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El problema con las mujeres enojadas: esas personas que quieren censurarlas

El problema con las mujeres enojadas: esas personas que quieren censurarlas

By | Análisis | No Comments
Tiempo de lectura: 3 minutos

Para el siguiente acto necesitaré una mujer a la que nunca le hayan dicho “ya, tranquila, no es para tanto”, “cálmate y discutimos”, “pero ¿por qué te enojas?” y frases similares encaminadas a hacernos sentir que la emoción del enojo sólo la pueden experimentar y mostrar los hombres, porque en su caso es justa indignación, pero no las mujeres, porque es “exceso de emociones”, “poca lógica”, “poca imparcialidad” (pues, nos manexplican los ‘onvres’, enojarse en una mujer es ‘exceso’ de emoción’).

¿No? ¿Nadie? Claro, difícilmente encontraré a mi voluntaria porque es complicado encontrar una mujer que no le hayan dicho alguna de estas frases controladoras y de censura porque no pueden soportar su enojo.

Y existen datos que confirman la anterior afirmación: en 2015 se realizó un estudio de la Universidad Estatal de Arizona en la cual una psicóloga realizó un experimento usando una estructura de jurado. Reclutó a 210 estudiantes de licenciatura de diversos grupos sociales, dos tercios, mujeres, el resto, hombres.

Para simular una situación donde fuera importante argumentar, se presentaron a los estudiantes transcripciones del juicio a un acusado de homicidio. En este escenario, los jurados deben expresar sus opiniones y ser cuidadosos al analizar un caso, porque si el veredicto es erróneo, podría dejarse libre a un culpable o condenarse a un inocente.

Una vez que leyeron las transcripciones, los estudiantes simularon ser el jurado, leyendo textos que los presentaban como un determinado miembro de éste. Al principio de la lectura se decía si la persona era hombre o mujer. Entonces uno de los participantes se negaba a ir con la opinión de la mayoría, expresando argumentos que reflejaban enojo (“de verdad esto me hace enojar”), miedo (“me asusta pensar que…”) o ninguna emoción.

La expresión de enojo en unas ocasiones y miedo en otras era importante, ya que los investigadores buscaban saber si ambas causaban igual reacción o sólo el enojo. En el primer caso, se podía concluir que el efecto causado se le daba a cualquier emoción, lo contrario significaba que sólo el enojo generaba un efecto.

Entonces se medía la confianza que los miembros del ‘jurado’ tenían en el veredicto, tanto antes de escuchar la argumentación de los no convencidos como después.

Resultó que hombres y mujeres tenían diferente influencia al expresar enojo. Cuando un hombre expresaba enojo al deliberar contra la opinión general, los jurados cambiaban o dudaban de su veredicto inicial. Cuando una mujer mostraba enojo al argumentar contra el veredicto de los demás… los jurados se sentían más confiados en su propio juicio. Este efecto no ocurría al expresar miedo.

¿Qué significa esto? Simple: los participantes veían a una mujer enojada como más “emocional”, lo que los hacía tener más confianza en su propia opinión, pues para esos jurados su enojo ‘borraba’ su credibilidad. En el caso de los hombres, expresar enojo los hacía más creíbles, lo cual los hacía sentir menos confianza en su propio veredicto.

Este experimento confirma algo que las mujeres hemos experimentado por años: simplemente expresar enojo (sin insultos o agresión hacia nadie, ni de obra ni de palabra, simplemente mostrar nuestro coraje con frases como “me molesta que”, “me enoja que” y algunas veces el lenguaje no verbal acorde a esa emoción) causa que no se nos tome en serio.

También significa, la mayoría de las veces, que se nos quiera censurar, minimizar nuestra emoción o hacernos sentir que está mal mostrar enojo, no importa lo que nos haya ocurrido para sentirlo (¿recuerdan las frases al inicio de este texto?)

Es totalmente inaceptable que perdamos credibilidad si mostramos enojo. Porque no, como decía en cierta red social, que te enojes no causa, como si presionáramos un botón, que nuestra capacidad para discernir y pensar se apague.

Tampoco es válido que nos quieran callar para indicarnos cómo debemos discutir y sentirnos (a esto se le llama tone policing). Algunas veces el enojo es justo y si pensamos en la injusticia que puede rodear la vida de una mujer, sería extraño que no estuviéramos enojadas, porque no somos unas Stepford Wives.

Stepford Wives

Stepford Wives, las mujeres perfectas porque… no eran mujeres.

Así que, si eres un hombre que se dice aliado, que está tratando presuntamente de entender las luchas feministas, para de censurarnos y de vernos como poco creíbles porque estemos enojadas al decir algo. Comienza a escuchar y a tratar de entender las razones detrás de ese enojo.

Y si eres un ‘onvre’… pues qué lástima, porque por mucho que sigas intentando hacernos tone policing, intentando disminuirnos o censurarnos porque, según tú, somos unas ‘feminazis’ (cosa que no existe) que además están enojadas, no nos callaremos ni dejaremos de expresar lo que sentimos cuando sea necesario.

“Soldados caídos”, derechos y privilegios

By | Análisis | No Comments
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El pasado lunes 23 de abril, un hombre de 25 años rentó una camioneta tipo van y se subió a la banqueta en la zona norte de la ciudad de Toronto, con la intención de atropellar a todos y todo lo que se cruzó por su camino. Sus acciones resultaron en 10 personas muertas y 15 heridas, algunas de gravedad. Siendo Toronto una de las ciudades más incluyentes del mundo, cuyas autoridades se enorgullecen en mantener un ambiente (y también, por qué no decirlo, una imagen) de convivencia social pacífica en la que hay cabida para todos y con un nivel de vida alto, hubo mucho cuidado en no saltar a la lógica conclusión del terrorismo como motivo del ataque.

