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Machos progre y su incapacidad para resistirse a NO ser los protagonistas

Machos progre y su incapacidad para resistirse a NO ser los protagonistas

By | Conversemos, Sin categoría | No Comments
Tiempo de lectura: 4 minutos

Esta semana me tocó leer, en el post de una compañera feminista en Facebook, la postura protagónica, absurda, incongruente, condescendiente de un macho progre.

Antes de continuar, les comento qué es un macho progre si nunca se habían encontrado con el concepto: se trata de ese espécimen que se dice progresista y que apoya el avance de diversas causas sociales, pero cuando se trata de la radical idea de que las mujeres son seres humanos, con los mismos derechos fundamentales que todos (feminismo), el macho que vive dentro de él le impide aceptar los avances que pide esta corriente.

La incapacidad del macho progre a dejar pasar lo que no le incumbe

Y bueno, respecto a este incidente, no sorprende su postura siendo un macho progre. Sin embargo, en esta situación el individuo en cuestión superó cualquier ejemplo que hubiera visto de machismo, conservadurismo, pasividad, homofobia y otras ‘bellas’ ideologías.

Analizar el hecho no tiene el objetivo en lo absoluto de humillarlo, porque ni siquiera mencionaré su nombre, sino que la idea es explicar qué y por qué todo lo que llegó a decir este individuo es injustificable, impertinente, insensible, en resumen, poco inteligente. Si tú eres hombre y piensas así, más te valdría autoanalizarte, estudiar y reflexionar.

El post ‘provocador’

El anterior título lo escribo con mucho sarcasmo porque no, para nada se trataba de un post provocador.

Esta imagen tiene como único fin ayudar a quien vive estas situaciones a reconocer la violencia y los grados de ésta que puede estar viviendo, que quizá ha normalizado y por ello no percibe.

Pues bien, el macho progre en cuestión llegó a opinar lo siguiente: “¿ Porqué (sic) no en lugar de obsesionarse en señalar los defectos de los muchos malos hombres y el error de la mujer al tolerarlo en su vida, se proponen exhaltar (sic) las cualidades de los pocos buenos y que antes de casarse o formar unión libre, se establezcanlas (sic) reglas del juego ? Creo se lograría más… En términos psicólogicos, no dejarán de haber parejas disfuncionales mientras la mujer masoquista necesite al hombre sádico (o viceversa) y formen la unión tácita. El error entonces no es sólo del hombre”.

En primer lugar, señalar lo que está mal no es ‘obsesionarse’ con nada y más cuando este post no era dirigido el agresor para atacarlo o cosa similar, sino una forma de alertar a la persona agredida.

En segundo, la existencia de hombres ‘buenos’ es irrelevante: los hombres malos son los que humillan, acosan, violan, matan a las mujeres. Si los hombres buenos quieren ‘reconocimiento’ tienen que hacer algo concreto para ayudar a la otra mitad de la humanidad, porque no, las mujeres no vamos a exaltar que se comporten con el mínimo de decencia hacia otro ser humano. Su inacción es ejemplo perfecto de la frase que dice: “La única cosa necesaria para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada”.

En tercero, antes de casarse o establecer una relación seria las personas violentas usualmente realizan un proceso de grooming o tratar a la posible víctima en una forma excesivamente agradable, amable, ‘romántica’, hacerla bajar cualquier defensa, aislarla de quien puede señalarles cosas inaceptables como los celos, la posesividad, el control que ejercen esas personas. No, no es posible “establecer ninguna regla del juego” cuando uno de los jugadores esconde sus cartas.

En cuarto, explicar y hasta justificar la violencia de género como la conjunción de una “mujer masoquista” que ‘necesita’ al “hombre sádico” es reducir hasta el ridículo cómo se llega a este tipo de relación, porque de todo tipo de mujeres, con todo tipo de estatus socioeconómico y educativo, incluso algunas feministas, pueden terminar en una relación violenta, ya sea violencia emocional, psicológica, monetaria o incluso física. ¿Cómo es posible? No, no es porque les guste sufrir, sino porque las multitudes de señales, micromachismos y violencia en general nos las han justificado día con día, desde niñas. Difícilmente las percibimos a menos que nos encontremos con una imagen como la compartida, que CUESTIONE ese status quo.

En quinto, culpar a la víctima es lo más bajo que puede haber, disfrazándolo de que es un ‘error’ de las personas involucradas en una relación. Además, nunca se habló de parejas heterosexuales solamente, pues es posible que esto exista en otro tipo de relaciones, por ejemplo, las homosexuales. Esto puede pasar porque a una parte de la pareja pueden haberle enseñado que debe aceptar la violencia como ‘parte’ del amor y a la otra muy posiblemente le dieron el rol de ser quien obtiene el poder en esa relación. No es así de simplista como un ‘error’.

No les cuento el resto de sus justificaciones cuando le respondieron varias mujeres, incluyendo muchas que trabajan diariamente desde su trinchera por acabar con la violencia, porque fueron ridículas, pero en resumen, cayó en homofobia (decir que las únicas relaciones ‘naturales’ eran las de hombre y mujer, aunque seamos ya 7 mil personas en el mundo y no se ponga en peligro ninguna ‘supervivencia’ de la especie con la existencia de personas homosexuales), en conservadurismo y egoísmo (afirmar que “hay valores universales” para luego implicar que esos valores universales son sólo los que él nos llegó a compartir), en pasividad (no se puede hacer nada contra estas situaciones, decía) y otras linduras.

Y todo porque quería reconocimiento, que le diéramos su premio por, según él, no ser de esos hombres malos que violentan, que le dijéramos que él sí se merecía una pareja por ser así (nunca se dijo ni que todos los hombres fueran violentos ni que no merecieran una pareja).

Si en vez de llegar desde una postura de soberbia, tratando de “hacernos ver” a las mujeres que les respondimos sus posturas, incluso contradictorias, que estábamos equivocadas; si hubiera llegado con una idea de escuchar y aprender, el resultado sería otro. Pero no. Su afán protagónico, convertir algo que no tenía que ver con él en algo centrado en él lo desvío todo. Y es una lástima, porque esta persona, que se niega a siquiera cuestionarse, después reproducirá todas sus tendencias con alguien en el mundo real. Y eso es lo más terrible de estos privilegiados machos progre.

