El problema con las mujeres enojadas: esas personas que quieren censurarlas Tiempo de lectura: 3 minutos

Para el siguiente acto necesitaré una mujer a la que nunca le hayan dicho “ya, tranquila, no es para tanto”, “cálmate y discutimos”, “pero ¿por qué te enojas?” y frases similares encaminadas a hacernos sentir que la emoción del enojo sólo la pueden experimentar y mostrar los hombres, porque en su caso es justa indignación, pero no las mujeres, porque es “exceso de emociones”, “poca lógica”, “poca imparcialidad” (pues, nos manexplican los ‘onvres’, enojarse en una mujer es ‘exceso’ de emoción’).

¿No? ¿Nadie? Claro, difícilmente encontraré a mi voluntaria porque es complicado encontrar una mujer que no le hayan dicho alguna de estas frases controladoras y de censura porque no pueden soportar su enojo.

Y existen datos que confirman la anterior afirmación: en 2015 se realizó un estudio de la Universidad Estatal de Arizona en la cual una psicóloga realizó un experimento usando una estructura de jurado. Reclutó a 210 estudiantes de licenciatura de diversos grupos sociales, dos tercios, mujeres, el resto, hombres.

Para simular una situación donde fuera importante argumentar, se presentaron a los estudiantes transcripciones del juicio a un acusado de homicidio. En este escenario, los jurados deben expresar sus opiniones y ser cuidadosos al analizar un caso, porque si el veredicto es erróneo, podría dejarse libre a un culpable o condenarse a un inocente.

Una vez que leyeron las transcripciones, los estudiantes simularon ser el jurado, leyendo textos que los presentaban como un determinado miembro de éste. Al principio de la lectura se decía si la persona era hombre o mujer. Entonces uno de los participantes se negaba a ir con la opinión de la mayoría, expresando argumentos que reflejaban enojo (“de verdad esto me hace enojar”), miedo (“me asusta pensar que…”) o ninguna emoción.

La expresión de enojo en unas ocasiones y miedo en otras era importante, ya que los investigadores buscaban saber si ambas causaban igual reacción o sólo el enojo. En el primer caso, se podía concluir que el efecto causado se le daba a cualquier emoción, lo contrario significaba que sólo el enojo generaba un efecto.

Entonces se medía la confianza que los miembros del ‘jurado’ tenían en el veredicto, tanto antes de escuchar la argumentación de los no convencidos como después.

Resultó que hombres y mujeres tenían diferente influencia al expresar enojo. Cuando un hombre expresaba enojo al deliberar contra la opinión general, los jurados cambiaban o dudaban de su veredicto inicial. Cuando una mujer mostraba enojo al argumentar contra el veredicto de los demás… los jurados se sentían más confiados en su propio juicio. Este efecto no ocurría al expresar miedo.

¿Qué significa esto? Simple: los participantes veían a una mujer enojada como más “emocional”, lo que los hacía tener más confianza en su propia opinión, pues para esos jurados su enojo ‘borraba’ su credibilidad. En el caso de los hombres, expresar enojo los hacía más creíbles, lo cual los hacía sentir menos confianza en su propio veredicto.

Este experimento confirma algo que las mujeres hemos experimentado por años: simplemente expresar enojo (sin insultos o agresión hacia nadie, ni de obra ni de palabra, simplemente mostrar nuestro coraje con frases como “me molesta que”, “me enoja que” y algunas veces el lenguaje no verbal acorde a esa emoción) causa que no se nos tome en serio.

También significa, la mayoría de las veces, que se nos quiera censurar, minimizar nuestra emoción o hacernos sentir que está mal mostrar enojo, no importa lo que nos haya ocurrido para sentirlo (¿recuerdan las frases al inicio de este texto?)

Es totalmente inaceptable que perdamos credibilidad si mostramos enojo. Porque no, como decía en cierta red social, que te enojes no causa, como si presionáramos un botón, que nuestra capacidad para discernir y pensar se apague.

Tampoco es válido que nos quieran callar para indicarnos cómo debemos discutir y sentirnos (a esto se le llama tone policing). Algunas veces el enojo es justo y si pensamos en la injusticia que puede rodear la vida de una mujer, sería extraño que no estuviéramos enojadas, porque no somos unas Stepford Wives.

Stepford Wives

Stepford Wives, las mujeres perfectas porque… no eran mujeres.

Así que, si eres un hombre que se dice aliado, que está tratando presuntamente de entender las luchas feministas, para de censurarnos y de vernos como poco creíbles porque estemos enojadas al decir algo. Comienza a escuchar y a tratar de entender las razones detrás de ese enojo.

Y si eres un ‘onvre’… pues qué lástima, porque por mucho que sigas intentando hacernos tone policing, intentando disminuirnos o censurarnos porque, según tú, somos unas ‘feminazis’ (cosa que no existe) que además están enojadas, no nos callaremos ni dejaremos de expresar lo que sentimos cuando sea necesario.

Karina Velázquez

Author Karina Velázquez

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