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Desde hace días una noticia central anda en rondando todos los muros de Facebook y es tema de conversación en todas partes: la participación de Cambridge Analytica en la utilización ilegal de información obtenida de usuarios de Facebook para la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Hay tanta información y al mismo tiempo tan escueta, que poco se logra transmitir sobre la relevancia de este suceso. Es inevitable sentir esa sensación de engaño y despojo cuando los titulares se centran una y otra vez en que se manipuló la opinión pública y ello llevó a la silla presidencial a Tr*mp, incluso se contempla que en México también hayan contratado sus servicios. Pero ¿queda claro por qué y cómo pasó todo esto?

Cuando alguien busca o tiene contacto con una fuente que consideran experta en estos temas, las respuestas agregan temor y responsabilidad a la carga anímica. La línea de conversación va sobre que la usuaria no sabe usar la plataforma, que le entrega sus datos a quien sea y en resumen, que es torpe y casi causante de todo esto.

Seguramente a mas de una le ha cruzado la idea de cerrar su cuenta de FB o de perdida, dejar de usarla en lo que se calman las cosas, porque ¿qué mas se puede hacer si por un lado nos dicen que la extracción o fuga de datos se realizó de manera tramposa y por otro, que nosotras se lo facilitamos porque no sabemos usar las herramientas? Hay poca información concreta y clara sobre qué hacer, si es que se puede hacer algo o ya mejor nos esperamos a que se nos pase el susto y regresamos “a la normalidad“.

Y es aquí justamente donde encuentro la relevancia del suceso: la desinformación como constante hace propicia la vulnerabilidad de nuestra información. En esta ocasión, se utilizó para conseguir el voto a favor de Mr. Orange, aunque cotidianamente se usa para vendernos cosas.

Para pasar de agente pasivo a sujeto activo, una clave es entender cómo funcionan las cosas y en este caso, internet (actualmente). No la imagines como una caja negra de contenido misterioso y desconocido. Basta que seas consciente de estos tres conceptos base:

  • Las plataformas como Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, WhatsApp, etc y los buscadores como Google, Bing o Yahoo, son desarrollados por empresas que tienen como objetivo primario, colectar información para venderla.
  • Somos consumidores y productores de información al mismo tiempo. Con sólo tener una cuenta en cualquier servicio, vamos dejando rastro de lo que nos interesa, lo que nos disgusta, nuestras ideas, miedos, propósitos, etc. Cada post, cada interacción, cada visita, cada búsqueda, cada conversación son datos que se transforman en mercancía.
  • Borrar el rastro que hemos dejado es casi imposible, pero sí podemos minimizar el rastro futuro. Todas las plataformas tienen políticas de privacidad, términos y condiciones. Todas proveen un panel de control para la configuración. Todas envían notificaciones de lo que van a hacer y… ¡todo eso viene en formatos poco entendibles, saturados, incómodos para leer y muchas características pensadas en que las saltemos!

Así que aquí es donde empieza tu participación consciente: qué tanto necesitas que sepan dónde vives, trabajas o estás; para qué darle acceso a todos sobre lo que opinas, haces, piensas, quieres; qué tanto usas el login automatizado para entrar a otras aplicaciones, es evidente que por comodidad lo haces, sólo tenlo presente y pregúntate con frecuencia si quieres mantener vinculadas las cuentas de tantos servicios o aplicaciones en una sola plataforma. Explora la configuración, no vas a descomponer la plataforma ni a dañar tu computadora, teléfono o tableta por cambiar algo. Y en caso de que algo le moviste y no está resultando como esperabas, acércate a redes de mujeres que seguramente te ayudarán. No estás sola.

Si no damos paso a la autogestión del uso de cualquier cosa que se conecte a internet, ese temor o sensación de vigilancia se disipará y la normalización y el control de otros tomará su lugar.

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