All Posts By

Karina Velázquez

El feminismo está bajo ataque en todo el mundo

El feminismo está bajo ataque en todo el mundo

By | Análisis | No Comments
Tiempo de lectura: 2 minutos

El anterior parecerá un titular de ésos que buscan que hagas clic cuando ves este artículo compartido en redes sociales, en un email, en WhatsApp, Facebook Messenger, Telegram u otro mensajero, pero no es así.

Apenas hace unos días, en el Washington Post, un columnista listaba las múltiples formas en que el feminismo está siendo atacado en el mundo, a través de diversas iniciativas políticas.

El ataque más visible

Incluso antes de que lo mencione, seguramente sabrás qué político es el que más bajo ataque tiene al feminismo, tanto con sus palabras directas como con sus acciones.

Efectivamente, Donald Trump, ese señor que nunca quiso ser presidente -si creemos al libro Fire and Fury- pero terminó en uno de los puestos con más poder en el mundo, decidió declarar recientemente que “no se considera feminista”. Según él, porque está a favor de las mujeres y de los hombres.

Como bien lo señala el autor, a muchas personas les parecerá una declaración tonta. Muchas feministas diremos con alivio que es excelente que no quiera entrar tal misógino y machista clásico en nuestras filas.

Pero en el fondo declaraciones como ésas sirven para desvirtuar lo que es el feminismo. El feminismo bien fundamentado no está contra los hombres, es simplemente la radical idea de que las mujeres somos seres humanos, que queremos derechos y garantías similares a las de cualquier ser humano y que no se nos trate MENOS por ser mujeres.

No queremos acabar con los hombres, queremos que comprendan la lucha que lleva años para lograr lo arriba descrito y se vuelvan aliados de nuestra causa, aunque esto quizá sea complicado y pueda ser una forma de perder algunos de esos privilegios que tienen únicamente por ser hombres.

Si contra algo estamos las feministas es contra el sistema patriarcal, ése que les paga más a hombres que a las mujeres por un trabajo igual, ése que permite que los hombres vean y traten a las mujeres como objetos, ése que ve como natural que los hombres violenten y abusen de las mujeres, ése que causa que las mujeres sean encasilladas en ciertos roles cuando nada les impediría cambiar su papel y hacer algo que no está en el guión de lo que se supone es ser mujer.

Iniciativas antifeministas en el mundo

Pero, como bien apunta el autor, pareciera que, conforme más gobiernos no liberales toman el poder, estamos viendo el resurgimiento de iniciativas antifeministas.

En Polonia, por ejemplo, retiraron una ley que facilitaría, a quien así lo decidiera, optar por la interrupción legal del embarazo; en Filipinas su presidente se vanagloria de ser un machista que ‘bromea’ con violaciones; en Turquía su presidente quiere que las mujeres vuelvan a “su papel definido”, la maternidad, que dice es algo contra lo que estamos las feministas.

¿Y en México?

Las feministas no podemos confiarnos. En México, por ejemplo, ningún candidato parece alejado de las ideas conservadoras que permean en esta sociedad. Quizá tratan de ser moderados en sus expresiones de lo que piensan, pero esto no indica que, cuando lleguen al poder, promuevan ideas que nos vuelvan atrás años, décadas… Y las tendencias parecerían estar a su favor.

Se dice que siempre, tras el triunfo de iniciativas liberales, quienes se creen amenazados se organizan y pelean para volver las cosas a como estaban antes. Ojalá esto no ocurra en nuestro país.

Expectativas masculinas, femeninas y por qué discutirlas podría ayudarte a entender

Expectativas masculinas, femeninas y por qué discutirlas podría ayudarte a entender muchas cosas

By | Food for thought | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Leyendo de aquí y de allá me encontré este artículo que discute el caso Azis Ansari, pero a la luz

Es interesante constatar que, donde sea que se mire, las expectativas masculinas de lo que pueden obtener de cierto tipo de experiencia son muy diferentes a las expectativas femeninas.

Y es que no puede ser más distinto lo que esperan unos y otras cuando transitan de un lado al otro, en el trabajo, y qué creen que es normal y qué no en su trato con una autoridad, por poner algunos ejemplos. Y las expectativas en el área sexual no son excepción.

Según lo que reporta el artículo, investigaciones en este ámbito sugieren que 30% de las mujeres reportan dolor durante el sexo vaginal, 72% durante el sexo anal y “grandes proporciones de estas mujeres” no le dicen a su pareja cuando la actividad sexual duele.

Igualmente, cuando se le pregunta a un hombre qué es para ellos una “mala experiencia sexual”, estos hablan de una pareja no interesada o que el encuentro fue aburrido, mientras que si se le pregunta a las mujeres, muchas veces expresarán haber sufrido coerción, incomodidad emocional o incluso dolor físico.

Expectativas sexuales y su proyección a otros ámbitos

Esto no sólo ocurre en los casos en que se reportan asuntos como la satisfacción sexual, sino incluso en los aspectos médicos y de salud de la sexualidad.

