único aplicada por la Ley de Asignación Filial. Cuando múltiples niños son nacidos de una misma madre todos menos el primogénito son puestos en cápsulas de criogenización.

Quien promueve, impulsa y sostiene la Ley de Asignación Filial, es una mujer convencida de que es lo mejor para la humanidad, para el planeta entero. La respaldan diversos estudios y resultados estadísticos que indican que a pesar de lo dolorosa de la ley, ésta está asegurando un mejor futuro. Bajo este régimen, una mujer tiene 7 hijas que son ocultadas al estado para evitar que las coloquen en la cápsula de criogenia. Como es insostenible mantener por siempre en secreto a 7 personas, el drama ocurre cuando una de ellas no regresa a casa y de pronto todas las hermanas se ven envueltas en una persecución en la que una a una empiezan a morir a causa de la que no volvió porque es quien delató a sus hermanas puesto que ella al ser la primera en nacer, es la que legalmente tiene derecho a vivir. Al final, esta hermana mayor revela que está embarazada de gemelos y al morir, quienes se quedan a cargo son las únicas dos hermanas sobrevivientes. La promotora de la ley y candidata al parlamento, es condenada a la pena de muerte al revelarse que la criogenia es una terrible farsa.

La distopía aparente está en que los humanos como voraces consumidores nos hemos terminado los recursos y hemos sobrepoblado el planeta. Cualquiera se compra la idea y la toma como cierta porque nos la han taladrado de múltiples maneras que terminamos creyendo que es verdadera. También, se presenta nuevamente la idea de que el gobierno es quien “pone órden” sin importar las afectaciones hacia el pueblo, porque lo que premia es “el bien mayor”, dando una velada legitimidad a las acciones totalitarias, ignorando las garantías individuales, en una versión remasterizada de “lo hago por tu bien” y como cereza del pastel, es una mujer la de las malvadas ideas. Y por último y porque no puede faltar el componente de drama y llamado a la sensibilidad, están los sentimientos y acciones que se hacen “en nombre de la familia”, como vivir en un parcial secuestro, sin derecho a la privacidad ni a la propia identidad.

En conclusión, que llegamos a esta situación porque los humanos somos irresponsables y egoístas, entonces el estado debe poner reglas drásticas para remediarlo, sólo que en el “mundo real”, es el estado quien obstaculiza y no permite el ejercicio de los derechos reproductivos. Cada año, en la gran mayoría de los países, mas mujeres están decididas a no procrear, ya sea porque eligieron el estilo de vida childfree o porque prefieren adoptar, sin embargo, las leyes en casi todo el mundo penaliza el aborto o bien, los sistemas de salud dicen que las mujeres menores de 30 años o que no hayan tenido hijos, no son candidatas a la ligadura de trompas. Si tomamos en consideración que la mayoría de las mujeres son heterosexuales, sexualmente activas -en promedio- a partir de los 16 años, con hombres que son fértiles durante 50 años consecutivos, saquen la probabilidad de embarazo que se tiene que enfrentar durante al menos 15 años -promedio- ANTES de ser candidata a la esterilización.

También se utiliza de nuevo, aunque de manera sutil, el arquetipo de que quienes se reproducen “demasiado”,  son los pobres, desviando la atención de quienes son los verdaderos generadores del problema y que en la misma trama se utiliza: la maternidad como acto máximo de amor y sacrificio. La hermana mayor que entrega a sus hermanas, lo hace motivada por la protección hacia sus hijos, ese amor de madre es capaz de… ¿traicionar a toda una familia?. Pues sí, por que es a través de esa idea que refuerza la maternidad como un acto de abnegación, que la candidata al parlamento, (la mala del cuento), la presiona y chantajea.

Así que de esta peli, puedo concluir que los futuros distópicos son porque perpetúan lo establecido y que  de continuar en una apatía con respecto a la participación ciudadana activa en las políticas públicas, entonces sí llegaremos a situaciones como las de este guión donde nos van a endosar la responsabilidad de todas esas omisiones de derechos.