En realidad, el sujeto estaba, según información que él mismo compartió en redes sociales antes de sus acciones, profundamente enojado por el constante rechazo del que era objeto por parte de las mujeres. Se considera a sí mismo un ‘guerrero’ ‘InCel’ (término que deriva de las palabras en inglés Involuntary Celibate, célibe involuntario) y pretendía que su ataque iniciara una rebelión en la cual los sujetos como él (esa horda de pobres ‘Hombres Buenos’ rechazados e incomprendidos, que tienden a formar grupos en internet y redes sociales) reclamarían su derecho a tener mujeres. Sí: hasta en una de las ciudades más liberales y diversas del mundo, la masculinidad tóxica encuentra formas de ejercer violencia para reivindicar lo que algunos individuos, invariablemente hombres, consideran que es un derecho que les corresponde y que la sociedad les niega.

 

 

Aunque en países hispanoparlantes el fenómeno podría parecer completamente inédito, pues no hay memoria colectiva de actividades violentas realizadas de manera similar, el origen del problema no es enteramente extraño, incluso se puede establecer una cierta relación con todos los videos e imágenes que circulan en redes en las que algún joven es rechazado, siempre por una mujer, después de una declaración amorosa o matrimonial, generalmente hecha en público. Claro, la ‘estrategia’ parece brillante: si se agrega la presión social, pues a la mujer no le queda más que aceptar, para no quedar en ridículo. Pero no siempre resulta ser así (de ahí que las imágenes y videos se vuelvan tan populares), el protagonista queda humillado y de inmediato recibe el status de ‘soldado caído’: porque claro, iniciar una relación amorosa, o contraer matrimonio, es equivalente a una guerra. Desde luego, esta ‘soltería involuntaria’ no es exclusiva de los países angloparlantes, aunque la especificidad con que se nombran a sí mismos, sí. Y aunque el fácil acceso a armas de fuego facilite los episodios de violencia en Estados Unidos, el discurso misógino y ultra violento que sustenta a los grupos de ‘InCels’ no es exclusivo de ese país.

Desde luego, los individuos que se identifican a sí mismos como InCels son poco afectos a la introspección: no se les ocurre, ni por error, que haya algo en su carácter, o en las expectativas que construyen sobre las mujeres y sus relaciones con ellas, que les dificulte encontrar lo que aparentemente están buscando, con el resultado de encontrarse cada vez más y más aislados. Además, parte de esta búsqueda implica necesariamente que la mujer que los ‘satisfaga’ tiene que ajustarse a sus preferencias físicas. Ninguna mujer que se salga de la convención estética a la que se adscriben merece siquiera consideración en sus demandas. 

El individuo en Toronto trató de cometer lo que llaman “suicidio por policía”, es decir, amenazar y provocar hasta que algún policía pierda el control y le dispare. Si lo hubiera logrado, se habría sumado a la larga lista de patanes privilegiados que se han vuelto mártires en los foros misóginos que culpan a las mujeres, y en especial a las feministas, de su comportamiento patético y de su ‘soledad’. Y tiene muy poco o nada que ver con salud mental: hay millones de personas genuinamente enfermas que no descargan su ira en desconocidos. Lo he dicho antes: en el fondo de los ataques violentos perpetrados por individuos sin relación con grupos terroristas, a menudo subyace un serio problema de masculinidad tóxica. Son hombres que juegan un juego social impuesto por otros hombres, y que cuando pierden culpan a las mujeres, o a los homosexuales, o a los migrantes, o a las minorías que les ‘arrebatan’ lo que creían que les pertenecía por derecho.

Sobre este atentado específico se ha escrito copiosamente desde que se dio a conocer la motivación del autor. Pero sobre las agrupaciones de InCels se ha venido escribiendo desde antes, pues no es la primera vez que alguno de sus miembros lleva a cabo un ataque. En 2014 Elliot Rodger protagonizó un episodio parecido, asesinando a seis personas después de dar a conocer un manifiesto en el cual exponía su desprecio por las mujeres, tanto las que lo rechazaron, como las que podrían haberlo rechazado en el futuro. Dado que Rodger falleció en el evento, es ‘reconocido’ como un mártir de la causa misógina, y por poner en el mapa a toda una comunidad que ve en la violencia una forma legítima de hacerse notar.

Carreras en círculo por Cambridge Analytica

By | Análisis, Autogestión, Conversemos, Noticias, Redes Sociales, Tecnología | No Comments
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Desde hace días una noticia central anda en rondando todos los muros de Facebook y es tema de conversación en todas partes: la participación de Cambridge Analytica en la utilización ilegal de información obtenida de usuarios de Facebook para la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Hay tanta información y al mismo tiempo tan escueta, que poco se logra transmitir sobre la relevancia de este suceso. Es inevitable sentir esa sensación de engaño y despojo cuando los titulares se centran una y otra vez en que se manipuló la opinión pública y ello llevó a la silla presidencial a Tr*mp, incluso se contempla que en México también hayan contratado sus servicios. Pero ¿queda claro por qué y cómo pasó todo esto?

Cuando alguien busca o tiene contacto con una fuente que consideran experta en estos temas, las respuestas agregan temor y responsabilidad a la carga anímica. La línea de conversación va sobre que la usuaria no sabe usar la plataforma, que le entrega sus datos a quien sea y en resumen, que es torpe y casi causante de todo esto.

Seguramente a mas de una le ha cruzado la idea de cerrar su cuenta de FB o de perdida, dejar de usarla en lo que se calman las cosas, porque ¿qué mas se puede hacer si por un lado nos dicen que la extracción o fuga de datos se realizó de manera tramposa y por otro, que nosotras se lo facilitamos porque no sabemos usar las herramientas? Hay poca información concreta y clara sobre qué hacer, si es que se puede hacer algo o ya mejor nos esperamos a que se nos pase el susto y regresamos “a la normalidad“.