Por ejemplo, el dolor físico agudo que sufren algunas mujeres durante la actividad sexual, conocido como dispareunia, apenas es investigado, con unos cuantos cientos de estudios, mientras que los casos de disfunción eréctil (la cual puede ser una condición lamentable, pero no dolorosa) existen casi 2 mil estudios.

A las mujeres se les sigue creyendo menos una dolencia que a los hombres. Eso incluso con el hecho de que solemos estar educadas para soportar sin quejas incomodidad o dolor, no al contrario, como muchos quieren hacer creer.

Y todo esto, por aislado que pueda parecer, en realidad es una muestra de lo que ocurre en otros ámbitos.

La vestimenta necesaria en muchas sociedades para que un hombre sea calificado como atractivo o profesional contrasta en gran medida con la que se espera que use una mujer para ser percibida como atractiva o profesional (faldas o ropa pegadas, incómodas, zapatos de tacón, ¡fajas!)

Supuestamente existe “libertad” para que una mujer no haga nada que le cause incomodidad o pérdida de tiempo, para que ‘opte’ por no usar esos tacones, o maquillaje, o cualquier situación con la que no se sienta a gusto en lo emocional o físico, pero en la práctica, si esa mujer vive en un ambiente donde dejar de usar maquillaje, tacones, ropa ajustada o simplemente ‘aguantar’ la incomodidad “priva” al otro género de sus expectativas y de la satisfacción de sus deseos, esa mujer será descalificada, perseguida verbal y hasta físicamente por querer salir de lo que esa sociedad ve normal.

Incluso se ha entrenado tan bien a muchas mujeres a través de la repetición y la concesión de ciertos privilegios a ‘entender’ que lo que importa es lo que sienta el otro género, que algunas de ellas, así de natural como ven esas maniobras extraordinarias con las que satisfacen a otros, censurarán a quienes dicen “ya basta”, comenzarán a llamarlas “puritanas”, por ejemplo.

¿No es eso triste? El problema es cuando esto causa negación y bloqueo total ante cualquier petición de cambio. Y eso es lo que es verdaderamente deplorable.

 

 

El caso de Asis Anzari o por qué las feministas NO exageramos

El caso de Aziz Ansari o por qué las feministas NO exageramos

By | Análisis | No Comments
Tiempo de lectura: 4 minutos

Han pasado 5 días luego de que muchos supiéramos del último suceso de mal comportamiento sexual por parte de un hombre, ocurrido en Estados Unidos: el caso de Aziz Ansari y su cita con “Grace” (su seudónimo), que terminó en un muy mal momento para ella y en un escándalo para él.

Para quien no lo conocen, pueden leer la narración de Grace aquí, pero en caso de que no tengan tiempo de hacerlo, en resumen: una chica conoció a Ansari en una fiesta en la que ambos estaban; se emocionó de ver que compartían una afición (la fotografía, pues tenían una cámara muy similar); aunque él no mostró interés al principio, posteriormente sí e intercambiaron teléfonos.

Semanas después, tuvieron una cita, acudieron a un restaurante, se la pasaron más o menos bien ahí, pero el chavo tenía al parecer prisa por irse. Del lugar fueron directamente a su departamento, donde desde el principio él intentó a toda costa tener relaciones sexuales con ella, incluso cuando ella le pedía tomárselo con más calma, diciéndole y mostrándole que no estaba interesada en ello, coercionando al grado que ella accedió a cierto grado de actividad para después irse.

Las opiniones al respecto van de un lado del espectro al otro: algunos afirman que el hombre es culpable… de no saber leer mentes; otros que él, que se declaró feminista en 2014 y escribió un libro sobre relaciones modernas debería haber tenido un mucho mejor comportamiento; incluso otros afirmaron que el relato de Grace era porno-venganza e incluso mostraba racismo el acusar a Ansari.

Algunos más aprovecharon el tema para criticar la ola de denuncias que se han generado, aglomerado en su mayoría como #MeToo, diciendo que las mujeres están agrupando todo, acoso sexual, abuso sexual y mal comportamiento, como si no supiéramos distinguir entre uno y otro, pero ¡claro que sabemos!

Antes del caso, surgió este post acerca de “la monstruosa naturaleza sexual de los hombres y el escándalo” (artículo escrito, ni más ni menos, que por un hombre, Stephen Marche) que, extrañamente, desde el punto de vista masculina, afirma que gran parte del problema es que muchos hombres (y desgraciadamente un número importante de mujeres) prefieren no discutir, pensar y muchos menos cambiar el estado de las cosas.

Incluso Samatha Bee discutió al respecto (y concuerdo prácticamente con todos sus argumentos).

Pero con la disertación con la que más concuerdo es con la de Stephen Marche. No tengo elementos (ni nadie de nosotros que haya leído el relato, pues creo que hay situaciones que sólo viviéndolas se pueden evaluar en toda su dimensión) para llamar el caso de Asis Anzari abuso sexual, pero sin duda se trata de coerción y mal comportamiento de los peores, de un hombre que dice comprender el feminismo. Evidentemente no lo hace.