Carreras en círculo por Cambridge Analytica

By | Análisis, Autogestión, Conversemos, Noticias, Redes Sociales, Tecnología | No Comments
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Desde hace días una noticia central anda en rondando todos los muros de Facebook y es tema de conversación en todas partes: la participación de Cambridge Analytica en la utilización ilegal de información obtenida de usuarios de Facebook para la campaña presidencial estadounidense de 2016.

Hay tanta información y al mismo tiempo tan escueta, que poco se logra transmitir sobre la relevancia de este suceso. Es inevitable sentir esa sensación de engaño y despojo cuando los titulares se centran una y otra vez en que se manipuló la opinión pública y ello llevó a la silla presidencial a Tr*mp, incluso se contempla que en México también hayan contratado sus servicios. Pero ¿queda claro por qué y cómo pasó todo esto?

Cuando alguien busca o tiene contacto con una fuente que consideran experta en estos temas, las respuestas agregan temor y responsabilidad a la carga anímica. La línea de conversación va sobre que la usuaria no sabe usar la plataforma, que le entrega sus datos a quien sea y en resumen, que es torpe y casi causante de todo esto.

Seguramente a mas de una le ha cruzado la idea de cerrar su cuenta de FB o de perdida, dejar de usarla en lo que se calman las cosas, porque ¿qué mas se puede hacer si por un lado nos dicen que la extracción o fuga de datos se realizó de manera tramposa y por otro, que nosotras se lo facilitamos porque no sabemos usar las herramientas? Hay poca información concreta y clara sobre qué hacer, si es que se puede hacer algo o ya mejor nos esperamos a que se nos pase el susto y regresamos “a la normalidad“.

Y es aquí justamente donde encuentro la relevancia del suceso: la desinformación como constante hace propicia la vulnerabilidad de nuestra información. En esta ocasión, se utilizó para conseguir el voto a favor de Mr. Orange, aunque cotidianamente se usa para vendernos cosas.

Para pasar de agente pasivo a sujeto activo, una clave es entender cómo funcionan las cosas y en este caso, internet (actualmente). No la imagines como una caja negra de contenido misterioso y desconocido. Basta que seas consciente de estos tres conceptos base:

  • Las plataformas como Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram, WhatsApp, etc y los buscadores como Google, Bing o Yahoo, son desarrollados por empresas que tienen como objetivo primario, colectar información para venderla.
  • Somos consumidores y productores de información al mismo tiempo. Con sólo tener una cuenta en cualquier servicio, vamos dejando rastro de lo que nos interesa, lo que nos disgusta, nuestras ideas, miedos, propósitos, etc. Cada post, cada interacción, cada visita, cada búsqueda, cada conversación son datos que se transforman en mercancía.
  • Borrar el rastro que hemos dejado es casi imposible, pero sí podemos minimizar el rastro futuro. Todas las plataformas tienen políticas de privacidad, términos y condiciones. Todas proveen un panel de control para la configuración. Todas envían notificaciones de lo que van a hacer y… ¡todo eso viene en formatos poco entendibles, saturados, incómodos para leer y muchas características pensadas en que las saltemos!

Así que aquí es donde empieza tu participación consciente: qué tanto necesitas que sepan dónde vives, trabajas o estás; para qué darle acceso a todos sobre lo que opinas, haces, piensas, quieres; qué tanto usas el login automatizado para entrar a otras aplicaciones, es evidente que por comodidad lo haces, sólo tenlo presente y pregúntate con frecuencia si quieres mantener vinculadas las cuentas de tantos servicios o aplicaciones en una sola plataforma. Explora la configuración, no vas a descomponer la plataforma ni a dañar tu computadora, teléfono o tableta por cambiar algo. Y en caso de que algo le moviste y no está resultando como esperabas, acércate a redes de mujeres que seguramente te ayudarán. No estás sola.

Si no damos paso a la autogestión del uso de cualquier cosa que se conecte a internet, ese temor o sensación de vigilancia se disipará y la normalización y el control de otros tomará su lugar.

Cosas que pasan

By | Análisis, Conversemos, Cultura de la violación, Feminismo, Food for thought, Reflexiones, Sexismo | No Comments
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Aunque no seamos del todo conscientes de ello, nuestras elecciones en el lenguaje que usamos cotidianamente no son casuales. Pueden ser, y a menudo lo son, descuidadas, pero incluso este descuido está relacionado mucho más con la familiaridad que con la casualidad. Por eso mismo, cuando se habla de un crimen, no es una coincidencia la forma en que se habla de la víctima y la forma en que se habla del victimario, incluso si la identidad de este segundo es un enigma. Mucho se ha hablado en otros espacios de la tendencia social a culpar a la víctima de los delitos y acciones criminales a los que una persona decide someterle. Especialmente, cuando se trata de violencia sexual, y cuando las víctimas son mujeres. Es más fácil convencerse de que podemos evitar ser víctimas de la violencia sexual que alguien decida ejercer sobre nuestros cuerpos si creemos que hacemos todo lo necesario para no ponernos en peligro.

Poco importa, en la mentalidad colectiva, que esto último sea una falsedad y que los hechos lo demuestren constantemente. La sensación de seguridad es más urgente que el entendimiento de las complejidades del comportamiento social en torno a la sexualidad. Así, podemos encontrar a menudo que hay dos líneas de pensamiento que orientan la forma en que la gran mayoría de las personas van a hablar de las víctimas de violencia sexual, primordialmente estas víctimas son mujeres adultas. La primera, es la que las hace culpables inequívocamente: desde el “si ya sabe cómo están las cosas, ¿para qué se arriesga?” al “si no quería que la violaran, ¿qué estaba haciendo ahí?”. Poco importan las circunstancias: la víctima tenía conocimiento y experiencia suficiente para prever (o haber previsto) las acciones de su victimario, pero un error de juicio la llevó a jugársela de todos modos. Sobre esto volveremos más adelante.