Y es aquí justamente donde encuentro la relevancia del suceso: la desinformación como constante hace propicia la vulnerabilidad de nuestra información. En esta ocasión, se utilizó para conseguir el voto a favor de Mr. Orange, aunque cotidianamente se usa para vendernos cosas.

Para pasar de agente pasivo a sujeto activo, una clave es entender cómo funcionan las cosas y en este caso, internet (actualmente). No la imagines como una caja negra de contenido misterioso y desconocido. Basta que seas consciente de estos tres conceptos base:

  • Las plataformas como Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, WhatsApp, etc y los buscadores como Google, Bing o Yahoo, son desarrollados por empresas que tienen como objetivo primario, colectar información para venderla.
  • Somos consumidores y productores de información al mismo tiempo. Con sólo tener una cuenta en cualquier servicio, vamos dejando rastro de lo que nos interesa, lo que nos disgusta, nuestras ideas, miedos, propósitos, etc. Cada post, cada interacción, cada visita, cada búsqueda, cada conversación son datos que se transforman en mercancía.
  • Borrar el rastro que hemos dejado es casi imposible, pero sí podemos minimizar el rastro futuro. Todas las plataformas tienen políticas de privacidad, términos y condiciones. Todas proveen un panel de control para la configuración. Todas envían notificaciones de lo que van a hacer y… ¡todo eso viene en formatos poco entendibles, saturados, incómodos para leer y muchas características pensadas en que las saltemos!

Así que aquí es donde empieza tu participación consciente: qué tanto necesitas que sepan dónde vives, trabajas o estás; para qué darle acceso a todos sobre lo que opinas, haces, piensas, quieres; qué tanto usas el login automatizado para entrar a otras aplicaciones, es evidente que por comodidad lo haces, sólo tenlo presente y pregúntate con frecuencia si quieres mantener vinculadas las cuentas de tantos servicios o aplicaciones en una sola plataforma. Explora la configuración, no vas a descomponer la plataforma ni a dañar tu computadora, teléfono o tableta por cambiar algo. Y en caso de que algo le moviste y no está resultando como esperabas, acércate a redes de mujeres que seguramente te ayudarán. No estás sola.

Si no damos paso a la autogestión del uso de cualquier cosa que se conecte a internet, ese temor o sensación de vigilancia se disipará y la normalización y el control de otros tomará su lugar.

El feminismo está bajo ataque en todo el mundo

El feminismo está bajo ataque en todo el mundo

By | Análisis | No Comments
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El anterior parecerá un titular de ésos que buscan que hagas clic cuando ves este artículo compartido en redes sociales, en un email, en WhatsApp, Facebook Messenger, Telegram u otro mensajero, pero no es así.

Apenas hace unos días, en el Washington Post, un columnista listaba las múltiples formas en que el feminismo está siendo atacado en el mundo, a través de diversas iniciativas políticas.

El ataque más visible

Incluso antes de que lo mencione, seguramente sabrás qué político es el que más bajo ataque tiene al feminismo, tanto con sus palabras directas como con sus acciones.

Efectivamente, Donald Trump, ese señor que nunca quiso ser presidente -si creemos al libro Fire and Fury- pero terminó en uno de los puestos con más poder en el mundo, decidió declarar recientemente que “no se considera feminista”. Según él, porque está a favor de las mujeres y de los hombres.

Como bien lo señala el autor, a muchas personas les parecerá una declaración tonta. Muchas feministas diremos con alivio que es excelente que no quiera entrar tal misógino y machista clásico en nuestras filas.

Pero en el fondo declaraciones como ésas sirven para desvirtuar lo que es el feminismo. El feminismo bien fundamentado no está contra los hombres, es simplemente la radical idea de que las mujeres somos seres humanos, que queremos derechos y garantías similares a las de cualquier ser humano y que no se nos trate MENOS por ser mujeres.

No queremos acabar con los hombres, queremos que comprendan la lucha que lleva años para lograr lo arriba descrito y se vuelvan aliados de nuestra causa, aunque esto quizá sea complicado y pueda ser una forma de perder algunos de esos privilegios que tienen únicamente por ser hombres.

Si contra algo estamos las feministas es contra el sistema patriarcal, ése que les paga más a hombres que a las mujeres por un trabajo igual, ése que permite que los hombres vean y traten a las mujeres como objetos, ése que ve como natural que los hombres violenten y abusen de las mujeres, ése que causa que las mujeres sean encasilladas en ciertos roles cuando nada les impediría cambiar su papel y hacer algo que no está en el guión de lo que se supone es ser mujer.

Iniciativas antifeministas en el mundo

Pero, como bien apunta el autor, pareciera que, conforme más gobiernos no liberales toman el poder, estamos viendo el resurgimiento de iniciativas antifeministas.

En Polonia, por ejemplo, retiraron una ley que facilitaría, a quien así lo decidiera, optar por la interrupción legal del embarazo; en Filipinas su presidente se vanagloria de ser un machista que ‘bromea’ con violaciones; en Turquía su presidente quiere que las mujeres vuelvan a “su papel definido”, la maternidad, que dice es algo contra lo que estamos las feministas.

¿Y en México?

Las feministas no podemos confiarnos. En México, por ejemplo, ningún candidato parece alejado de las ideas conservadoras que permean en esta sociedad. Quizá tratan de ser moderados en sus expresiones de lo que piensan, pero esto no indica que, cuando lleguen al poder, promuevan ideas que nos vuelvan atrás años, décadas… Y las tendencias parecerían estar a su favor.