Para él, incluso al día siguiente de haberse publicado el relato de la chica, “todo le pareció que era consensual”. Ya sea que jamás escucharas o comprendiera las múltiples señales que la chica le lanzó, o que no quiso comprenderlas, simplemente continuando con su propio objetivo y buscando su satisfacción únicamente, su comportamiento no es justificable.

Su comportamiento significa que, a pesar de llamarse feminista y proclamar ¡con un libro! que sabe de las relaciones modernas, al momento de estar a solas con una mujer sigue comportándose como les han enseñado a la mayoría de los hombres desde tiempos inmemoriales (como lo dice también el autor del artículo sobre la monstruosa naturaleza sexual de los hombres): a obtener su satisfacción a como dé lugar.

Ese “a como dé lugar” tiene, por supuesto, diferentes definiciones: puede ir desde aprovechar tu poder sobre otra persona para lograr lo que quieren (por ser su jefe, una autoridad o alguien de quien depende la persona acosada, permanente o temporalmente) hasta el uso de la violencia física.

En el específico caso de la relación con esta chica, Ansari sin duda aprovechó el hecho de la obvia fascinación que mostró la chica por él, un actor, que incluso se podría aducir que la ponía en una relación desigual de poder; el hecho de él estar en su departamento y ella en territorio desconocido; la confusión en ella causada por la imagen pública de él (aparentando ser un hombre diferente, que no tendría estas actitudes); así como su necesidad, incluso así, de agradarle más allá que para una relación sexual.

Y estas actitudes, mostradas en todo su “esplendor” en el relato de la chica, es otro tema de los que definitivamente deberíamos poder discutir con los hombres, porque no, no es normal, no es justificable, no lo traemos a la luz porque quienes reprobamos esas actitudes seamos unas “reprimidas” y queramos “quitarles su diversión”.

Si discutimos, compartimos y leemos estos casos es porque, ¡qué atrevidas!, muchas mujeres feministas queremos que no haya más casos en que una mujer se sienta incómoda, asqueada, presionada, rebajada por la coerción imparable de un hombre. Queremos que cada mujer pueda tener una vida completa y satisfactoria, en todos los aspectos, incluyendo el sexual, y verdaderamente decidir, y que no vuelva a ocurrir la escena de una mujer que sale llorando de un lugar cuando se da cuenta que ese hombre no es capaz de verla como una persona con necesidades y no como objeto para su uso.

¿De qué privilegios gozan?

¿De qué privilegios gozan?

By | Definiciones | No Comments
Tiempo de lectura: 4 minutos

Hoy les quiero hablar, señoras y señores, de los privilegios, de los cuales existen muchas clasificaciones y tipos, incluso muchas definiciones, pero en este caso, hablaré desde el punto de vista de justicia social y sobre los que tienen los hombres sobre las mujeres.

Y ya, ya sé, los hombres (sobre todo los que le entran a argumentos tipo “no todos los hombres son ___”) explicarán no los solicitaron, a veces ni cuenta se dan que tienen esos privilegios, no es que quieran perjudicar a otras mujeres, etc, etc.

Sí, señores, pero el hecho es que los tienen y que las mujeres van por la vida en un estatus de inequidad permanente. Pero primero lo primero…

¿Qué es un privilegio?

Antes de empezar a discutir qué privilegios tienen los hombres sobre las mujeres, debemos de explicar qué es un privilegio en el contexto que ya expliqué en el primer párrafo de este artículo.

Un privilegio, desde este punto de vista, se define como una inequidad, es decir, cuando por cuestión de edad, origen ético o racial, género, orientación sexual, entre otros, un determinado grupo tiene beneficios no ganados basados únicamente en ser lo que son, no en mérito o esfuerzo.

Así, los hombres tienen privilegios sobre las mujeres únicamente por eso, por pertenecer al género masculino y, agregaría, masculinos, cisgénero, adaptados al status quo, porque cualquiera que se trata de alejar del ‘estándar’ muchas veces es castigado en diversas formas.

Esta última, de hecho, es una forma de entender el privilegio: si eres pobre, tienes una enfermedad mental, una incapacidad para aprender como los demás, no eres perteneces al grupo “blancos/caucásicos”, eres mujer, tu sexualidad cae en el ámbito queer, te darás cuenta que vives una experiencia muy distinta al resto del mundo.

La sociedad tiene una tendencia a desligarse o buscar apartar (discriminar) a quienes no entran dentro de los grupos sociales “aceptados”. Esto se considera opresión.

Y quienes sí están en los grupos “aceptados”: ricos, sin enfermedades o discapacidades, blancos/caucásicos, hombres, heterosexuales son el grupo que nadie discrimina y al cual la mayoría les abre las puertas con sólo ser quien son: eso es privilegio.

Ahora, existen todo tipo de privilegios que se intersectan entre sí (lo que se llama interseccionalidad) y una mujer caucásica obviamente experimentará el privilegio de ser caucásica, pero al mismo tiempo puede vivir sexismo por el hecho de ser mujer (incluso entre sus ‘pares’, es decir, otra gente caucásica).