 

#YoReconozco o el desfile de la impunidad

By | Análisis, Denuncia Pública, Redes Sociales | No Comments
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En días pasados inició el movimiento de denuncia pública #YoTambién #MeToo principalmente en Twitter aunque también a través de Facebook  donde muchas mujeres de diferentes latitudes y estratos sociales tuvieron la oportunidad de desahogar, compartir y revelar cómo han vivido el acoso sexual. Sé que este tipo de ejercicios ayudan mucho tanto en la introspección como en el proceso de superación. Poderlo expresar públicamente es un paso que requiere mucho valor.

Considerando que quienes hemos sido acosadas, el 99.9% ha sido por hombres, casi en paralelo surgió la ingenua idea de que ellos hicieran este ejercicio de reflexión sobre sus acciones a fin de tener el panorama completo. Con #YoReconozco iniciaron los mensajes donde varios hombres mencionaban los actos de acoso y violencia que efectuaron hacia mujeres que se cruzaron en su camino y de pronto parecía que “iba a funcionar”, no obstante, el resultado demuestra nuevamente que no, que el mundo está hecho para que ellos sean el centro de atención.

A cada confesión realizada, no importaba el grado de violencia ejercida, ellos recibían palmaditas de apoyo y gestos de aprobación. Prácticamente se les otorgaba una medalla por “la valentía” de reconocer lo que habían cometido (suponiendo que fueron acciones que dejaron de hacerse y son inexistentes en el presente). La dinámica terminó convirtiéndose en un desfile de impunidad, donde es claro que a ellos no se les complica contar sus acciones por muy horrendas que fueran, como eyacular dentro aun cuando el acuerdo fue que no o besar a la fuerza a una mujer solo porque él deseaba hacerlo o aprovecharse de la situación vulnerable de una amiga para “conquistarla” y mas y mas eufemismos para referirse a la violación. Una a una empezaron a aparecer en el historial estos relatos cortos que mas que demostrar arrepentimiento, nos contaban una gran osadía y muy mal disfrazada de culpa.

Este gran confesionario solo dejó en claro que la impunidad es lo que prevalece cuando de conductas violentas hacia las mujeres se trata, incluso se utilizó el hashtag para continuar dispersando mensajes misóginos y ninguno de los hombres que supuestamente estaban examinando sus propias conductas, hicieron algo al respecto. Se convirtió en un compendio de declaraciones del terror y no hubo ni sanción legal ni social hacia quienes las cometieron, solo “nuevas oportunidades”. Está claro que los hombres distan mucho de experimentar la empatía y que su visión del mundo está sesgada por los privilegios que les son otorgados solo por haber nacido varón.

Mientras las mujeres expusieron sus más profundas penas y dolor, los hombres nos demostraron que para ellos «así es y así será».

¿Autogestión o capitalismo encubierto?

By | Análisis, Seguridad, Tecnología, Transporte | No Comments
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El sistema económico mundial nos dice a cada paso que no existe nada fuera del capitalismo, que vivimos en una sociedad de mercado. Muestra de ello es que cualquier idea se convierte en mercancía, incluyendo las luchas sociales. El feminismo no ha sido excepción y ahora utilizan tanto a seguidoras como a detractoras del movimiento para posicionar productos.

Por parte de los detractores, el medio está posicionado en la producción de contenido “polémico”, ya sea directo en plataformas digitales como YouTube, Facebook, Instagram o Pinterest, como en las versiones electrónicas de prensa: Vloggers, influencers y figuras públicas lucran con el feminismo, disfrazando sus discursos de “irreverentes” o “ácidos”, donde lejos de mostrar una postura específica, lanzan mensajes ambiguos diciendo que el feminismo es bueno, PERO [inserte aquí la letanía de su preferencia para anular el mensaje original]. Es así que obtienen “me gusta”, comentarios y comparten su contenido haciendo que rápidamente se viralice porque participan no solo quienes son seguidores, sino también quienes enfurecidos manifiestan su desacuerdo al contenido y todo esto, se monetiza.