Se dice que siempre, tras el triunfo de iniciativas liberales, quienes se creen amenazados se organizan y pelean para volver las cosas a como estaban antes. Ojalá esto no ocurra en nuestro país.

El caso de Asis Anzari o por qué las feministas NO exageramos

El caso de Aziz Ansari o por qué las feministas NO exageramos

By | Análisis | No Comments
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Han pasado 5 días luego de que muchos supiéramos del último suceso de mal comportamiento sexual por parte de un hombre, ocurrido en Estados Unidos: el caso de Aziz Ansari y su cita con “Grace” (su seudónimo), que terminó en un muy mal momento para ella y en un escándalo para él.

Para quien no lo conocen, pueden leer la narración de Grace aquí, pero en caso de que no tengan tiempo de hacerlo, en resumen: una chica conoció a Ansari en una fiesta en la que ambos estaban; se emocionó de ver que compartían una afición (la fotografía, pues tenían una cámara muy similar); aunque él no mostró interés al principio, posteriormente sí e intercambiaron teléfonos.

Semanas después, tuvieron una cita, acudieron a un restaurante, se la pasaron más o menos bien ahí, pero el chavo tenía al parecer prisa por irse. Del lugar fueron directamente a su departamento, donde desde el principio él intentó a toda costa tener relaciones sexuales con ella, incluso cuando ella le pedía tomárselo con más calma, diciéndole y mostrándole que no estaba interesada en ello, coercionando al grado que ella accedió a cierto grado de actividad para después irse.

Las opiniones al respecto van de un lado del espectro al otro: algunos afirman que el hombre es culpable… de no saber leer mentes; otros que él, que se declaró feminista en 2014 y escribió un libro sobre relaciones modernas debería haber tenido un mucho mejor comportamiento; incluso otros afirmaron que el relato de Grace era porno-venganza e incluso mostraba racismo el acusar a Ansari.

Algunos más aprovecharon el tema para criticar la ola de denuncias que se han generado, aglomerado en su mayoría como #MeToo, diciendo que las mujeres están agrupando todo, acoso sexual, abuso sexual y mal comportamiento, como si no supiéramos distinguir entre uno y otro, pero ¡claro que sabemos!

Antes del caso, surgió este post acerca de “la monstruosa naturaleza sexual de los hombres y el escándalo” (artículo escrito, ni más ni menos, que por un hombre, Stephen Marche) que, extrañamente, desde el punto de vista masculina, afirma que gran parte del problema es que muchos hombres (y desgraciadamente un número importante de mujeres) prefieren no discutir, pensar y muchos menos cambiar el estado de las cosas.

Incluso Samatha Bee discutió al respecto (y concuerdo prácticamente con todos sus argumentos).

Pero con la disertación con la que más concuerdo es con la de Stephen Marche. No tengo elementos (ni nadie de nosotros que haya leído el relato, pues creo que hay situaciones que sólo viviéndolas se pueden evaluar en toda su dimensión) para llamar el caso de Asis Anzari abuso sexual, pero sin duda se trata de coerción y mal comportamiento de los peores, de un hombre que dice comprender el feminismo. Evidentemente no lo hace.

Para él, incluso al día siguiente de haberse publicado el relato de la chica, “todo le pareció que era consensual”. Ya sea que jamás escucharas o comprendiera las múltiples señales que la chica le lanzó, o que no quiso comprenderlas, simplemente continuando con su propio objetivo y buscando su satisfacción únicamente, su comportamiento no es justificable.

Su comportamiento significa que, a pesar de llamarse feminista y proclamar ¡con un libro! que sabe de las relaciones modernas, al momento de estar a solas con una mujer sigue comportándose como les han enseñado a la mayoría de los hombres desde tiempos inmemoriales (como lo dice también el autor del artículo sobre la monstruosa naturaleza sexual de los hombres): a obtener su satisfacción a como dé lugar.

Ese “a como dé lugar” tiene, por supuesto, diferentes definiciones: puede ir desde aprovechar tu poder sobre otra persona para lograr lo que quieren (por ser su jefe, una autoridad o alguien de quien depende la persona acosada, permanente o temporalmente) hasta el uso de la violencia física.

En el específico caso de la relación con esta chica, Ansari sin duda aprovechó el hecho de la obvia fascinación que mostró la chica por él, un actor, que incluso se podría aducir que la ponía en una relación desigual de poder; el hecho de él estar en su departamento y ella en territorio desconocido; la confusión en ella causada por la imagen pública de él (aparentando ser un hombre diferente, que no tendría estas actitudes); así como su necesidad, incluso así, de agradarle más allá que para una relación sexual.

Y estas actitudes, mostradas en todo su “esplendor” en el relato de la chica, es otro tema de los que definitivamente deberíamos poder discutir con los hombres, porque no, no es normal, no es justificable, no lo traemos a la luz porque quienes reprobamos esas actitudes seamos unas “reprimidas” y queramos “quitarles su diversión”.

Si discutimos, compartimos y leemos estos casos es porque, ¡qué atrevidas!, muchas mujeres feministas queremos que no haya más casos en que una mujer se sienta incómoda, asqueada, presionada, rebajada por la coerción imparable de un hombre. Queremos que cada mujer pueda tener una vida completa y satisfactoria, en todos los aspectos, incluyendo el sexual, y verdaderamente decidir, y que no vuelva a ocurrir la escena de una mujer que sale llorando de un lugar cuando se da cuenta que ese hombre no es capaz de verla como una persona con necesidades y no como objeto para su uso.