Sin embargo, no trato de describir todas estas complejas interrelaciones, sólo las que tienen que ver en un plano: hombres y mujeres.

El privilegio de hombres sobre mujeres

El concepto es un poco difícil de entender porque algunos no entiende que, lo que para ellos es su vida normal, lo que todo mundo debería vivir, a ciertos grupos no les ocurre.

Por ejemplo, la simple experiencia de caminar por la calle. No es lo mismo caminar por la calle siendo un hombre que caminar por la calle siendo una mujer.

Las mujeres estamos prácticamente condicionadas a saber que, a partir de cierta edad, muy probablemente nos encontremos con imbéciles que creen que darnos su opinión sobre nuestra vestimenta, sobre nuestro cuerpo, sobre la expresión de la cara que tenemos en es momento, sobre si les respondemos como ellos quieren o no es ‘normal’.

El privilegio, desde este punto de vista, no tiene que ver con qué hace un hombre o qué hace una mujer: las mujeres experimentamos acoso en la calle nos vistamos como nos vistamos, caminemos como caminemos, nos maquillemos o no, tengamos cierto tipo de cuerpo o no (porque si no nos ‘elogian’ por tener cierto tipo de físico nos llegan a acosar por no estar en el ‘estándar’).

La vida de los hombres es más sencilla que la de las mujeres (no fácil, no es lo mismo) en muchos aspectos simplemente por ser quienes son, no hicieron nada para ir por la calle como si nada, subir a un transporte y que no los toque sin su permiso alguien, llegar a su trabajo y que no se les insinúe su superior inmediato, tener menos o cero labores del hogar y no tener que cumplir con ellas forzosamente en cuanto llegan a su casa, que esperen que sean ellos quienes cuiden de niños y enfermos, etc, etc.

Si viviéramos en una sociedad equitativa, el hecho de ser hombre no les daría el pase para evitar muchas cosas que las mujeres vivimos diariamente. Igualmente, no se le exigiría a las mujeres el doble de esfuerzo para ‘salir’ de situaciones que nosotras no generamos, que son desiguales, que nos ponen cargas extras únicamente por ser mujeres.

Igualmente, que los hombres tengan privilegios no es su ‘culpa’, es parte de un sistema (patriarcado) que nosotras padecemos muchas veces, que ellos viven sin ningún problema.

Nosotras no solicitamos todo lo anteriormente mencionado, pero si piensan que cuentan con cierta posición de mayor poder, muchas veces logrando gracias al hecho de ser hombres, mejores puestos, posiciones políticas, mejores sueldos, que los escuchen más, etc. bien podrían reconocer que cuentan con esas ventajas y ya sea no obstaculizar el trabajo que hacemos muchas mujeres por lograr equidad o incluso ser aliados. Pero sería genial que al menos pudieran entender de qué privilegios gozan.

Feminismo desde el anonimato, siempre cuestionado, pero ¿los machos anónimos qué?

Feminismo desde el anonimato, siempre cuestionado, pero ¿los machos anónimos qué?

By | Autocuidado | No Comments
Tiempo de lectura: 2 minutos

Hoy me encontré con un artículo en el sitio eldiario.es donde se cuenta que se realizó una mesa redonda sobre la invisibilidad de las mujeres.

Supuestamente existe un debate entre las feministas (aunque estas afirmaciones muchas veces son  generalizaciones) de que no es posible el activismo desde el anonimato.

En ella, se criticó a una tuitera y columnista por esconder su verdadera identidad, a pesar de que ella explicó que recibía amenazas y que su activismo podría dificultarle volver a su antigua profesión, si lo necesitara.

Incluso otra mujer criticó que sea anónima pues, según ella, “no da un gran ejemplo”, más cuando otras mujeres se arriesgan y son asesinadas, razón que me parece justifica todavía más su anonimato.

Es curioso cómo, para algunas personas, el anonimato de una feminista es más terrible que las razones por las cuales existe.

El hecho de que en muchos países efectivamente ocurran situaciones que te pueden obligar a esconderte, no sólo por ser feminista, sino por tus simples opiniones, es algo que no toman en cuenta para este tipo de crítica.

Y eso sin considerar el otro anonimato, el que se usa para esconderse al agredir, callar y rebajar a otros.

Trolles machistas, uno de los más grandes problemas de Internet

Entre estos anónimos que usan esta condición para sus fines se encuentran los trolles machistas.

Muchos los han experimentado, sobre todo las mujeres que tienen una opinión feminista: te atreves a decir algo que moleste a al menos uno de esos trolles y te verás atacada por una buena cantidad de ellos, al menos hasta que se agoten sus ganas, su tiempo o si no les das una respuesta que los anime a seguir.

Nada más esta semana una mujer se “atrevió” a criticar que la cuenta de Doritos en México le respondiera a una pregunta llamándola “bebita”.

Enseguida le cayeron cientos (y no exagero) de personajes insultándola, denigrándola, buscando callarla, la mayoría de ellos anónimos: ninguno tiene una foto de una persona real, ni nombre, una ubicación general, nada que indique que son otra cosa que gente que usa el anonimato para molestar o trolls pagados para otros fines.

