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Reflexiones

Mucho ruido que despolitiza conceptos

By | Autocuidado, Autodefensa, Reflexiones | No Comments
Tiempo de lectura: 2 minutos

En prácticamente cualquier ámbito, surgen las famosas buzzwords cuando se empieza a tener notoriedad. Estas palabras pueden ser nuevas o bien, utilizan conceptos ya existentes que de pronto tienen gran popularidad (que no trascendencia). El feminismo no ha sido inmune a estas tácticas comunicacionales y hay palabras que son utilizadas en casi cualquier publicación en redes sociales con el feminismo entre sus letras. Es innegable la rápida propagación e implantación mental de estos vocablos y justo esa velocidad en que se empiezan a enunciar y a compartir contribuye a que de a poco se vaya diluyendo su importancia, relevancia y significado.

Haré mención de las que para mí tienen suma relevancia en el feminismo y que de tanto repetirlas, están adquiriendo tintes de buzzword.

Empoderamiento

Empezaré por decir que empoderamiento no es una acción que se puede transmitir o construir en terceros, es un proceso horizontal en donde una es sujeta activa y sentirse empoderada no es lo mismo que tener poder real y para ello, me apoyaré en la definición de Weber:

Por poder se entiende cada oportunidad o posibilidad existente en una relación social que permite a un individuo cumplir su propia voluntad.

El empoderamiento personal que tanto se plantea como si se tratara de un aspiracional y resulta tan atractivo, no hace mas que distraer sobre la estructura de opresión que vivimos.

Autocuidado

Continuaré por mencionar al autocuidado como clave en el proceso de deconstrucción, principalmente en la mujeres a quienes histórica y culturalmente nos han asignado el cuidado de los otros, como si nosotras mismas no importáramos. Autocuidado también es resistencia. Es enfrentar al sistema y decidir que no vamos a depender de sus satisfactores vacíos.

Una de las diversas formas y quizá la mas común en que se ejerce, es en esas situaciones en las que debemos tomar decisiones con respecto a las personas con quienes convivimos y las dinámicas de relacionamiento a fin de evitar repetir o caer en patrones tóxicos. Se ha vuelto tan cotidiano que es justo ahí donde se tergiversa su propósito y se utiliza para justificar la intolerancia y la censura. No es lo mismo poner un alto y marcar distancia ante las agresiones que sentirse agredida porque no comparten nuestra perspectiva o nos incomodan las certezas.

Autodefensa

Por último y muchas veces relacionada con la anterior, está la autodefensa. Autodefensa tiene que ver con romper esas ataduras psicológicas, emocionales, físicas, mentales, simbólicas y culturales que nos han sido impuestas en nuestra socialización para callar y no responder ante las injusticias y violencias que se ejercen de manera sistémica contra nosotras. Es un concepto que implica gran transformación, no es para darle excusa o rienda suelta al ejercicio de nuestra violencia.

Si con las palabras le damos significado e interpretación al mundo, si las palabras como componente clave del lenguaje, evolucionan, se transforman o mueren, mi propuesta es que las evolucionemos y las trascendamos poniendo en práctica los conceptos con que empoderamiento, autocuidado y autodefensa se acuñaron. No quiero que nos sean devueltas como palabras vacías. Menos aun, que mueran sin lograr el progreso social.

Cosas que pasan

By | Análisis, Conversemos, Cultura de la violación, Feminismo, Food for thought, Reflexiones, Sexismo | No Comments
Tiempo de lectura: 4 minutos

Aunque no seamos del todo conscientes de ello, nuestras elecciones en el lenguaje que usamos cotidianamente no son casuales. Pueden ser, y a menudo lo son, descuidadas, pero incluso este descuido está relacionado mucho más con la familiaridad que con la casualidad. Por eso mismo, cuando se habla de un crimen, no es una coincidencia la forma en que se habla de la víctima y la forma en que se habla del victimario, incluso si la identidad de este segundo es un enigma. Mucho se ha hablado en otros espacios de la tendencia social a culpar a la víctima de los delitos y acciones criminales a los que una persona decide someterle. Especialmente, cuando se trata de violencia sexual, y cuando las víctimas son mujeres. Es más fácil convencerse de que podemos evitar ser víctimas de la violencia sexual que alguien decida ejercer sobre nuestros cuerpos si creemos que hacemos todo lo necesario para no ponernos en peligro.