La segunda línea se presenta como menos prejuiciosa, incluso más “humanitaria”, si se quiere ser generoso. La víctima no tiene la culpa de “lo que le pasó”. Aquí, lo problemático no es que pasara o no pasara algo, sino que al eliminar a un sujeto activo de la expresión, se está de todos modos dejando a la víctima sola, como único elemento humano presente en las acciones que sucedieron. Porque cuando algo malo “le pasa” a alguien, no siempre sucede porque alguien más lo haya hecho, o siquiera porque lo haya querido: fue un accidente sin culpables, un desafortunado suceso que nadie quería que ocurriera. Pero resulta que las violaciones y los feminicidios no son sucesos desafortunados que nadie puede prevenir: son el resultado de decisiones criminales y perjudiciales que alguien toma para ejecutarlas en perjuicio de alguien más. Un hombre decide violar a una mujer; un hombre decide quitarle la vida.

Un caso muy reciente, y que evidencia completamente el problema discursivo de describir las acciones como “cosas que pasaron” es el que involucra a Karen Grodzinki y Axel Arenas. A lo largo de las últimas dos semanas, tuvieron lugar el feminicidio de la primera, la captura del segundo como presunto culpable, y su liberación al acreditarse, mediante las pruebas presentadas, que no estaba dentro del país al momento del delito. Cabe mencionar que, siendo que se trata de un caso sin resolver, pero en el cual la no culpabilidad del acusado ha sido comprobada, no estamos hablando del delito en sí, sino de la forma en que algunas personas han hablado en torno a las acciones.

Como suele suceder en estos casos, el acusado tiene a su alrededor una red de conocidos y seres cercanos a quienes el señalamiento de su probable culpabilidad indignó y tomó por sorpresa. Nada de malo hay en ello: todos, incluso el más cruel de nosotros, tiene familia, amigos, colegas. Nada de malo tiene, tampoco, que esta red de conocidos haga todo lo que crea conveniente para probar su inocencia, especialmente si están convencidos de ella y tienen forma de comprobarlo. El problema es que uno de estos conocidos, un antiguo colega del acusado, durante una entrevista, lamentó “lo que le pasó a la chica”. Es poco probable que hubiera una intención dolosa detrás de la forma de expresarlo, o que lo dijera con toda consciencia de ello. Pero la hay: cuando se presenta un delito como “algo que le pasó” a la víctima, no estamos diciendo que no sepamos quién lo cometió, estamos menospreciando la intencionalidad detrás de ese delito. Y lo mismo podría decirse de que el joven actor, Axel, haya sido señalado como culpable: no “le pasó” que lo acusaron, sino que una o unas personas concretas, que trabajan en una institución cuya función primordial es brindar justicia expedita, lo acusaron falsamente, sin pruebas que sustentaran los cargos. No fue casualidad, no fue una coincidencia: fue una enorme perversión de los atributos de dicha institución.

Mucho se ha discutido sobre los cambios que tienen que llevarse a cabo en la sociedad para que el problema de violencia sistémica en contra de las mujeres se solucione. Y mucho se habla de la educación y sensibilización como elementos fundamentales de cualquier propuesta que llegue a implementarse. Sensibilizar sobre la violencia no se limita a entender las acciones, sino también la manera en que, con nuestras palabras, elegimos justificar o minimizar dichas acciones.

 

Cómo ser feminista y no morir en el intento

Cómo ser feminista y no morir en el intento

By | Conversemos | No Comments
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Desde que me comencé a identificar con el feminismo de forma consciente -porque al principio sólo era un instinto, no algo definido y real, con nombre como ahora que conozco más de este movimiento-, prácticamente todos los días trato de ver el mundo a través de estas ideas.

Diariamente busco cómo compaginar lo que ocurre a mi alrededor con mi búsqueda de un mundo mejor para mí misma, para mi hija, para mis congéneres mujeres.

Todavía me sorprende que haya quien descalifica la simple y radical idea de buscar un mundo en que las mujeres tengamos tantos derechos humanos como los hombres. Y esa descalificación la basa en prejuicios, en ideas preconcebidas, en una percepción errónea de los ‘daños’ que supuestamente las feministas les causamos al pedir equidad.

Esta semana tuve varios encontronazos con esa visión. Y aunque no son casos que me afecten en un ámbito más cercano (que vaya que abundan y duelen, como los múltiples abusos, desapariciones y feminicidios que ocurren en México), sin duda me dejan pensando todo el camino que falta por andar.

La ‘amenaza’ del feminismo a los hombres

Tenemos, por ejemplo, a la luz de las múltiples acusaciones que diversas mujeres han hecho contra depredadores sexuales en Estados Unidos, mucha gente que se encuentra más preocupada por la posibilidad de que cada interacción que tienen con las mujeres sea vista como inapropiada y les cause ‘acusaciones falsas’.

¿En serio? ¿Eso es lo importante en estos acontecimientos? ¿La ‘amenaza’ a los pobres hombres inocentes a los que pudiera ocurrirles que una mujer ‘malinterprete’ sus buenas intenciones (¿?) y los acuse de acoso sexual?

Como una tuitera escribió, esos hombres asustados, que se preguntan si no serán los próximos en ser acusados de acoso sexual, pregúntense: ¿alguna vez acosaron a alguien? ¿No? Perfecto. ¿Sí? Entonces preocúpense.

Y sí, es así de simple. ¿No saben si efectivamente acosaron a alguien? Para eso estamos las feministas, muchachos, si verdaderamente quieren saber qué es acoso y llegan con nosotras con una actitud de escucha (verdaderamente, no nos busquen si quieren justificarse o tacharnos de exageradas o en alguna forma fingir que les interesa, pero en realidad sólo quieren reafirmarse).

La ‘tristeza’ de la vida arruinada de los ‘pobres’ hombres señalados por lo que hicieron

Aunque ustedes no lo crean, sí, existen estas actitudes allá afuera. No los impacta el horror de lo que muchas mujeres tuvieron que pasar a manos de un hombre con poder, no, lo que les importa es la vida arruinada de los hombres acosadores ahora que se descubrieron sus acciones.

De nuevo, ¿es eso lo relevante en todo lo que está ocurriendo? La respuesta es obvia: no. Estos hombres han podido andar años y años por el mundo, disfrutando su poder, haciendo su trabajo felizmente, obteniendo “favores” que no tenían por qué obtener gracias a su posición y su prestigio.

Si vamos a lamentarnos por algo, sería mucho mejor preguntarse cuántas mujeres quizá no cedieron a sus exigencias y de cuántas de ellas nos perdimos su aportación, su trabajo, su brillantez, su luz. De eso deberíamos lamentarnos.