Sumado a ello, están quienes deliberadamente lucran con las necesidades expuestas a través del feminismo, por ejemplo, la lucha por el derecho al propio cuerpo, contra la cosificación o la gordofobia que sufrimos las mujeres, nos es devuelta en productos como Me and You, una línea de ropa interior que llega directo a ese incipiente grupo de simpatizantes del feminismo que aun no ahonda en el tema. Su producto más vendido es una pantaleta con la palabra “feminista” impresa en letras rosas sobre el trasero y con una línea de cintura bastante más alta de lo acostumbrado con la promesa de comodidad, sin embargo, continúan sexualizando la ropa interior al promover un nuevo modelo de sexy. De esta manera es como el primer lote de calzones “feministas” se agotó en pocos días. Y así, muchas marcas textiles que son conocidas por sus malas prácticas de producción donde hacen uso de la explotación de mujeres, con tan solo colocar estampados o bordados “feministas” que se han convertido en gran tendencia en la moda se venden en altos volúmenes, dándole vuelta a la hoja sobre la esclavitud que ejercen.

Otro problema constante y que cada vez tiene mas visibilidad, es el acoso tanto en sus modalidades callejero; sexual y laboral. Para estas necesidades se han creado soluciones tecnológicas que van dirigidas a las mujeres como si se tratase de un nuevo nicho: Laudrive (el Uber para mujeres, conducido por mujeres y sólo se transportan mujeres); Bumble (el Tinder para mujeres, donde ellas son quienes deciden y si no quieren, bloquean y listo); Bumble Biz (el LinkedIn para mujeres donde se promete no ser acosada por ofertantes de vacantes y en caso de suceder, se hace público para que le retiren la cuenta al acosador).

Todas estas iniciativas aparentemente ofrecen buenas alternativas. En lo personal he utilizado todas para probar si sus promesas de seguridad son reales y esto es lo que me he encontrado:

  • Laudrive: de acuerdo a lo que conversé con las conductoras que me trasladaron en diferentes viajes, ellas se sienten bien y seguras utilizando esa plataforma; como usuaria, tengo la queja de que se tardan demasiado en llegar, aunque entiendo que es porque el parque vehicular con el que cuentan es por mucho, menor al de Uber y que la interfaz no es usable, si no conoces la dirección o la ruta hacia donde te diriges, es complicado saber exactamente en qué parte del trayecto vas, porque la visualización de ruta no es ni exacta ni en tiempo real.
  • Bumble: el uso de la plataforma es simple y no es heteronormado, así que podría ser un buen canal para ligar, tú eres quien da el primer paso, así que el chat no está habilitado hasta que tú decidas y con quién para evitar el acoso.
  • Bumble Biz: Funciona igual al anterior, solo que éste tiene el propósito de buscar empleo.

Los principales contras que veo en estas plataformas es que se mercantilizan como una “respuesta feminista”, donde además viene disfrazado de autogestión, aunque si bien eres tú quien da el primer paso, al crear la cuenta lo haces a través de Facebook, así que ya sabes a dónde van tus datos.

Un componente que respalda la idea de que Me and You y Bumble están pensadas desde la perspectiva feminista es porque estas empresas tienen en la alta dirección a mujeres. La excepción es Laudrive, quienes son un par de hombres los que aparecen al frente y que aprovecharon la crisis de seguridad tanto de Uber como de Cabify para promocionarla como la plataforma por y para mujeres.

De buenas intenciones…

Entonces nos encontramos que la lucha de las mujeres se mezcla con las banderas de empresas capitalistas y es inevitable darse cuenta de que estamos ante una estrategia de conservación del status quo general, donde el objetivo es imposibilitar la libertad real de las mujeres. Solo nos venden (literal), la ilusión de inclusión, la consecusión de algunos derechos y acaso, que el tema feminista se vuelva masivo aunque distorsionando el mensaje. Todo esto es posible lograrlo porque existen ONGs feministas que se dedican a aconsejar a estas empresas para que “mejoren” su imagen hacia las mujeres aunque su propósito no sea precisamente ese.