Poco importa, en la mentalidad colectiva, que esto último sea una falsedad y que los hechos lo demuestren constantemente. La sensación de seguridad es más urgente que el entendimiento de las complejidades del comportamiento social en torno a la sexualidad. Así, podemos encontrar a menudo que hay dos líneas de pensamiento que orientan la forma en que la gran mayoría de las personas van a hablar de las víctimas de violencia sexual, primordialmente estas víctimas son mujeres adultas. La primera, es la que las hace culpables inequívocamente: desde el “si ya sabe cómo están las cosas, ¿para qué se arriesga?” al “si no quería que la violaran, ¿qué estaba haciendo ahí?”. Poco importan las circunstancias: la víctima tenía conocimiento y experiencia suficiente para prever (o haber previsto) las acciones de su victimario, pero un error de juicio la llevó a jugársela de todos modos. Sobre esto volveremos más adelante.

La segunda línea se presenta como menos prejuiciosa, incluso más “humanitaria”, si se quiere ser generoso. La víctima no tiene la culpa de “lo que le pasó”. Aquí, lo problemático no es que pasara o no pasara algo, sino que al eliminar a un sujeto activo de la expresión, se está de todos modos dejando a la víctima sola, como único elemento humano presente en las acciones que sucedieron. Porque cuando algo malo “le pasa” a alguien, no siempre sucede porque alguien más lo haya hecho, o siquiera porque lo haya querido: fue un accidente sin culpables, un desafortunado suceso que nadie quería que ocurriera. Pero resulta que las violaciones y los feminicidios no son sucesos desafortunados que nadie puede prevenir: son el resultado de decisiones criminales y perjudiciales que alguien toma para ejecutarlas en perjuicio de alguien más. Un hombre decide violar a una mujer; un hombre decide quitarle la vida.

Un caso muy reciente, y que evidencia completamente el problema discursivo de describir las acciones como “cosas que pasaron” es el que involucra a Karen Grodzinki y Axel Arenas. A lo largo de las últimas dos semanas, tuvieron lugar el feminicidio de la primera, la captura del segundo como presunto culpable, y su liberación al acreditarse, mediante las pruebas presentadas, que no estaba dentro del país al momento del delito. Cabe mencionar que, siendo que se trata de un caso sin resolver, pero en el cual la no culpabilidad del acusado ha sido comprobada, no estamos hablando del delito en sí, sino de la forma en que algunas personas han hablado en torno a las acciones.

Como suele suceder en estos casos, el acusado tiene a su alrededor una red de conocidos y seres cercanos a quienes el señalamiento de su probable culpabilidad indignó y tomó por sorpresa. Nada de malo hay en ello: todos, incluso el más cruel de nosotros, tiene familia, amigos, colegas. Nada de malo tiene, tampoco, que esta red de conocidos haga todo lo que crea conveniente para probar su inocencia, especialmente si están convencidos de ella y tienen forma de comprobarlo. El problema es que uno de estos conocidos, un antiguo colega del acusado, durante una entrevista, lamentó “lo que le pasó a la chica”. Es poco probable que hubiera una intención dolosa detrás de la forma de expresarlo, o que lo dijera con toda consciencia de ello. Pero la hay: cuando se presenta un delito como “algo que le pasó” a la víctima, no estamos diciendo que no sepamos quién lo cometió, estamos menospreciando la intencionalidad detrás de ese delito. Y lo mismo podría decirse de que el joven actor, Axel, haya sido señalado como culpable: no “le pasó” que lo acusaron, sino que una o unas personas concretas, que trabajan en una institución cuya función primordial es brindar justicia expedita, lo acusaron falsamente, sin pruebas que sustentaran los cargos. No fue casualidad, no fue una coincidencia: fue una enorme perversión de los atributos de dicha institución.

Mucho se ha discutido sobre los cambios que tienen que llevarse a cabo en la sociedad para que el problema de violencia sistémica en contra de las mujeres se solucione. Y mucho se habla de la educación y sensibilización como elementos fundamentales de cualquier propuesta que llegue a implementarse. Sensibilizar sobre la violencia no se limita a entender las acciones, sino también la manera en que, con nuestras palabras, elegimos justificar o minimizar dichas acciones.

 

Los futuros distópicos son porque perpetúan lo establecido

By | Entretenimiento, Políticas Públicas, Reflexiones | No Comments
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Desde adolescente me ha gustado mucho la lectura, uno de los géneros que mas me atrapó gran parte de mi vida ha sido la ciencia ficción. Lo que mas me atraía al leer cualquier obra merecedora de un premio Hugo, eran esos planteamientos sobre lo que podría suceder y cómo los seres de este planeta íbamos creando mejores y mas útiles herramientas. Por supuesto que a la par de esos avances soñados estaban los problemas a resolver y que invariablemente eran resultado de la carga histórica, de los usos y costumbres y hasta de la terquedad de quienes no terminaban de entender los cambios y remataban haciendo un desastre por sus prejuicios, ignorancia o ambas. Así que esto me llevó de la lectura a la afición por los filmes de ficción distópica, porque éstos tratan de mostrar alguna de posibles razones sobre porqué las cosas son así. Esas comparativas sobre la tématica del guión con situaciones del “mundo real” me parecen un ejercicio de reflexión bastante interesante.