Los depredadores ya tienen muchos defensores. Dejen de ponerse del lado de quien no merece ni un segundo más de permisividad.

Por supuesto, estos son sólo dos casos. Son incontables las situaciones y los casos en que me pregunto cómo es posible que alguien, incluso bien intencionado, llegue tan rápidamente a la conclusión más errónea posible sobre una idea, exigencia o situación feminista.

En general, mi esperanza es que, ahora que las mujeres estamos cada vez menos dispuestas a dejarnos pisotear, que estamos alzando la voz, que estamos señalando lo que antes callábamos, estas actitudes vayan disminuyendo. Espero que así sea. Quiero creer que así será.

Por qué las mujeres deberían estar en más ámbitos de la vida

Por qué deberíamos impulsar la inclusión de las mujeres

By | Conversemos | No Comments
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Si últimamente parece que muchas situaciones sexistas están siendo denunciadas y más acosadores surgen hasta debajo de las piedras, denunciados por sus víctimas, es por una simple razón: masa crítica de mujeres en diferentes ámbitos de la vida.

¿Qué significa esto? Que más mujeres han llegado a diferentes áreas de poder, desde en Hollywood (donde denunciaron a gente que abusa de su poder como Harvey Weinstein y otros) hasta en las mesas directivas de las empresas.

El hecho es simple: cuando cierto número de mujeres llega a un ámbito -de acuerdo a los científicos, un 20 a 30% – las cosas comienzan a cambiar.

Este concepto, que inició en la física como la cantidad de material que se necesita para que una explosión nuclear se sostenga, también se ha usado en la sociología para explicar el fenómeno de, que si se desea el cambio, un número mínimo de personas interesadas en esto deben participar.

Participación, clave para lograr los cambios

Y es que la única forma en que una institución, privada o pública, comience a cambiar de prácticas machistas a prácticas equitativas es que la población afectada por sus acciones (u omisiones) participe en las decisiones.

Los cambios en industrias como Hollywood o los medios pueden tener un efecto dominó: las denuncias en un área pueden influir en otra.

Pero se necesita que suficientes mujeres tengan cierta influencia (y estén dispuestas a ejercerla) en otras áreas para poder lograr más cambios.

Por fortuna, cada vez existe más participación femenina en todos los ámbitos. Sin embargo, es necesaria más acción. Tanto para hacer sentir (y tener estadísticas) de nuestra presencia, como para comenzar a movernos de forma más organizada para lograr los cambios.

Muchos querrán que las cosas continúen igual (después de todo, cuando una mujer denuncia una injusticia causada por ideas machistas, siempre existe alguien que pierde su poder) pero ya no es posible quedarse calladas cuando todo tipo de personajes se han beneficiado de nuestro silencio, desde los abusadores sexuales hasta los que nos asesinan simplemente porque pueden.

Es tiempo de unirnos y dejar de creer que porque “las cosas siempre han sido así”, es así como deben continuar. Normalizar el maltrato, leve o grave, no es aceptable. Incluso opinar contra esas situaciones puede ocasionar cambios. Por lo tanto, es esperanzador que más mujeres se estén dando cuenta de esto y actuando: sólo así podemos dejar de ser ciudadanas de segunda en muchas situaciones.

Tener un amigo con derecho y ser feminista. ¿Se puede?

By | Conversemos, Sexualidad | No Comments
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De las relaciones de no novios (free, amigos con derecho, amantes o como les quieras llamar)  se suele decir que casi por regla general alguien se termina enamorando, y en el caso de las personas heterosexuales se dice que casi siempre quien se enamora es la mujer. Esto, en la sociedad patriarcal lo quieren explicar con el argumento de que las mujeres somos seres emocionales y que por tal motivo no tenemos capacidad para disfrutar de nuestra sexualidad con otra persona (en este caso un hombre) sin enamorarnos.

Que en la mayoría de este tipo de relaciones es la mujer quien termina sufriendo (pero no necesariamente porque se enamore) es verdad, pero que eso ocurra no es porque en nuestro código genético venga predeterminado que irremediablemente nos vamos a enamorar de un  hombre por tener sexo con él; que esto suceda, lo explica que a las mujeres se nos educó o se les sigue educando (en el caso de las adolescentes) con la idea de que el objetivo de toda mujer es el matrimonio (heterosexual); y que la que no se case, aun cuando tenga grandes logros a nivel profesional y/o personal es una mujer a la que algo le ha de faltar para que no haya tenido la “fortuna” de ser elegida de entre “las otras” para ser la esposa de un hombre. Se nos ha dicho que para ser “la elegida” además ser más bonita, y más modosita que las demás también hay que ser decente, y con decente siempre se han referido a ser virgen hasta el matrimonio, o en los últimos tiempos tal vez no virgen pero sólo tener sexo por amor porque la que lo hace sólo para su disfrute pierde su valía como ser humano, y por tanto menos posibilidades de ser elegida. A su vez, con la liberación sexual femenina se ha retorcido el discurso a través de mensajes como: “Empodérate teniendo sexo para que no seas mojigata como las otras.”, “Ten sexo y si te enamoras te quedas calladita y sigues cogiendo para que vea que no eres como las otras que se enamoran”, “Haz un trío (o cualquier práctica sexual que no te guste) para que vea que no eres remilgosa como las otras”; y al final todo se reduce a demostrar “ser mejor” que “las otras” según convenga mientras ellos, los “hombres liberales” le aplauden a las “mujeres liberadas” diciéndole “Sí, que bueno que no eres como las ridículas mojigatas”; y a su vez, cuando están con esas que tachan mojigatas les dicen “Sí, que bueno que eres decente y no puta como las otras”. Con todo esto, no es para que nos sorprenda que la mayoría de mujeres que entran en relaciones de este tipo en un principio traten de agradar al tipo haciéndoles ver que ellas son más liberales que las otras, que luego se sientan mal consigo mismas porque el tipo no las ha elegido para una relación monógama, que para seguir queriendo demostrar que no son sensibles como “las otras” aguanten estar en una relación que les causa más pesares que placeres (y a veces ni eso) e incluso aceptando prácticas sexuales que les desagradan, que luego si el tipo se hace novio de otra mujer ellas terminen sintiéndose “usadas” porque “la elegida” fue otra.