¿No deberían ser ese tipo de anonimatos contra los que se debería encontrar remedio? Contra activistas (hombres y mujeres), feministas, luchadores sociales no es contra quien deberían concentrar sus baterías cualquier crítico.

Twitter, Facebook y muchas otras redes sociales deberían subir su nivel en el momento de crearse cuentas y en cómo regulan las ya creadas. Para muchos, estos medios son su único medio de expresión y difusión de causas.

Cuando un grupo de trolles violentos acosan a una persona por expresarse, efectivamente reducen su posibilidad de lograr un cambio. Algunos de esos cambios son muy necesarios, aunque claro, a algunos les parece que perderían si se lograran -y en algunos muy específicos casos así es, pero porque hay un desequilibrio en los derechos de unos y otras-.

Esto es suficiente razón para defender la libertad de expresión que sólo el anonimato puede garantizar en los casos de quienes luchan por una causa, incluyendo causas feministas.

Cómo ser feminista y no morir en el intento

Cómo ser feminista y no morir en el intento

By | Conversemos | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde que me comencé a identificar con el feminismo de forma consciente -porque al principio sólo era un instinto, no algo definido y real, con nombre como ahora que conozco más de este movimiento-, prácticamente todos los días trato de ver el mundo a través de estas ideas.

Diariamente busco cómo compaginar lo que ocurre a mi alrededor con mi búsqueda de un mundo mejor para mí misma, para mi hija, para mis congéneres mujeres.

Todavía me sorprende que haya quien descalifica la simple y radical idea de buscar un mundo en que las mujeres tengamos tantos derechos humanos como los hombres. Y esa descalificación la basa en prejuicios, en ideas preconcebidas, en una percepción errónea de los ‘daños’ que supuestamente las feministas les causamos al pedir equidad.

Esta semana tuve varios encontronazos con esa visión. Y aunque no son casos que me afecten en un ámbito más cercano (que vaya que abundan y duelen, como los múltiples abusos, desapariciones y feminicidios que ocurren en México), sin duda me dejan pensando todo el camino que falta por andar.

La ‘amenaza’ del feminismo a los hombres

Tenemos, por ejemplo, a la luz de las múltiples acusaciones que diversas mujeres han hecho contra depredadores sexuales en Estados Unidos, mucha gente que se encuentra más preocupada por la posibilidad de que cada interacción que tienen con las mujeres sea vista como inapropiada y les cause ‘acusaciones falsas’.

¿En serio? ¿Eso es lo importante en estos acontecimientos? ¿La ‘amenaza’ a los pobres hombres inocentes a los que pudiera ocurrirles que una mujer ‘malinterprete’ sus buenas intenciones (¿?) y los acuse de acoso sexual?

Como una tuitera escribió, esos hombres asustados, que se preguntan si no serán los próximos en ser acusados de acoso sexual, pregúntense: ¿alguna vez acosaron a alguien? ¿No? Perfecto. ¿Sí? Entonces preocúpense.

Y sí, es así de simple. ¿No saben si efectivamente acosaron a alguien? Para eso estamos las feministas, muchachos, si verdaderamente quieren saber qué es acoso y llegan con nosotras con una actitud de escucha (verdaderamente, no nos busquen si quieren justificarse o tacharnos de exageradas o en alguna forma fingir que les interesa, pero en realidad sólo quieren reafirmarse).

La ‘tristeza’ de la vida arruinada de los ‘pobres’ hombres señalados por lo que hicieron

Aunque ustedes no lo crean, sí, existen estas actitudes allá afuera. No los impacta el horror de lo que muchas mujeres tuvieron que pasar a manos de un hombre con poder, no, lo que les importa es la vida arruinada de los hombres acosadores ahora que se descubrieron sus acciones.

De nuevo, ¿es eso lo relevante en todo lo que está ocurriendo? La respuesta es obvia: no. Estos hombres han podido andar años y años por el mundo, disfrutando su poder, haciendo su trabajo felizmente, obteniendo “favores” que no tenían por qué obtener gracias a su posición y su prestigio.

Si vamos a lamentarnos por algo, sería mucho mejor preguntarse cuántas mujeres quizá no cedieron a sus exigencias y de cuántas de ellas nos perdimos su aportación, su trabajo, su brillantez, su luz. De eso deberíamos lamentarnos.

Los depredadores ya tienen muchos defensores. Dejen de ponerse del lado de quien no merece ni un segundo más de permisividad.

Por supuesto, estos son sólo dos casos. Son incontables las situaciones y los casos en que me pregunto cómo es posible que alguien, incluso bien intencionado, llegue tan rápidamente a la conclusión más errónea posible sobre una idea, exigencia o situación feminista.

En general, mi esperanza es que, ahora que las mujeres estamos cada vez menos dispuestas a dejarnos pisotear, que estamos alzando la voz, que estamos señalando lo que antes callábamos, estas actitudes vayan disminuyendo. Espero que así sea. Quiero creer que así será.