Cosas que pasan

By | Análisis, Conversemos, Cultura de la violación, Feminismo, Food for thought, Reflexiones, Sexismo | No Comments
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Aunque no seamos del todo conscientes de ello, nuestras elecciones en el lenguaje que usamos cotidianamente no son casuales. Pueden ser, y a menudo lo son, descuidadas, pero incluso este descuido está relacionado mucho más con la familiaridad que con la casualidad. Por eso mismo, cuando se habla de un crimen, no es una coincidencia la forma en que se habla de la víctima y la forma en que se habla del victimario, incluso si la identidad de este segundo es un enigma. Mucho se ha hablado en otros espacios de la tendencia social a culpar a la víctima de los delitos y acciones criminales a los que una persona decide someterle. Especialmente, cuando se trata de violencia sexual, y cuando las víctimas son mujeres. Es más fácil convencerse de que podemos evitar ser víctimas de la violencia sexual que alguien decida ejercer sobre nuestros cuerpos si creemos que hacemos todo lo necesario para no ponernos en peligro.

Poco importa, en la mentalidad colectiva, que esto último sea una falsedad y que los hechos lo demuestren constantemente. La sensación de seguridad es más urgente que el entendimiento de las complejidades del comportamiento social en torno a la sexualidad. Así, podemos encontrar a menudo que hay dos líneas de pensamiento que orientan la forma en que la gran mayoría de las personas van a hablar de las víctimas de violencia sexual, primordialmente estas víctimas son mujeres adultas. La primera, es la que las hace culpables inequívocamente: desde el “si ya sabe cómo están las cosas, ¿para qué se arriesga?” al “si no quería que la violaran, ¿qué estaba haciendo ahí?”. Poco importan las circunstancias: la víctima tenía conocimiento y experiencia suficiente para prever (o haber previsto) las acciones de su victimario, pero un error de juicio la llevó a jugársela de todos modos. Sobre esto volveremos más adelante.

La segunda línea se presenta como menos prejuiciosa, incluso más “humanitaria”, si se quiere ser generoso. La víctima no tiene la culpa de “lo que le pasó”. Aquí, lo problemático no es que pasara o no pasara algo, sino que al eliminar a un sujeto activo de la expresión, se está de todos modos dejando a la víctima sola, como único elemento humano presente en las acciones que sucedieron. Porque cuando algo malo “le pasa” a alguien, no siempre sucede porque alguien más lo haya hecho, o siquiera porque lo haya querido: fue un accidente sin culpables, un desafortunado suceso que nadie quería que ocurriera. Pero resulta que las violaciones y los feminicidios no son sucesos desafortunados que nadie puede prevenir: son el resultado de decisiones criminales y perjudiciales que alguien toma para ejecutarlas en perjuicio de alguien más. Un hombre decide violar a una mujer; un hombre decide quitarle la vida.

Un caso muy reciente, y que evidencia completamente el problema discursivo de describir las acciones como “cosas que pasaron” es el que involucra a Karen Grodzinki y Axel Arenas. A lo largo de las últimas dos semanas, tuvieron lugar el feminicidio de la primera, la captura del segundo como presunto culpable, y su liberación al acreditarse, mediante las pruebas presentadas, que no estaba dentro del país al momento del delito. Cabe mencionar que, siendo que se trata de un caso sin resolver, pero en el cual la no culpabilidad del acusado ha sido comprobada, no estamos hablando del delito en sí, sino de la forma en que algunas personas han hablado en torno a las acciones.

Como suele suceder en estos casos, el acusado tiene a su alrededor una red de conocidos y seres cercanos a quienes el señalamiento de su probable culpabilidad indignó y tomó por sorpresa. Nada de malo hay en ello: todos, incluso el más cruel de nosotros, tiene familia, amigos, colegas. Nada de malo tiene, tampoco, que esta red de conocidos haga todo lo que crea conveniente para probar su inocencia, especialmente si están convencidos de ella y tienen forma de comprobarlo. El problema es que uno de estos conocidos, un antiguo colega del acusado, durante una entrevista, lamentó “lo que le pasó a la chica”. Es poco probable que hubiera una intención dolosa detrás de la forma de expresarlo, o que lo dijera con toda consciencia de ello. Pero la hay: cuando se presenta un delito como “algo que le pasó” a la víctima, no estamos diciendo que no sepamos quién lo cometió, estamos menospreciando la intencionalidad detrás de ese delito. Y lo mismo podría decirse de que el joven actor, Axel, haya sido señalado como culpable: no “le pasó” que lo acusaron, sino que una o unas personas concretas, que trabajan en una institución cuya función primordial es brindar justicia expedita, lo acusaron falsamente, sin pruebas que sustentaran los cargos. No fue casualidad, no fue una coincidencia: fue una enorme perversión de los atributos de dicha institución.

Mucho se ha discutido sobre los cambios que tienen que llevarse a cabo en la sociedad para que el problema de violencia sistémica en contra de las mujeres se solucione. Y mucho se habla de la educación y sensibilización como elementos fundamentales de cualquier propuesta que llegue a implementarse. Sensibilizar sobre la violencia no se limita a entender las acciones, sino también la manera en que, con nuestras palabras, elegimos justificar o minimizar dichas acciones.

 

El amor romántico y cómo puede hacerte más difícil la vida

El amor romántico y cómo puede hacerte la vida más difícil

By | Análisis | No Comments
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Hoy leía un artículo en el New York Times que expresa cómo las personas solteras viven una discriminación muy diferente a otros tipos de estilos de vida no convencionales.

De acuerdo a la autora, aunque la homosexualidad suele ser vista por algunos intolerantes como un estilo de vida “marginal y demente”, a veces parece que la soltería es vista como algo peor que eso.

Vivir en pareja, incluso si tu pareja es del mismo sexo es, irónicamente es más aceptable para la sociedad que ser soltero.