Este problema ha existido desde hace muchos años, por ejemplo, Avon es pionera incentivando desde hace tiempo a mujeres para vender de forma “autónoma”. Bajo la promesa de libertad financiera se pone en práctica la supresión de derechos, al convertir esta supuesta autonomía en una jornada de trabajo sin límites, sin derechos y con un gran volumen de ventas de las que ellas, sólo reciben un porcentaje mínimo de las ganancias obtenidas y en este esquema, cada vez existen mas y mas empresas, incluyendo Laudrive, donde si bien las conductoras se sienten bien y seguras siendo parte de la plataforma, la realidad es que no tienen ninguna protección laboral. Adicional a que no solo ponen la fuerza de trabajo, incluso algunas hasta los medios (su automóvil, su licencia de conducir, su seguro, su dispositivo móvil, etc.)

Así es que es posible que estemos ante ese proceso de cooptación de luchas a las que se les quita su aspecto político y liberador para vendernos una marca. En consecuencia habrá que crear nuestras propias estrategias siendo conscientes de esto.

#YoTambien #MeToo

By | Acoso Sexual, Eco, Redes Sociales, Respuesta Pública | No Comments
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“Si todas las mujeres que hemos sido sexualmente acosadas o agredidas escribiéramos #YoTambién daríamos una idea de la magnitud del problema.”

Así es como inició una campaña para visibilizar el acoso que las mujeres vivimos todos los días. Su origen está en la denuncia pública sobre los casos de acoso sexual del que fueron víctimas varias mujeres en Hollywood como ejercicio de poder que Harvey Weinstein realizó como productor de cine, ya que a la suma de denuncias se agregaron las acusaciones hacia estas mujeres, aludiendo al discurso disculpatorio de siempre: “el productor, es una persona honorable” y al revictimizador sobre “qué casualidad que ahora TODAS fueron víctimas de este hombre, pero bien que se aprovecharon de él para obtener un papel en alguna película“.

La conversación sigue y ahora cuenta con testimonios individuales de los eventos de acoso que nos han sucedido porque -lamentablemente-, este tipo de violencias las vivimos las mujeres de todas las latitudes y entornos sociales.

¡YA BASTA!

 


De víctimas a victimarias cuando se trata de violencia simbólica

By | Acoso Callejero, Autocuidado, Feminismo, Sexismo | No Comments
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Este texto lo compartió ayer una amiga feminista que trabaja desde hace tiempo el tema del acoso callejero. Está inspirado en una ponencia para un congreso llamado “Violencia, maltrato y abuso: víctimas y victimarios” que se realizó a finales del 2011 en Buenos Aires, Argentina.

Diana Maffía, mujer argentina, doctora en filosofía, investigadora y autora de muchas publicaciones lo escribió.


Definitivamente, las feministas somos unas amargas. Vemos machismo, patriarcado, androcentrismo, homofobia, lesbofobia, transfobia y violencia incluso en las situaciones más divertidas. Eso nos pone en un raro lugar: somos víctimas de permanentes ataques simbólicos, y a la vez victimarias por arruinar con nuestras respuestas destempladas las situaciones que gran parte de la sociedad considera entretenidas, glamorosas, seductoras, caballerescas, románticas y hasta corteses. Y lo peor de la confusión es que como pertenecemos a esa misma sociedad, tales situaciones también tienen eficacia simbólica sobre nosotras, también nos reímos y emocionamos con ellas; sólo que un Pepe Grillo feminista nos susurra al oído permanentes advertencias analíticas para que no caigamos en la trampa, para que no seamos literales, para que no sonriamos amablemente –como es de esperar- a los gestos corteses.

“¿Qué quieren las mujeres?” se preguntaba Freud, y el error de nosotras era estar expectantes a su respuesta. Mi propuesta de hoy es muy modesta. Contar algunas anécdotas, señalar algunas situaciones que encienden mi alarma, procurar tímidamente un puente comunicativo para hacer grietas en los implícitos sociales y generar vínculos que no lesionen con su reiteración a ningunx de lxs participantes en ellos.