Creer en nosotras, fundamental en un ambiente que da poca credibilidad a mujeres

Creer en nosotras, fundamental en un ambiente que da poca credibilidad a mujeres

By | Autogestión | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

En la semana leía un artículo en NPR sobre gaslighting -que se define como el esfuerzo que hace un machista por imponer su creencia a una mujer, sin importar que esa mujer tenga los datos, hechos y argumentos que prueben lo que dice-.

En un principio creí que sería un disertación sobre lo extendida que se ha vuelto esta práctica, o cuánto se detecta últimamente, quizá por la mayor conciencia sobre los derechos de las mujeres y la lucha continuada para lograr mejoras al respecto.

Pero no. En realidad la escritora explicaba que, cuando tenía 16 años, ella y una amiga estaban sentadas en un parque cercano a un río, en unas piedras que estaban muy cerca del agua. A mitad de la conversación un hombre completamente desnudo, se comenzó a acercar a ellas, haciendo todo lo posible para que lo notaran (y sus miserias).

La autora del post explicó que en ese momento se sintió atrapada. Mientras ella le gritaba al tipo, ambas chicas se levantaron de las precarias rocas en las que estaban para correr hacia el bosque y al estacionamiento del parque. Denunciaron ante la policía y después de eso no volvieron a hablar del asunto.

La duda, común entre todas nosotras

Lo que pasó después es lo que muchas hemos hecho alguna vez en nuestra vida: con el paso de los días comenzó a dudar de sí misma. Se preguntó si quizá el tipo no iba hacia ellas, si salía de nadar del río cercano, si estaba ahora mismo riéndose de las chicas que pensaron que quería hacerles algo, etc.

Es impresionante cómo dudar de las palabras de las mujeres es tan común, tan normalizado, que NOSOTRAS mismas también lo hacemos, incluso con algo que hemos vivido directamente.

Comenzamos a racionalizar si esa mirada que le captamos a un compañero de trabajo en verdad es malintencionada, si la mano de un profesor por demasiado tiempo en nuestro hombre realmente fue algo más, incluso si los gritos o ‘piropos’ callejeros fueron hacia nosotras, más que a otras personas.

Al dudar de lo que vivimos, de lo que vemos, estamos inadvertidamente siguiendo el mismo juego a todos los que de por sí dudan de nosotras, de los que incluso nos culpan por cualquier cosa que nos ocurra.

Definitivamente no podemos permitir que esto pase. No le demos armas a todos esos que están muy dispuestos a callar nuestra voz. Digamos lo que vimos, lo que vivimos, lo que nos ocurrió, lo que no se hizo por ayudarnos cuando tuvimos necesidad.

Incluso, démosle el beneficio de la duda a cualquier mujer que tengamos alrededor que acuse que vivió un acoso o cosas peores. ¿Cómo, de otra manera, vamos a lograr que nos escuchen? ¿Cómo vamos a sentirnos cómodas denunciemos algo que nos ocurrió? Y, más importante que otra cosa, ¿cómo vamos a evitar que más cosas pasen en el futuro si no creemos a quienes les ocurren y su denuncia?

Por supuesto que cuando hay una denuncia (sobre todo las más graves, las que llegan a ámbitos legales) se debe buscar que exista una investigación imparcial para encontrar lo más posible en cuanto a evidencia.

Pero no es imparcial desde un primer momento ponerse del lado del victimario y a casa paso del camino tratar de tirar la versión de la víctima. Es desgastante y llega a grados absurdos (veáse el video para ver una situación donde a propósito se presenta ese absurdo) esta aproximación. Ni siquiera está apoyado por estadísticas este tipo de actitudes, porque definitivamente no es algo fácil de denunciar.

Ninguna actitud que no minimice y desecha lo que tenemos que decir es aceptable. Y hacerlo hacia nosotras mismas y entre nosotras mismas es todavía más deprimente.

Por qué las mujeres deberían estar en más ámbitos de la vida

Por qué deberíamos impulsar la inclusión de las mujeres

By | Conversemos | No Comments
Tiempo de lectura: 2 minutos

Si últimamente parece que muchas situaciones sexistas están siendo denunciadas y más acosadores surgen hasta debajo de las piedras, denunciados por sus víctimas, es por una simple razón: masa crítica de mujeres en diferentes ámbitos de la vida.

¿Qué significa esto? Que más mujeres han llegado a diferentes áreas de poder, desde en Hollywood (donde denunciaron a gente que abusa de su poder como Harvey Weinstein y otros) hasta en las mesas directivas de las empresas.

El hecho es simple: cuando cierto número de mujeres llega a un ámbito -de acuerdo a los científicos, un 20 a 30% – las cosas comienzan a cambiar.

Este concepto, que inició en la física como la cantidad de material que se necesita para que una explosión nuclear se sostenga, también se ha usado en la sociología para explicar el fenómeno de, que si se desea el cambio, un número mínimo de personas interesadas en esto deben participar.

Participación, clave para lograr los cambios

Y es que la única forma en que una institución, privada o pública, comience a cambiar de prácticas machistas a prácticas equitativas es que la población afectada por sus acciones (u omisiones) participe en las decisiones.