Y es que, hay que reconocerlo, la sociedad parece más dispuesta a aceptar una pareja de hombres o mujeres en una pareja estable, con casa, perro, hijos (la estructura familiar que quisieran fuera la predominante), que una persona soltera, sobre todo si ésta es mujer.

“El amor de mi vida”

Y es que parece ser que el mito de “el amor de tu vida” (basada en el amor romántico) sigue estando presente en nuestros tiempos. Apenas hace unos días me tocó ver un testimonio así en un grupo feminista en el que participo: una chica que pedía consejo porque “tenía 30 años” y acababa de terminar “con el amor de su vida”.

¿Por qué esto debe de verse como si fuera trágico? No pretendo, aclaro, burlarme o disminuir el duelo que pudiera vivir esa mujer. Claro que separarse de alguien con quien generaste una serie de expectativas puede ser muy doloroso.

Pero se vuelve una situación peor si durante toda tu vida te han bombardeado de dos ideas: que estar soltera es la peor situación en la que puedes estar, sobre todo pasando de cierta edad, y que la única situación ideal, aceptable, donde encontrarás la felicidad, es el amor romántico.

Esta idea se refuerza, sobre todo para las mujeres en nuestra época. Vivir soltero, como hombre, sin una relación estable, es muy menos escandaloso que una mujer viviendo soltera, sin una relación estable.

Pero el amor romántico puede ser, además de excesivamente idealista y poco satisfactorio a la larga, una situación narcisista.

¿Por qué narcisista? Porque el amor romántico cumple una función más bien de llenar un vacío y cubrir necesidades afectivas. De ahí frases como “mi media naranja”, “mi otro yo”, etc, que se manejan en este tipo de amor.

Así, más bien nos empezamos a crear una imagen de la otra persona como una pieza que va a llenar nuestro vacío más que una persona, entera, independiente, con defectos y virtudes, a la que se le ama por sí misma, no por lo que cubre en nuestra vida (que en principio, deberíamos cubrir nosotros mismos).

Un amor maduro y verdadero implica que uno esté una persona porque desea estar con ella, no porque NECESITA estar con ella. También implica comprender que, por doloroso que sea, esa otra persona puede variar en sus ideales, necesidades y metas, separándose de ti. Una persona NO puede ser el amor de tu vida si no está contigo toda tu vida. Y esto puede ocurrir si uno acepta que las personas cambian.

Igualmente, el amor, como sentimiento, no sólo puede experimentarse hacia una persona en una relación de pareja, sino hacia tus hermanos, familia, padres, incluso hacia desconocidos (cuando dedicamos la vida a ayudar a las personas más vulnerables en nuestra sociedad, por ejemplo).

Así, seríamos más felices si comprendiéramos, como Eric Fromm lo sugirió en su libro alguna vez, que es más importante aprender a amar que esperar que alguien te ame (amor romántico). En uno de los casos aprendes a crecer, desarrollarte, ser una persona entera y feliz si necesidad de estar con alguien.

En el segundo caso, evitas solucionar por ti mismo/a tus carencias y las pones en manos de alguien más, que quizá no esté dispuesto a cumplir toda su vida con la función de “parche” de tus dolores. No es muy justo, ni para ti mismo/a ni para esa persona, entonces ¿qué esperamos para dejar atrás los mitos de amor romántico? Es pregunta.

Por qué los hombres progresistas y de izquierda (muchas veces) NO entienden realmente el feminismo

Por qué los hombres progresistas y de izquierda (muchas veces) NO entienden realmente el feminismo

By | Análisis | No Comments
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Existe recientemente una tendencia a tomar con un poco más de seriedad la violencia contra las mujeres, al menos en la discusión.

Porque en los hechos la realidad puede ser muy diferente. Veamos los últimos casos como el de Harvey Weinstein y otros hombres que trabajaban incluso promoviendo las carreras de actrices y directoras por un lado, mientras que por el otro acosaban a las aspirantes a entrar en ese mundo.

En público, antes de que se supiera más de las acciones privadas de estos hombres, podrían parecer incluso aliados del feminismo.

Progresistas, de izquierda… pero sexistas

Y estos hechos no se limitan a otros países, en México tenemos a personas que se presumen progresistas y de izquierda, pero de repente manifiestan su verdadero ser.

Les recuerdo nada más el caso de ese señor -cuyo nombre ni siquiera voy a mencionar- que se supone luchó por los estudiantes del 68, pero que rápidamente dejó ver su verdadera opinión de las mujeres en su programa de radio.

Y ni hablemos de la vida diaria. Me ha tocado (y no dudo que a muchas mujeres de mi edad y educación también) hombres que en teoría también son educados, abiertos, se dicen progresista, izquierdistas… pero sus actitudes revelan su verdadero ser, por ejemplo, hacer chistes de violaciones.

También señores que afirman ser aliados de las mujeres en su vida, y tal vez en parte lo intentan, pero critican cómo se ven y lo equiparan a su éxito como persona, es decir, como si no lucen de acuerdo a los estereotipos que se exigen a las mujeres o tienen la osadía de no enfocarse en su aspecto o de envejecer, en su visión son un fracaso.

¿Qué posibles razones puede haber para este fenómeno? ¿Por qué hombres que aparentemente parecieran inicialmente hacer un esfuerzo en este sentido terminan tan perdidos u otros, definitivamente aprovechan los peores privilegios que les da el patriarcado?

Por desgracia, todo tiene que ver precisamente con sus privilegios. Las diferencias entre hombres y mujeres se dan desde el nacimiento y esto no puede negarse. Incluso me atrevería a decir que desde antes, cuando se da la noticia de si el bebé en gestación será niño o niña, la reacción puede ser muy distinta en el primer caso que en el segundo.