Cuando inicié la carrera de filosofía, un profesor llamado Adolfo Carpio me dijo: “¿qué hace usted acá, no sabe que las mujeres no pueden hacer filosofía? Tiene lindos ojos, aprenda repostería y búsquese un novio”. Me ubicaba así en una disyuntiva común a muchas mujeres profesionales: o carrera o familia. La filosofía era un sacerdocio que requería no ocuparse del trajín de la vida cotidiana, por eso era para varones, que como todo el mundo sabe vienen equipados con mujeres que se dedican a las tareas de reproducción y cuidado, entonces ellos no deben renunciar a nada que les corresponda para dedicarse a la vida contemplativa. Esta deliberación es objeto de muchas indagaciones feministas, de excelente nivel, que ponen eje en el quiebre subjetivo de las mujeres que deciden innovar. Como ejemplo diré que en una investigación sobre carreras científicas de varones y mujeres, encontramos como dato significativo que el 25% de los investigadores superiores del Conicet eran solteros (su carrera era un sacerdocio) pero esa cifra trepaba al 75% en las mujeres, además de tener muchas menos oportunidades de llegar a la cima.

Muchos años después, ya doctorada y con el permanente esfuerzo de equilibrar familia y trabajo, ocupo la cátedra que fue de Carpio. Últimamente he pensado si no será un gozo enfermizo estar en este lugar, si fue una aspiración verdadera o movida por el desafío y la revancha. Y eso me lleva a reflexionar sobre los deseos de las mujeres y su concepto de éxito. Tenemos paradigmas que producen indicadores precisos de lo que la sociedad reconoce como éxito personal y profesional, y el costo subjetivo de esos indicadores para las mujeres es doble: si acompañan a un varón exitoso, es posible que tengan a su cargo la parte menos glamorosa de ese éxito vicario; si ellas mismas lo son, es posible que alcanzada la meta no encuentren la felicidad prometida sino una incomprensible insatisfacción. Para las innovadoras, que decidimos desafiar la dicotomía conciliando familia y profesión, la culpa de no alcanzar el ideal de perfección en ninguno de los roles (que obviamente requieren la renuncia al otro) es permanente.

Asi las cosas, claro, no estamos para chistes. Sin embargo ¡nos hacen chistes! Cuando me recibí, el profesor Eduardo Rabossi me felicitó haciéndome el extraño homenaje de contarme un chiste, precisamente este: Un hombre decide contratar una prostituta. Va a su departamento y encuentra que entre los previsibles adornos sugerentes había una pequeña biblioteca. Se acerca curioso y ve en ella libros de Kant, de Hegel, de Wittgenstein… Toma uno de ellos y ve que está subrayado y con acotaciones manuscritas. Le pregunta de quién son esos libros y la prostituta contesta que son de ella, que es filósofa. El hombre, extrañado, le pregunta cómo siendo filósofa trabaja de prostituta, y ella le contesta: “tuve suerte”. Fin del chiste. No me reí. Quedé como una amarga con mi profesor de derechos humanos.

Una brillante alumna mía, muy linda, terminó su carrera y no logró una beca o una plaza docente para comenzar a trabajar. Terminó de mesera en un restaurante muy caro de Puerto Madero, en plena era menemista, al que concurrían políticos y empresarios favorecidos por el gobierno (dicho sea de paso, algunos siguen concurriendo y siguen siendo favorecidos, pero ese es otro tema). Uno de los clientes en particular era muy pesado, con comentarios subidos de tono sobre su aspecto físico dichos a los gritos y festejados por sus contertulios. Un día mi alumna decidió contestarle con una frase de Nietszche. El diputado, sorprendido, le preguntó de dónde había sacado eso y ella le dijo que era filósofa. La pregunta fue inmediata: “¿y qué hacés trabajando aquí?”, y la respuesta de ella también: “esta es la Argentina en la que vivo, yo soy mesera y usted es diputado”. Los contertulios festejaron el chiste, el político no se rió, ella sintió una satisfacción interior que duró poco porque ese mismo día la echaron de su trabajo por hacer comentarios indecorosos a los clientes.