Entonces ¿Es posible tener una relación de este tipo y no sufrir? Por experiencia propia les digo que sí; pero si tú lectora estás pensando en vivir una de estas experiencias o volverla a repetir a pesar de haberlas vivido y sufrir yo te sugeriría que te hagas las siguientes preguntas:

¿Deseas realmente tener sexo? Si la respuesta es no o estás dudando entonces te recomiendo no te involucres. Y no te dejes convencer porque un machito te trate de reprimida queriendo retorcer a su favor el discurso de la liberación sexual femenina.

¿Estás esperanzada a convertirte en pareja de ese hombre? Si en el fondo estás esperanzada a que eso pase deja te digo que eso pocas veces pasa y es por dos motivos; uno de ellos es que hay mucho tipo machista que ve mal a este tipo de mujeres a pesar de tener sexo con ellas y ¿Para qué querrías de pareja a un macho que nos valora en función de nuestra nula o muy activa vida sexual? La otra es porque hay hombres que sin ser necesariamente unos patanes no quieren una relación monógama nunca, o tal vez sí pero no en ese momento, o tal vez no la quieren contigo ¿Y? Qué así sea no te hace menos valiosa como ser humano; y que no la quiera contigo puede ser porque quizá no tienen mucha afinidad o tiene planes de vida distintos a los tuyos.

¿Cómo te sentirías contigo misma después de involucrarte en una relación de este tipo? Esta pregunta puede parecer un poco tonta pero no lo es. Una mujer feminista rechaza las categorías de santa y puta en la que nos quiere encasillar la sociedad dependiendo de nuestra nula o mucha actividad sexual; pero cuando hemos recibido una educación muy patriarcal aunque una sea consciente de que nuestro valor como personas no depende de algo tan personal como no haber tenido sexo o por el contrario tener múltiples parejas esto puede llegar a hacerte sentir mal. Se los digo por experiencia propia, en mi caso a mí me educaron con la creencia de que una mujer que tiene sexo prematrimonial es una mujer que ha caído en desgracia porque nadie va a querer elegirla, pero aun cuando yo rechazaba esa idea postergué mucho tiempo el inicio de mi vida sexual con mi novio de aquel entonces (ya ni pensar en free) porque sabía que de hacerlo eso me iba a causar conflictos emocionales.

¿Cómo habla de sus ex novias, ex amigas sexuales o amigas sexuales que siga teniendo? Con esto recomiendo ser bien cuidadosa, porque si bien la mayoría de los hombres no está interesado en una relación de novios monógamos con su amiga sexual, por lo regular sí siguen queriendo que hasta en este tipo de relaciones sin compromiso ellas sí se comprometan. Y lo digo porque conozco mujeres que se han involucrado en este tipo de relaciones sin tener interés en una relación monógama con su free, pero pasado un tiempo, estos tipos (que casi siempre son ellos los que dejan en claro aquello de “sin compromisos”) les hacen reclamos porque aunque ellos no quieren un compromiso si quieren que para los encuentros sea ella quien sacrifique sus tiempos, cancele planes que ya tenía; o peor aún, cuando ellas deciden no continuar con la relación porque se hicieron un novio o porque simplemente ya no les apetece estos tipos les hagan un berrinchito e incluso lleguen a acosarlas.

¿Y si ya me involucré?

Si te involucraste en una de estas relaciones de igual manera hay un par de consejos que desde mi experiencia podría darte.

Si no gustó la experiencia sexual con ese hombre tienes derecho a no volver a repetir. No importa si sólo estuviste una vez con él o ya perdiste la cuenta, si no te gusta no estás obligada a seguir. No le debes sexo a él ni a nadie. Tampoco le debes explicaciones, menos si él fue el de la idea de no compromisos.

No aceptes tener prácticas sexuales que no te gustan. Muchos hombres heterosexuales al buscar tener una free van con la idea de que con ellas pueden hacer todo lo que con una novia no harían, y lo más típico es que te pidan participar en un trío donde incluyan a otra mujer. El simple hecho de que tengan esa fantasía y que de tener la oportunidad la lleven a cabo no tiene nada de malo, pero si tú no quieres ser partícipe de esa o cualquier otra práctica sexual tienes derecho a negarte, y si te insiste con lo mismo o quiere convencerte retorciendo a su favor el discurso de la liberación sexual femenina deberías mandarlo al carajo; porque el objetivo de tener un free es obtener placer sexual.

Si te genera conflictos emocionales tienes derecho a alejarte. A veces ocurre que si la mujer no ha logrado deconstruir del todo los mitos del amor romántico comienza a tener sentimientos por el free: enamorarse, desear una relación, ponerse celosa de otras free que tenga el chico o de la posibilidad de que pueda querer una relación de monógama con otra; o incluso no estar enamorada pero igual sentirse mal con ella misma porque siente que está dando algo muy valioso como para que no se le elija para una relación monógama. En caso de que esto suceda o ya haya sucedido, por tu bienestar emocional te recomendaría alejarte. Si fue él quien puso la regla de “no compromisos” te recomendaría no darle explicaciones, pero en caso de que decidas hacerlo y trate de convencerte para seguir con la relación de free diciéndote que tal vez más adelante podrían ser pareja sal huyendo, porque entonces estás frente a un patán egoísta que es incapaz de darte un rotundo “No” con tal de seguir en esa relación free en la que no te sientes cómoda.

No des más por esa relación de lo que recibes. Por la manera en que la mayoría de las mujeres hemos sido educadas, es común que en estas relaciones las mujeres terminen dando más que el hombre free a pesar del acuerdo de no compromiso. Esto ocurre cuando tú comienzas a considerarlo como si se tratara de una relación monógama (en la cual sí hay ciertos compromisos) a la hora de hacer planes para verte con tus seres queridos, cuando comienzas a cancelar encuentros con otras personas por estar con él. No te recomiendo que lo hagas, y si es él quien te lo pide deberías replantearte seguir viéndolo porque no tiene derecho a pedirte que hagas por él cosas que no pactaron y que de seguro no haría por ti.