Así, una cosa es, teóricamente, pensar que las causas feministas son correctas, mostrar respeto en público, ‘ayudar’ en una u otra cosa a las mujeres en sus vidas, pero otra es ser autocrítico y entender que, voluntaria o involuntariamente, han sido beneficiarios de esos privilegios y lo siguen siendo, porque estructuralmente así está construida nuestra sociedad.

La realidad es que han participado en la opresión de las mujeres, sobre todo antes de llegar a la comprensión intelectual de que las actitudes machistas son dañinas en todos los sentidos para el otro 50% de la humanidad.

Sí, muchos, y especialmente esos izquierdistas y progresistas, dirán que #NotAllMen. Pero en algún momento seguramente (y a veces sin quererlo) han hecho o dicho algo que está en sintonía con el machismo imperante en nuestra sociedad.

Pudo ser desde sentirse insultado al escuchar (o incluso usar) insultos como “corres como niña”. Pudo ser festejarle a un amigo adolescente sus ‘conquistas’ hacia las mujeres, pero hablar y tratar a las chicas involucradas como prostitutas. Pudo ser pensar que una mujer DEBE hacer cierta cosa, por ejemplo, DEBE ser madre, DEBE enfocarse más al cuidado de otros que los hombres.

A veces caer en estas acciones y actitudes pareciera inevitable para ellos: o sea amoldan a una forma de tratar a las mujeres o son alejados de cualquier convivencia con otros hombres.

Ser aliado feminista requiere, de hecho, ir contra el status quo y de una manera que puede ser incluso violenta psicológica o hasta físicamente.

Y es que si a nosotras, que somos las que sufrimos la opresión y podemos argumentar con bastantes datos personales y estadísticos lo mucho que nos afecta el machismo, nos tratan muchas veces de callar, mucho más lo harán con aquellos que consideran que deberían “seguir la corriente” y ser parte “del club” que goza los privilegios, no importa quién sufra por ello.

No es fácil ser un verdadero aliado. Requiere mucho más allá que estar de acuerdo de dientes para afuera. Requiere acciones, requiere posicionamiento real, requiere actuar congruentemente en lo público y lo privado. Ojalá los aliados feministas comprendieran esto y entendieran, como dicen en EU, que la cuestión es “walk the talk” (haz lo que dices). De otra forma, NO son aliados.

#YoReconozco o el desfile de la impunidad

By | Análisis, Denuncia Pública, Redes Sociales | No Comments
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En días pasados inició el movimiento de denuncia pública #YoTambién #MeToo principalmente en Twitter aunque también a través de Facebook  donde muchas mujeres de diferentes latitudes y estratos sociales tuvieron la oportunidad de desahogar, compartir y revelar cómo han vivido el acoso sexual. Sé que este tipo de ejercicios ayudan mucho tanto en la introspección como en el proceso de superación. Poderlo expresar públicamente es un paso que requiere mucho valor.

Considerando que quienes hemos sido acosadas, el 99.9% ha sido por hombres, casi en paralelo surgió la ingenua idea de que ellos hicieran este ejercicio de reflexión sobre sus acciones a fin de tener el panorama completo. Con #YoReconozco iniciaron los mensajes donde varios hombres mencionaban los actos de acoso y violencia que efectuaron hacia mujeres que se cruzaron en su camino y de pronto parecía que “iba a funcionar”, no obstante, el resultado demuestra nuevamente que no, que el mundo está hecho para que ellos sean el centro de atención.

A cada confesión realizada, no importaba el grado de violencia ejercida, ellos recibían palmaditas de apoyo y gestos de aprobación. Prácticamente se les otorgaba una medalla por “la valentía” de reconocer lo que habían cometido (suponiendo que fueron acciones que dejaron de hacerse y son inexistentes en el presente). La dinámica terminó convirtiéndose en un desfile de impunidad, donde es claro que a ellos no se les complica contar sus acciones por muy horrendas que fueran, como eyacular dentro aun cuando el acuerdo fue que no o besar a la fuerza a una mujer solo porque él deseaba hacerlo o aprovecharse de la situación vulnerable de una amiga para “conquistarla” y mas y mas eufemismos para referirse a la violación. Una a una empezaron a aparecer en el historial estos relatos cortos que mas que demostrar arrepentimiento, nos contaban una gran osadía y muy mal disfrazada de culpa.

Este gran confesionario solo dejó en claro que la impunidad es lo que prevalece cuando de conductas violentas hacia las mujeres se trata, incluso se utilizó el hashtag para continuar dispersando mensajes misóginos y ninguno de los hombres que supuestamente estaban examinando sus propias conductas, hicieron algo al respecto. Se convirtió en un compendio de declaraciones del terror y no hubo ni sanción legal ni social hacia quienes las cometieron, solo “nuevas oportunidades”. Está claro que los hombres distan mucho de experimentar la empatía y que su visión del mundo está sesgada por los privilegios que les son otorgados solo por haber nacido varón.

Mientras las mujeres expusieron sus más profundas penas y dolor, los hombres nos demostraron que para ellos «así es y así será».

¿Autogestión o capitalismo encubierto?

By | Análisis, Seguridad, Tecnología, Transporte | No Comments
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El sistema económico mundial nos dice a cada paso que no existe nada fuera del capitalismo, que vivimos en una sociedad de mercado. Muestra de ello es que cualquier idea se convierte en mercancía, incluyendo las luchas sociales. El feminismo no ha sido excepción y ahora utilizan tanto a seguidoras como a detractoras del movimiento para posicionar productos.