Los cambios en industrias como Hollywood o los medios pueden tener un efecto dominó: las denuncias en un área pueden influir en otra.

Pero se necesita que suficientes mujeres tengan cierta influencia (y estén dispuestas a ejercerla) en otras áreas para poder lograr más cambios.

Por fortuna, cada vez existe más participación femenina en todos los ámbitos. Sin embargo, es necesaria más acción. Tanto para hacer sentir (y tener estadísticas) de nuestra presencia, como para comenzar a movernos de forma más organizada para lograr los cambios.

Muchos querrán que las cosas continúen igual (después de todo, cuando una mujer denuncia una injusticia causada por ideas machistas, siempre existe alguien que pierde su poder) pero ya no es posible quedarse calladas cuando todo tipo de personajes se han beneficiado de nuestro silencio, desde los abusadores sexuales hasta los que nos asesinan simplemente porque pueden.

Es tiempo de unirnos y dejar de creer que porque “las cosas siempre han sido así”, es así como deben continuar. Normalizar el maltrato, leve o grave, no es aceptable. Incluso opinar contra esas situaciones puede ocasionar cambios. Por lo tanto, es esperanzador que más mujeres se estén dando cuenta de esto y actuando: sólo así podemos dejar de ser ciudadanas de segunda en muchas situaciones.

Las mujeres tenemos derecho a estar enojadas

Las mujeres tenemos derecho a estar enojadas

By | Acoso Sexual | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Recientemente leía un artículo en el cual se comentaba sobre una entrevista que Access Hollywood le hizo a Uma Thurman, actriz estadounidense, sobre su opinión que las mujeres hubieran tenido el valor de hablar acerca del acoso sexual que sufrieron en manos del productor Harvey Weinstein.

La actriz expresó su opinión, primero, llamando “loable” al hecho de que se armaran de valor para denunciar, y luego, con rostro de enojo, lentamente, diciéndole a la corresponsal que no iba a decir más al respecto porque había aprendido, con el tiempo, que cuando habla con enojo usualmente se arrepiente de la forma en que se expresa, así que esperaría a sentirse menos enojada y entonces daría su opinión sobre el tema.

El derecho a estar enojadas

Y es que muchas mujeres, no únicamente las directamente afectadas por el escándalo de Weinstein, sino también aquellas que alguna vez hemos sabido (o peor aún, vivido) acoso sexual de algún tipo tenemos esa sensación de indignación y enojo a flor de piel.

¿Y cómo no sentir ira ante estos casos? Por mucho tiempo gran cantidad de mujeres han expresado que estos casos existen en todos los niveles, que son permanentes en muchas etapas de la vida, incluso. Pero quienes nos atrevemos a siquiera mencionar que existen ni siquiera parecemos tener derecho a enojarnos.

Si nos atrevemos, en la vida privada o en algún foro más público (por ejemplo, en redes sociales) a expresar nuestro enojo por alguna situación injusta nunca falla la persona (muchas veces hombre, pero también mujeres con machismo introyectado) que parece equiparar enojo (justificado o no, eso no se detienen a pensarlo siquiera) con desequilibrio, poca habilidad interpersonal, “poca feminidad” o todo esto junto y más.

Todavía recuerdo a un compañero de la preparatoria que, cada vez que expresaba apasionadamente mi opinión, sutilmente me censuraba con un “pero no te tienes que enojar”. Sigo sin entender qué horrible daño puede hacerle al mundo el hecho de que una mujer se exprese apasionadamente o, sí, que se enoje.

Considerando que el chavo en cuestión siempre se la vivía en eterno estado de ‘comedia’, aunque hubiera una situación que requiriera siquiera su seriedad, ya ni hablemos de su enojo, se puede comprender que quisiera transferir su inmadurez emocional a otras personas, sobre todo a las mujeres, y mucho más cuando al parecer su idea de “cómo debían ser” las mujeres al parecer provenía de las mujeres que aparecen en leyendas de la Edad Media.

El “amenazante” enojo de las mujeres

Es impresionante cómo a las mujeres nos censuran cuando nos enojamos en alguna forma. No importa si nos someten a discriminación, violencia, trato injusto laboral, menor paga, dobles turnos (el laboral y el de casa), debemos de “aguantarlo todo” y, si pedimos justicia, debe ser con la sonrisa en los labios, sin el menor rastro de molestia.

Ni siquiera podemos mencionar a los hombres que efectivamente aprovechan sus privilegios y su poder para acosarnos, no, porque “no todos los hombres hacen eso”. Y es que señalar a los que está comprobado que abusan implica automáticamente decir que todos son iguales, oh, sí. (Por si no se entendió el sarcasmo: no, señalar a algunos criminales malditos no tendría por qué afectar al resto de los del mismo género).

Si nos atrevemos a llamarnos feministas, entonces es porque somos mujeres enojadas eternamente, abandonadas, amargadas, incluso feas y ridículas. Sí, por el radical concepto de afirmar, como feministas, que las mujeres somos seres humanos y como seres humanos tenemos derechos, nos ‘transforma’ automáticamente en todo esto (de nuevo, sarcasmo).