Después de darte estos consejos, desde mi experiencia te puedo decir que si llegas a tener una amistad con tu free si puedes encariñarte con él, y que esto no es malo si se trata de un cariño no posesivo. Yo he tenido dos relaciones de este tipo, y a uno de ellos, más que considerarlo un free lo consideraba algo más cercano a un amigo. Con ese hombre pasaba largas horas charlando de cosas que nada tenían que ver con sexo, me contaba cosas de su vida y yo de la mía, así que irremediablemente me encariñé un poco con él; sin embargo, nunca tuve el anhelo de ser su novia porque nuestros proyectos de vida eran y siguen siendo distintos,  y porque lo conocí  en una etapa donde no sé si quiero volver a tener una relación monógama; además debo decir que a pesar del cariño nunca sentí celos de que se involucrara con otras ya que incluso llegábamos a hablar de otras personas que nos gustaban.

Finalmente, pido disculpas a las mujeres con otras orientaciones sexuales y a las que han decidido no involucrarse más con hombres; a las primeras les quiero decir que de esto que hablé es algo que ocurre frecuentemente a las mujeres heterosexuales que se involucran en relaciones de este tipo y es necesario visibilizarlo, además al no ser yo lesbiana o bisexual me es complicado hablar de las experiencias de ustedes porque no las he vivido. En el caso de las feministas que han decidido no relacionarse más con hombres quiero que sepan que se los respeto y las entiendo, pero hablar de esto es necesario porque seguimos habiendo mujeres que nos involucramos con hombres, y seguirán habiendo muchas que terminen sufriendo en este tipo de relaciones porque la educación patriarcal que se les dio todavía tiene mucho peso en ellas y deconstruirse no es fácil, por tanto, quienes vivimos estas experiencias disfrutándolas y sin que nos cause conflicto debemos ayudarlas y de paso romper con ese mito de que nosotras no somos seres racionales y que todo lo elegimos en base a nuestras emociones.

LA OTRA MUJER

By | Conversemos | No Comments
Tiempo de lectura: 5 minutos

Hace un par de días mientras revisaba las notificaciones de mi facebook me encontré un post en el que se podía leer: “Sé sorora con las mujeres que tienen un pacto de fidelidad con su pareja”. Lo leí un par de veces más tratando de asimilar y encontrarle algo positivo al mensaje pero la verdad es que no me terminaba de gustar y lejos de verlo como algo que pudiera fomentar pactos de hermandad entre mujeres me pareció que podía crear división entre nosotras; y en efecto, al leer los comentarios comprobé que no estaba tan equivocada pues varias compañeras terminaron peleando entre ellas.

Dicha situación entonces me llevó a hacerme varias preguntas:

¿Calificar de “no sororaria” a esa mujer que sale con un hombre que tiene pacto de exclusividad con otra no será más bien la manera sutil de querer denigrarla pero sin llamarla “puta” o “rompehogares” para que no se ponga en tela de duda nuestro feminismo?

¿Le conocemos la vida a esas mujeres como para hacer un juicio tan precipitado? ¿Sabemos que es lo que a cada una de ellas las ha llevado a estar en esa situación?

Siempre que se toca dicho tema suelo salir en defensa de esas mujeres a las que llaman “la amante”,  “la quita novios” o “la rompehogares”; y las personas suelen dar por sentado que si lo hago es porque he estado en esa situación, pero lo paradójico del asunto es que lo que me llevó a ser empática con estas mujeres es haber sido la novia a la que le estaban siendo infiel. Al recordar esa situación siento orgullo de la manera por como manejé las cosas, aunque lo penoso es que mi sororidad para con la chava estaba condicionada y es de eso de lo que les voy a hablar ahora.

Llegar a ser feminista no es como que un día despiertas y ya te sacaste al patriarcado de adentro, es un largo proceso de cuestionarse porque haces ciertas cosas para poder reconstruirte, y cuando yo andaba de novia con mi ex novio infiel se podría decir que era una feminista en pañales; pues si bien era consciente y ya defendía que una mujer tenía los mismos derechos  que un hombre y no tenía que aguantar ciertas situaciones, también desde mi posición a veces privilegiada me daba por tachar de pendejas a mujeres que están en situaciones que no les gustan pero que aguantan.

La manera en que yo me enteré de que mi ex novio me estaba siendo infiel fue por parte de la chica con quien me estaba poniendo el cuerno ya que ella me hizo llegar capturas de pantalla en las cuales quedaba comprobado lo que estaba sucediendo, y de paso me pidió que le dijera cual era la decisión que pensaba tomar al tener las pruebas en la mano para ella poder tomar sus propias decisiones. No sé  si fueron pocos o muchos minutos los que me quedé tratándo de asimilarlo,  pero si recuerdo que sentía mucho coraje contra mi entonces novio, mientras que por la chava tenía sentimientos parecidos al agradecimiento por decirme lo que estaba sucediendo y algo de lástima porque sus motivos para que yo me enterara más que por querer hacerme un favor era para de alguna forma quitarme de en medio. Finalmente, decidí hablarle por teléfono a mí novio para cortarlo, y como sucede en la mayoría de los casos el trató de victimizarse y culpar a la chava; pero para mí el único culpable era él, así que decidí que no habría segundas oportunidades.

Las tres semanas posteriores al suceso como es de esperarse no fueron agradables: por un lado mi ex pensaba que estaba haciéndome  la difícil, yo en verdad la estaba pasando mal como cualquiera que termina una relación, nunca faltaba la persona que me salía a decirme cosas como “si de verdad te estuviera doliendo lo perdonarías porque el amor todo lo puede”, y como si no fuera suficiente tuve que lidiar con mensajes de la chica en los que me insultaba en tanto que a él le justificaba su actuar.

El hecho de que esto sucediera a inicios de mi devenir feminista fue lo que me llevó a querer romper la relación y también gracias a eso fue que en su momento no vi a la chava como la culpable; sin embargo, aunque no la culpaba de la infidelidad de mi ex si llegué a burlarme de ella muchas veces y tildarla de “pendeja” por haberse puesto en una situación donde no quería estar (una relación sin compromiso) cuando claramente lo que ella quería era otra cosa (una relación monógama con compromiso) y por tener la esperanza de que con ella podía ser diferente si luchaba por ese “amor”. Así mismo, cada que sabía de una mujer a la que su novio o marido le era infiel y ella perdonaba me burlaba, y creyéndome superior decía “Y eso le pasa por pendeja, así que se lo merece. Si yo pude cortar ellas también pueden”.