¿Podemos reaccionar a la violencia de los chistes y los comentarios que nos ponen como objeto pasivo de frases soeces bajo la pretensión de ser piropos, cuando todo el sistema opera contra nuestra vivencia de esas situaciones? La observación rompe un código, a veces violentamente, y entonces pasamos de víctimas a victimarias. A veces ni siquiera tenemos la oportunidad de intervenir, porque la frase se refiere a nosotras pero se pronuncia entre machos en un intercambio que nos excluye y que tiene que ver con el derecho de propiedad. Porque como decía Locke en “Dos Tratados sobre el Gobierno”, para justificar filosóficamente la necesidad del pacto social que dio origen al Estado Liberal Moderno, la violencia entre los seres humanos es consecuencia de la lucha por la propiedad; y hay dos cosas que producen el máximo conflicto entre los seres humanos: la propiedad de la tierra y la propiedad de las mujeres. El pacto social, precedido del pacto sexual, reguló ambas propiedades dando origen a la familia nuclear y garantizando así la legitimidad de la progenie para cuidar la herencia en la acumulación de capital.

Los ambientes ilustrados no están libres de estos métodos disciplinadores del lugar de las mujeres. Cuando finalizaba la dictadura, comenzamos en la UBA un movimiento de estudiantes y graduados que permitiera recuperar las autoridades legítimas una vez alcanzada la democracia. Se creó así una Asociación de Graduados que hizo su primera elección. Los candidatos a presidirla éramos Silvio Maresca, un filósofo muy ligado a la política del peronismo , y yo, una pichi. Inesperadamente gané esa elección, y entonces Silvio le dijo a mi marido, también graduado en filosofía: “te felicito, ahora tenés una mujer pública”. No me lo dijo a mí, se lo dijo a él, que recibió así la advertencia de que un hombre que deja que su mujer circule por los espacios de poder de la política debe aceptar que reciba el calificativo con el que se describe a una prostituta: una mujer pública, una mujer de la calle, una mujer que no es de su casa y por eso ha renunciado a ser de un hombre para estar disponible para cualquier hombre.

Y así seguramente se lo enseñan a los hombres. Los cuerpos que circulan en la calle son cuerpos disponibles, y si no dan señales inequívocas de recato son cuerpos abordables sin permiso por el solo hecho de estar allí. Abordables físicamente y simbólicamente, con manoseos o con pretendidos piropos que nos ponen en situación de presa y a ellos en situación de dominio.

Salgo de mi casa un día de lluvia para un acto protocolar a la mañana, vestida con más cuidado que de costumbre. En la vereda hay un hombre acostado sobre unos cartones, totalmente borracho, harapiento que daba pena, y cuando paso me dice: “te haría cualquier cosa”. Ese hombre que no podia ni siquiera ponerse en pie, abandonado de todo, no había perdido sin embargo su poder patriarcal sobre mí, su poder de incomodarme y ubicarme en una situación pasiva que sólo podía ser respondida de modo desagradable o cambiando el código. Otras veces lo he hecho, ante ese habitual comentario “decime qué querés que te haga, mamita” pararme, mirarlo y decir: “recordame el teorema de Göedel”, o “recitame la Odisea en griego”. La respuesta produce pavor, la mirada del piropeador se llena de espanto: la violenta soy yo.

Los comentarios sobre nuestro aspecto físico nos desvían de nuestro lugar de interlocutoras a objeto. Incluso cuando pretenden ser amables nos están sacando de la relevancia del argumento para poner de relevancia nuestro cuerpo sexuado. A veces la violencia es más explícita, y cuesta menos verla. En una manifestación docente donde hay represión policial encuentro a un diputado kirchnerista con sus asesores. Me pregunta con ironía qué hago allí, y yo le digo qué hace él que no está procurando que su gobierno no reprima la protesta social. El, molesto y bajando un poco la mirada de mi cara me dice “¿por qué te pusiste ese escote?”, sus compañeros se ríen, yo le repregunto “¿qué te pasa, extrañás a tu mamá?”, sus compañeros se ríen más. La violenta soy yo que lo pongo en ridículo ante sus subordinados.