Por parte de los detractores, el medio está posicionado en la producción de contenido “polémico”, ya sea directo en plataformas digitales como YouTube, Facebook, Instagram o Pinterest, como en las versiones electrónicas de prensa: Vloggers, influencers y figuras públicas lucran con el feminismo, disfrazando sus discursos de “irreverentes” o “ácidos”, donde lejos de mostrar una postura específica, lanzan mensajes ambiguos diciendo que el feminismo es bueno, PERO [inserte aquí la letanía de su preferencia para anular el mensaje original]. Es así que obtienen “me gusta”, comentarios y comparten su contenido haciendo que rápidamente se viralice porque participan no solo quienes son seguidores, sino también quienes enfurecidos manifiestan su desacuerdo al contenido y todo esto, se monetiza.

Sumado a ello, están quienes deliberadamente lucran con las necesidades expuestas a través del feminismo, por ejemplo, la lucha por el derecho al propio cuerpo, contra la cosificación o la gordofobia que sufrimos las mujeres, nos es devuelta en productos como Me and You, una línea de ropa interior que llega directo a ese incipiente grupo de simpatizantes del feminismo que aun no ahonda en el tema. Su producto más vendido es una pantaleta con la palabra “feminista” impresa en letras rosas sobre el trasero y con una línea de cintura bastante más alta de lo acostumbrado con la promesa de comodidad, sin embargo, continúan sexualizando la ropa interior al promover un nuevo modelo de sexy. De esta manera es como el primer lote de calzones “feministas” se agotó en pocos días. Y así, muchas marcas textiles que son conocidas por sus malas prácticas de producción donde hacen uso de la explotación de mujeres, con tan solo colocar estampados o bordados “feministas” que se han convertido en gran tendencia en la moda se venden en altos volúmenes, dándole vuelta a la hoja sobre la esclavitud que ejercen.

Otro problema constante y que cada vez tiene mas visibilidad, es el acoso tanto en sus modalidades callejero; sexual y laboral. Para estas necesidades se han creado soluciones tecnológicas que van dirigidas a las mujeres como si se tratase de un nuevo nicho: Laudrive (el Uber para mujeres, conducido por mujeres y sólo se transportan mujeres); Bumble (el Tinder para mujeres, donde ellas son quienes deciden y si no quieren, bloquean y listo); Bumble Biz (el LinkedIn para mujeres donde se promete no ser acosada por ofertantes de vacantes y en caso de suceder, se hace público para que le retiren la cuenta al acosador).

Todas estas iniciativas aparentemente ofrecen buenas alternativas. En lo personal he utilizado todas para probar si sus promesas de seguridad son reales y esto es lo que me he encontrado:

  • Laudrive: de acuerdo a lo que conversé con las conductoras que me trasladaron en diferentes viajes, ellas se sienten bien y seguras utilizando esa plataforma; como usuaria, tengo la queja de que se tardan demasiado en llegar, aunque entiendo que es porque el parque vehicular con el que cuentan es por mucho, menor al de Uber y que la interfaz no es usable, si no conoces la dirección o la ruta hacia donde te diriges, es complicado saber exactamente en qué parte del trayecto vas, porque la visualización de ruta no es ni exacta ni en tiempo real.
  • Bumble: el uso de la plataforma es simple y no es heteronormado, así que podría ser un buen canal para ligar, tú eres quien da el primer paso, así que el chat no está habilitado hasta que tú decidas y con quién para evitar el acoso.
  • Bumble Biz: Funciona igual al anterior, solo que éste tiene el propósito de buscar empleo.

Los principales contras que veo en estas plataformas es que se mercantilizan como una “respuesta feminista”, donde además viene disfrazado de autogestión, aunque si bien eres tú quien da el primer paso, al crear la cuenta lo haces a través de Facebook, así que ya sabes a dónde van tus datos.

Un componente que respalda la idea de que Me and You y Bumble están pensadas desde la perspectiva feminista es porque estas empresas tienen en la alta dirección a mujeres. La excepción es Laudrive, quienes son un par de hombres los que aparecen al frente y que aprovecharon la crisis de seguridad tanto de Uber como de Cabify para promocionarla como la plataforma por y para mujeres.

De buenas intenciones…

Entonces nos encontramos que la lucha de las mujeres se mezcla con las banderas de empresas capitalistas y es inevitable darse cuenta de que estamos ante una estrategia de conservación del status quo general, donde el objetivo es imposibilitar la libertad real de las mujeres. Solo nos venden (literal), la ilusión de inclusión, la consecusión de algunos derechos y acaso, que el tema feminista se vuelva masivo aunque distorsionando el mensaje. Todo esto es posible lograrlo porque existen ONGs feministas que se dedican a aconsejar a estas empresas para que “mejoren” su imagen hacia las mujeres aunque su propósito no sea precisamente ese.

Este problema ha existido desde hace muchos años, por ejemplo, Avon es pionera incentivando desde hace tiempo a mujeres para vender de forma “autónoma”. Bajo la promesa de libertad financiera se pone en práctica la supresión de derechos, al convertir esta supuesta autonomía en una jornada de trabajo sin límites, sin derechos y con un gran volumen de ventas de las que ellas, sólo reciben un porcentaje mínimo de las ganancias obtenidas y en este esquema, cada vez existen mas y mas empresas, incluyendo Laudrive, donde si bien las conductoras se sienten bien y seguras siendo parte de la plataforma, la realidad es que no tienen ninguna protección laboral. Adicional a que no solo ponen la fuerza de trabajo, incluso algunas hasta los medios (su automóvil, su licencia de conducir, su seguro, su dispositivo móvil, etc.)

Así es que es posible que estemos ante ese proceso de cooptación de luchas a las que se les quita su aspecto político y liberador para vendernos una marca. En consecuencia habrá que crear nuestras propias estrategias siendo conscientes de esto.