A día de hoy que ya han pasado tres años de ese suceso y habiendo aprendido más en mi camino como feminista no sólo no culpo a las mujeres en una de esas dos situaciones (sea como “la otra” o como la novia/esposa que perdona los cuernos), también he dejado de burlarme ¿Y saben por qué lo hago? Porque el hecho de que existan mujeres en una de esas dos situaciones a final de cuentas es por la misma razón; y es nada más y nada menos que la presión social que se ejerce sobre las mujeres de que deben tener pareja; sólo que en esos casos mientras una vive esperanzada a convertirse en la pareja oficial del hombre para llenar el requisito social, la que es pareja oficial aguanta por lo mismo.

Así que, compañeras, cuando vean a una mujer en una de esas dos situaciones toca no juzgar ni burlarse; porque aunque muchas de nosotras no lo toleraríamos tampoco nacimos feministas, también nos han educado en poca o gran medida con ideas machistas y si volteamos hacia atrás seguramente nos daremos cuenta de que muchas veces se nos ha colado el patriarcado, y que en situaciones diversas hemos aguantado situaciones que no nos gustaban.

Finalmente quiero aclarar que me enfoqué a hablar de mujeres heterosexuales porque es a las que se juzga duramente cuando estas situaciones ocurren. Y claro, con esto tampoco quiero decir que todas las mujeres que están en una relación sin compromiso lo hacen porque están esperanzadas en convertirse en la novia/esposa, a algunas no les gustan los compromisos y es algo válido; y por supuesto también hay mujeres heterosexuales en relaciones abiertas o poliamorosas con sus parejas y eso no les causa conflicto.

Y tú, mujer que me estás leyendo, si estás pasando por una de esas dos situaciones  quiero que sepas que no te juzgo ni me burlo de ti; pero así mismo yo te quiero pedir que dejes de juzgar y denigrar a esa otra mujer que está en el lado opuesto al que tú estás; y por supuesto te invito a que te cuestiones porque sigues en una relación que no te gusta. Recuerda que la valía de una mujer no depende de tener un hombre al lado, y que si estás en una relación con compromiso, sin compromiso, monógama o abierta debe de ser porque lo disfrutas y te sientes cómoda, no para cumplir con requisitos sociales.

 

Abrazo sororario a todas.

 

Pienso, luego tengo derechos (2)

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En la columna pasada, mencionaba el desprecio que la actividad intelectual parece generar en algunos grupos sociales. Hay muchos matices a este desprecio, por ejemplo, el resentimiento y la desconfianza que generan las llamada élites intelectuales entre grupos de población cuyo acceso a la educación no está garantizado, ya sea por escasez de planteles escolares, ya por falta de recursos. Ese es un aspecto del desprecio por ciertos comportamientos que se asocian con “lo intelectual” que es innegable y que tiene unas características y causas bien definidas. Pero el problema en el que quiero centrarme se parece en mucho al primero, pero tiene, como mencioné anteriormente, otros aspectos. No se trata de condenar a quien piensa, pues con todo, la ignorancia sigue sin considerarse del todo un valor. Se trata de normar “qué tanto” o en qué manera piensan las mujeres. Y se trata de que las mujeres no piensen demasiado, principalmente porque va en detrimento de una supuesta condición natural: la de ser sentimental. En su novela autobiográfica Rito de iniciación, Rosario Castellanos rememora un momento de su adolescencia, en el que empieza a darse cuenta de que la misma característica que le ganó la simpatía entre sus familiares: el ser inteligente, articulada, “sabidilla”, al llegar a la adolescencia provoca que seres queridos y amistades escolares la rechacen, la critiquen, se alejen de ella. Aunque se trata de una experiencia obviamente personal, no deja de ser llamativo cómo el fenómeno se reproduce hasta nuestros días. A menudo, quien piensa demasiado puede resultar insolente, insoportable. Y también, aparentemente, deshumanizado.

Es aparentemente inocuo, o de plano profundamente inútil, discutir el daño resultante de mantener una cierta forma de pensamiento mágico cuando este no impide que la persona se desarrolle de manera funcional en la sociedad. Pero, como en todas las suposiciones sociales que se dan por sentado, y que tienden a establecer el marco normativo tácito dentro del cual se espera que ciertos individuos se comporten, achacar esta supuesta naturaleza marcadamente sentimental al género femenino constituye una tremenda desventaja no sólo para las mujeres, sino también para los hombres. Si unas tienen que luchar contra el estigma de sabihondas a lo largo del tiempo, a otros se les restringe justamente ese aspecto emocional y sentimental, relacionado con “sentir en vez de pensar”, lo que genera un serio desequilibrio psíquico. Mutilar sentimentalmente a los hombres es una más de las manifestaciones de la masculinidad tóxica cuyos daños se padecen no sólo entre mujeres, también entre los hombres. Suprimir, o por lo menos intentarlo, la compleja red de sentimientos que nos motivan en aras de una pretendida estoicidad mental, en realidad es muy poco inteligente. A menudo se malinterpreta el origen detrás de acciones tan inocentes como evidenciar de manera física el cariño entre los niños, por ejemplo, y especialmente si es hacia otro miembro del sexo masculino. La hombría es fría, seca, contenida: el agrado, el afecto, la solidaridad, no deben nunca dejarse ver, y mucho menos su prima fea, la debilidad, la tristeza, el descontento.

Como mencioné en un texto anterior, el impacto del deterioro de la salud mental de los hombres en los últimos años es un problema al cual no se le ha brindado todavía la atención que merece. Reprimir los sentimientos puede desencadenar serios problemas de salud mental. Del mismo modo, reprimir la curiosidad natural y su ejercicio intelectual degrada sistemáticamente a las personas. Y ninguna de esas actitudes debería definir a las personas y su género: todos somos por igual complejamente inteligentes y complejamente sentimentales.

Por qué la marca Gatorade echó a perder la felicitación a Paola Espinosa

By | Conversemos | No Comments
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En la semana una marca, Gatorade, cometió un error de comunicación al tratar de hacer publicidad con el patrocinio a la clavadista olímpica Paola Espinosa.

Paola ha ganado al menos una medalla olímpica, junto con su compañera de equipo Alejandra Orozco, en los olímpicos en 2012.

Gatorade, fabricante de diversos productos, entre ellos una bebida energética para deportistas, decidió que para felicitarla debía afirmar que ser mamá era “la medalla más grande de todas”.