Otras veces el comentario es menos burdo, y simplemente nos retrae del lugar donde nos habíamos instalado. En una sesión legislativa salgo de mi banca y me acerco a un diputado del hemiciclo opuesto para reprocharle uno de los mil modos de mala praxis legislativa que acostumbran. Mientras le estoy diciendo que faltó a su palabra me interrumpe: “ahora que te veo de cerca, qué lindos ojos tenés”. ¿Tengo que alegrarme, sentirme orgullosa de algo en lo que no tengo ningún mérito, cambiar mi enojo por un agradecimiento a su observación gentil? Opto por reprocharle doblemente su falta de palabra y el comentario desubicado y quedo como una amarga. La víctima es él: dijo algo agradable y se encontró con mi respuesta destemplada.

La filósofa mexicana Graciela Hierro, especialista en ética feminista, nos advertía sobre estos modos que toma el patriarcado para imponerse a los que llamaba “el trato galante”. Socialmente aparecen como un signo de caballerosidad, pero nos ubican en un papel de debilidad, de objeto de tutela, de incapacidad, de pasividad superlativa. Los usos sociales están llenos de mandatos que los varones pueden tomar como lo que se espera de ellos, y muchas mujeres como signos de protección masculina.

Mañana se cumplen 60 años del voto femenino. Quizás sea oportuno recordar que hasta ese momento el código civil nos ponía con los incapaces, los presos, los dementes y los proxenetas para fundamentar nuestras ineptitudes para la política. Cuando luego de muchos años de lucha del socialismo feminista, y por expresa voluntad de Eva Perón, la ley de sufragio femenino finalmente llega a un recinto formado exclusivamente por varones, los argumentos en contra cubrieron  todo el arco: desde señalar la natural incapacidad de las mujeres para la vida pública, a decir que íbamos a votar lo que nos dijera el cura y la iglesia iba a aumentar así su poder político, o ensalzar las más altas virtudes femeninas que nos destinan a la excelsa tarea divina de cuidar a nuestras crías (lo que lógicamente está reñido con la disputa electoral), o describir la política como un pantano donde no debería posarse el delicado pie que cual pétalo de rosa sostiene nuestra gracia, y como último recurso generar pánico recordando que nos volvemos locas una vez por mes y así existía la alta probabilidad de que en ese estado de enajenación temporal una cuarta parte de nosotras esté a la vez menstruando y decidiendo los destinos de la patria.

Para esos patriarcas de la democracia, que ya contaba con una “ley del voto universal y obligatorio” que no sólo nos excluía del universal sino que no registraba siquiera la exclusión, eso éramos las mujeres. Ellos sí tenían una respuesta, no como Freud que nos dejó esperando.

Procurando hacer un ejercicio de empatía, comprender cuál es la reacción de quien tiene esta visión de las mujeres ante los avances que el feminismo nos ha procurado en tantos órdenes de la vida, pienso que hay una percepción de cierta masculinidad de estar en retroceso. Una vivencia del poder sustancial y del territorio que torna amenazante el ingreso de las mujeres a las instituciones y a la vida pública, todavía ahora. La pérdida del monopolio de la palabra no alcanza para abrir el diálogo. El diálogo tiene condiciones lógicas, semánticas, éticas y políticas, no se trata de hablar por turno y menos aún de arrebatar el micrófono. ¡Y ni hablar si se usan dos micrófonos, como hace la presidenta desde el atril!

Eso es lo que llamo “el síndrome del macho acorralado”, que es victimario violento y a la vez víctima, que me desvela cuando pienso en las formas de lograr una sociedad incluyente de verdad, y que me inspira para decir toda vez que puedo a modo de letanía pedagógica que “cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede”.