Pero ¡claro que tenemos derecho a estar enojadas! Todas estas situaciones y otras mucho más terribles (trata sexual, feminicidios, violencia en todos los ámbitos) nos dan derecho a enojarnos, a expresar nuestro enojo, a exigir que paren las injusticias y las muertes.

Lo sentimos mucho, personas fiscalizadoras del tono, si cuando se lucha contra la violencia diaria y contra horrores inmencionables no se los podamos pedir con una reunión y una tacita de té, hablando cual Stepford Wives (busquen la película) y pidiendo comprensión por atrevernos a ser tan demandantes. Las mujeres tenemos derecho a estar enojadas.

Su incomodidad por vernos enojadas, sus prejuicios de que las mujeres tenemos que mantenernos siempre ecuánimes no importa lo que nos estén haciendo individual o colectivamente, eso no es lo importante. Lo importante es lo que pedimos. Y lo que pedimos requiere, como prácticamente cualquier lucha social en la historia, exigir el cambio. Pedir nunca ha resultado. No nos disculparemos por estar y permanecer enojadas.

El amor romántico y cómo puede hacerte más difícil la vida

El amor romántico y cómo puede hacerte la vida más difícil

By | Análisis | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Hoy leía un artículo en el New York Times que expresa cómo las personas solteras viven una discriminación muy diferente a otros tipos de estilos de vida no convencionales.

De acuerdo a la autora, aunque la homosexualidad suele ser vista por algunos intolerantes como un estilo de vida “marginal y demente”, a veces parece que la soltería es vista como algo peor que eso.

Vivir en pareja, incluso si tu pareja es del mismo sexo es, irónicamente es más aceptable para la sociedad que ser soltero.

Y es que, hay que reconocerlo, la sociedad parece más dispuesta a aceptar una pareja de hombres o mujeres en una pareja estable, con casa, perro, hijos (la estructura familiar que quisieran fuera la predominante), que una persona soltera, sobre todo si ésta es mujer.

“El amor de mi vida”

Y es que parece ser que el mito de “el amor de tu vida” (basada en el amor romántico) sigue estando presente en nuestros tiempos. Apenas hace unos días me tocó ver un testimonio así en un grupo feminista en el que participo: una chica que pedía consejo porque “tenía 30 años” y acababa de terminar “con el amor de su vida”.

¿Por qué esto debe de verse como si fuera trágico? No pretendo, aclaro, burlarme o disminuir el duelo que pudiera vivir esa mujer. Claro que separarse de alguien con quien generaste una serie de expectativas puede ser muy doloroso.

Pero se vuelve una situación peor si durante toda tu vida te han bombardeado de dos ideas: que estar soltera es la peor situación en la que puedes estar, sobre todo pasando de cierta edad, y que la única situación ideal, aceptable, donde encontrarás la felicidad, es el amor romántico.

Esta idea se refuerza, sobre todo para las mujeres en nuestra época. Vivir soltero, como hombre, sin una relación estable, es muy menos escandaloso que una mujer viviendo soltera, sin una relación estable.

Pero el amor romántico puede ser, además de excesivamente idealista y poco satisfactorio a la larga, una situación narcisista.

¿Por qué narcisista? Porque el amor romántico cumple una función más bien de llenar un vacío y cubrir necesidades afectivas. De ahí frases como “mi media naranja”, “mi otro yo”, etc, que se manejan en este tipo de amor.

Así, más bien nos empezamos a crear una imagen de la otra persona como una pieza que va a llenar nuestro vacío más que una persona, entera, independiente, con defectos y virtudes, a la que se le ama por sí misma, no por lo que cubre en nuestra vida (que en principio, deberíamos cubrir nosotros mismos).

Un amor maduro y verdadero implica que uno esté una persona porque desea estar con ella, no porque NECESITA estar con ella. También implica comprender que, por doloroso que sea, esa otra persona puede variar en sus ideales, necesidades y metas, separándose de ti. Una persona NO puede ser el amor de tu vida si no está contigo toda tu vida. Y esto puede ocurrir si uno acepta que las personas cambian.

Igualmente, el amor, como sentimiento, no sólo puede experimentarse hacia una persona en una relación de pareja, sino hacia tus hermanos, familia, padres, incluso hacia desconocidos (cuando dedicamos la vida a ayudar a las personas más vulnerables en nuestra sociedad, por ejemplo).

Así, seríamos más felices si comprendiéramos, como Eric Fromm lo sugirió en su libro alguna vez, que es más importante aprender a amar que esperar que alguien te ame (amor romántico). En uno de los casos aprendes a crecer, desarrollarte, ser una persona entera y feliz si necesidad de estar con alguien.

En el segundo caso, evitas solucionar por ti mismo/a tus carencias y las pones en manos de alguien más, que quizá no esté dispuesto a cumplir toda su vida con la función de “parche” de tus dolores. No es muy justo, ni para ti mismo/a ni para esa persona, entonces ¿qué esperamos para dejar atrás los mitos de amor romántico? Es pregunta.