La mas reciente que vi fue What Happened to Monday. El contexto es: Año 2043, a causa de la sobrepoblación hay una crisis a nivel mundial dando por resultado una estricta política de hijo único aplicada por la Ley de Asignación Filial. Cuando múltiples niños son nacidos de una misma madre todos menos el primogénito son puestos en cápsulas de criogenización.

Quien promueve, impulsa y sostiene la Ley de Asignación Filial, es una mujer convencida de que es lo mejor para la humanidad, para el planeta entero. La respaldan diversos estudios y resultados estadísticos que indican que a pesar de lo dolorosa de la ley, ésta está asegurando un mejor futuro. Bajo este régimen, una mujer tiene 7 hijas que son ocultadas al estado para evitar que las coloquen en la cápsula de criogenia. Como es insostenible mantener por siempre en secreto a 7 personas, el drama ocurre cuando una de ellas no regresa a casa y de pronto todas las hermanas se ven envueltas en una persecución en la que una a una empiezan a morir a causa de la que no volvió porque es quien delató a sus hermanas puesto que ella al ser la primera en nacer, es la que legalmente tiene derecho a vivir. Al final, esta hermana mayor revela que está embarazada de gemelos y al morir, quienes se quedan a cargo son las únicas dos hermanas sobrevivientes. La promotora de la ley y candidata al parlamento, es condenada a la pena de muerte al revelarse que la criogenia es una terrible farsa.

La distopía aparente está en que los humanos como voraces consumidores nos hemos terminado los recursos y hemos sobrepoblado el planeta. Cualquiera se compra la idea y la toma como cierta porque nos la han taladrado de múltiples maneras que terminamos creyendo que es verdadera. También, se presenta nuevamente la idea de que el gobierno es quien “pone órden” sin importar las afectaciones hacia el pueblo, porque lo que premia es “el bien mayor”, dando una velada legitimidad a las acciones totalitarias, ignorando las garantías individuales, en una versión remasterizada de “lo hago por tu bien” y como cereza del pastel, es una mujer la de las malvadas ideas. Y por último y porque no puede faltar el componente de drama y llamado a la sensibilidad, están los sentimientos y acciones que se hacen “en nombre de la familia”, como vivir en un parcial secuestro, sin derecho a la privacidad ni a la propia identidad.

En conclusión, que llegamos a esta situación porque los humanos somos irresponsables y egoístas, entonces el estado debe poner reglas drásticas para remediarlo, sólo que en el “mundo real”, es el estado quien obstaculiza y no permite el ejercicio de los derechos reproductivos. Cada año, en la gran mayoría de los países, mas mujeres están decididas a no procrear, ya sea porque eligieron el estilo de vida childfree o porque prefieren adoptar, sin embargo, las leyes en casi todo el mundo penaliza el aborto o bien, los sistemas de salud dicen que las mujeres menores de 30 años o que no hayan tenido hijos, no son candidatas a la ligadura de trompas. Si tomamos en consideración que la mayoría de las mujeres son heterosexuales, sexualmente activas -en promedio- a partir de los 16 años, con hombres que son fértiles durante 50 años consecutivos, saquen la probabilidad de embarazo que se tiene que enfrentar durante al menos 15 años -promedio- ANTES de ser candidata a la esterilización.

También se utiliza de nuevo, aunque de manera sutil, el arquetipo de que quienes se reproducen “demasiado”,  son los pobres, desviando la atención de quienes son los verdaderos generadores del problema y que en la misma trama se utiliza: la maternidad como acto máximo de amor y sacrificio. La hermana mayor que entrega a sus hermanas, lo hace motivada por la protección hacia sus hijos, ese amor de madre es capaz de… ¿traicionar a toda una familia?. Pues sí, por que es a través de esa idea que refuerza la maternidad como un acto de abnegación, que la candidata al parlamento, (la mala del cuento), la presiona y chantajea.

Así que de esta peli, puedo concluir que los futuros distópicos son porque perpetúan lo establecido y que  de continuar en una apatía con respecto a la participación ciudadana activa en las políticas públicas, entonces sí llegaremos a situaciones como las de este guión donde nos van a endosar la responsabilidad de todas esas omisiones de derechos.