¿Por qué es esto estereotípico?

Quienes vemos la vida con perspectiva de género por supuesto que encontramos problemas en la felicitación de la marca a Paola.

Paola Espinosa y la felicitación de Gatorade

Vale aclarar, para quienes no analizaron completamente, por qué nos pareció inadecuado (para los que no quieren comprender no servirá de nada): el problema no es que feliciten a una atleta por ser mamá, tampoco se está en contra de la felicidad de una mujer atleta, de su marido (también atleta, por cierto), ni de que festeje ser mamá.

El problema exacto es ¿por qué una marca que busca asociarse con deportistas de alto rendimiento, con logros atléticos, decidió que en una mujer su máximo logro, su máxima medalla, es ser mamá?

No, tampoco se está minimizando los cambios físicos que conlleva ser madre (que son muchos y definitivamente cambian el cuerpo de una mujer) ni el compromiso que puede tener después, al estar al cuidado de un hijo.

Pero, ¿es un logro? Puede ser algo muy satisfactorio, si se desea ser madre y se hace de forma comprometida. Pero muchos no lo consideran así en la vida diaria, o, si lo hacen, no se explica por qué hay tanta misoginia hacia las mujeres madres solteras que expresan frases similares respecto a ser mamá: que son heroínas por -muchas sin ayuda prácticamente- cuidar, mantener y educar a un hijo durante el embarazo y el resto de su vida. Pero de ellas sí se burlan y en ellas no es “su máximo logro”. El doble estándar, como siempre.

También, fue notorio que a su pareja, Iván García, no fue felicitado en la misma manera, a pesar de que es clavadista, ha ganado al menos una medalla y puede suponerse estuvo ahí en toda esta etapa con Paola.

Seguramente ni a Gatorade (ni a ninguno de sus machistas profesionistas de marketing) se les ocurrió. Y no se les ocurrió porque, aunque él también apoye durante el embarazo y aunque haga su parte paterna en partes iguales durante toda su vida con Paola, a un hombre JAMÁS se le dirá que esta función es “su logro más grande”.

A una mujer se le puede reducir a su función biológica como madre, a su función de crianza, porque se apega a la idea de que ésa sigue siendo su función fundamental y más relevante, NO IMPORTA si se llegó a niveles que muy pocos seres humanos llegarán en su vida (en el país, un puñado de mexicanos, de hecho).

En la mente de estos encargados de comunicación y de la marca que autorizó la felicitación, retirarle de facto ese logro extraordinario deportivo a Paola para equipararlo con algo que puede ser simplemente una función biológica –sé que esto causará molestia en algunos/as, pero es cualquier mujer con aparato reproductivo sano puede embarazarse- no es problemático.

Y lo peor, ella tuvo que salir al quite, por supuesto, porque sin patrocinios  no estaría donde está (todos conocemos el poco apoyo que ofrecen nuestras instituciones deportivas).

Triste caso, Gatorade. Lástima que no pensaron bien cómo felicitar a esta mujer, sí, dándole sus parabienes por su bebé, pero destacando sus logros, el hecho de que sí es una mujer extraordinaria, y decidieron irse a la frase cursi, al lugar común, a volverla otra “madre abnegada tipo Sara García” más.

En el proceso alejaste de ti, Gatorade, a todas las mujeres que quizá no somos medallistas, pero cada vez buscamos más empoderamiento y que no nos reduzcan al rol tradicional de siempre. Eso nunca nos lo dará tu marca y por eso (y otras razones) difícilmente estas mujeres nos acercaremos a tus productos.

Y si la perspectiva de género no te importa, quizá que más mujeres optemos por evitar comprarte (el dinero, finalmente) acabe por importarte un poco.

Vaya que se metieron aguas profundas, Gatorade

La feminización de la pobreza y su nexo causal con la migración de las mujeres

By | Análisis, Conversemos, Definiciones, Políticas Públicas | No Comments
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El concepto de feminización de la pobreza como lo define Brígida García es la alusión al mayor incremento de las mujeres en situación de precariedad en comparación con los varones, y a la conexión que ello pueda guardar con los hogares de jefatura femenina.

Tradicionalmente, el estereotipo del migrante era el hombre solo o el hombre con su familia, de esta manera, se consideraba que las mujeres migraban por las mismas razones que las del hombre de quienes dependen, ya sea el padre, el esposo o el hermano a cargo y, que las mujeres eran meras acompañantes.

Con el tiempo y a través de la mirada de género sobre los desplazamientos migratorios femeninos se observa ahora a las migrantes como trabajadoras, como personas que se desplazan movidas por una determinación laboral, y no simples acompañantes. El motivo principal sigue siendo la situación precaria y la falta de oportunidades, que si bien son problemáticas que atañen a todos, en el caso de las mujeres se magnifica simplemente por su condición de mujer. Porque la migración en las mujeres, obedece a circunstancias que se suman a los factores económicos, por ejemplo: la búsqueda de independencia; defender su libertad y autonomía; escapar de la violencia; escapar de los abusos sexuales; huir de las presiones sobre los roles tradicionales; etc.

La feminización de la pobreza va mucho más allá de la problemática específica de los hogares monomarentales o de mujeres solas. Es resultado de una organización social que no dirige su interés a la satisfacción de necesidades humanas, sino a las necesidades del mercado. 

La migración, es la solución mas atractiva para muchas mujeres y se potencía a través de la pobreza. El impacto en la economía a partir de la migración es muy alto porque éstos recursos se convierten en parte del ingreso total de las familias, los cuales son destinados al consumo básico (alimentos, salud, educación, medicinas); el sobrante, si lo hay, se utiliza en inversión física (bienes muebles e inmuebles) y de esta forma, las remesas son mas que una transferencia monetaria. Representan el único lazo de unión entre las familias, se han convertido en una manera transnacional de contacto.

Para erradicar la pobreza y lograr el desarrollo sostenible, mujeres y hombres deben participar plenamente y por igual en todas las actividades, no es suficiente mejorar la inserción de las mujeres en el mercado laboral, se requiere de un cambio profundo de las estructuras básicas de funcionamiento del actual sistema socioeconómico, entre las que están integradas las relaciones de poder patriarcales. Así como que las mujeres accedan a los medios necesarios.