Perfectas incluso en el embarazo

Escrito por 22 enero, 2019Misoginia
Perfectas incluso en el embarazo Tiempo de lectura: 4 minutos

Vivimos en un mundo donde el control de nuestros cuerpos es permanente. Ocurre desde niñas, incluso desde bebés – esos aretes que se les ponen a las nenas, les duela o no, sea su opción o no-. En las mujeres se imponen todo tipo de acciones sobre lo que somos porque así lo decide la sociedad.

Y ese control de nuestros cuerpos avanza y evoluciona hasta llegar a nuestra edad adulta. Entonces ocurre que se nos pide ser no sólo agradables, sino perfectas: tantos años de decirnos cómo debemos de vernos, vestirnos, hablar, caminar, sonreír, ser, tienen ese objetivo.

A algunos les parecerá exagerada la afirmación, pero sólo hay que revisar un hecho: esta exigencia de perfección ha llegado a niveles en que no se permite a las mujeres ni siquiera pasar uno de los cambios más radicales que vive nuestro cuerpo, el embarazo, sin que nos estén controlando.

No importa que, literalmente, dentro de nosotras esté creciendo una persona en potencia, desde un montón de células sin sistema nervioso y que solamente están interconectadas entre sí hasta verdaderamente ser un feto con todas sus funciones completas. Tampoco importan todos los cambios que en nuestro cuerpo ocurren para hacer esto posible: para ser una “buena madre” en 2019 parece que muchos esperan que sigas ciertos parámetros.

Esto lo discute Rebecca Onion en un reciente artículo en Slate. La analista describe cómo algunas mujeres que se dedican al fitness publican imágenes de ellas con un cuerpo que podría ser el de una atleta olímpica, pero con la ‘pancita’ de embarazada añadida.

Y el asunto es que ahora no sólo las asesoras en fitness están buscando presumir lo poco que subieron de peso en sus embarazos, cuán mínimamente visible fue su embarazo, qué tan rápido se recuperaron después del embarazo, etc. También influencers de otros tipos parecen estar siguiendo estas ideas.

El mundo parece olvidar que un embarazo no es algo para ser tomado a la ligera. Qué felicidad por aquellas mujeres que no experimentan molestia alguna y pasan su embarazo sin la menor preocupación, haciendo menús, tomando sus vitaminas prenatales, con un médico privado que les lleva sus revisiones.

La vida no es tan sencilla si tu cuerpo simplemente no quiere cooperar, por ejemplo, si tus náuseas matutinas se convierten en vespertinas y hasta nocturnas (en mi caso, las sentía cuando fuera que mi cuerpo percibiera un aroma no agradable para él, incluso el olor de los tacos que antes de embarazarme amaba).

Tampoco es tan fácil considerando que un embarazo a veces te drena la energía, ya no digamos para salir a caminar, para levantarte de la cama y hacer cosas ligeramente energéticas. Yo podría haber dormido de 18 horas de corrido si no fuera porque trabajé durante mi primer embarazo y porque me encargaba de mi hija menor, casa y mascota durante el segundo.

Pero es el hecho de que siquiera se le pida a las mujeres ser perfectas en esta etapa la que es el gran problema, un problema enraizado, como bien dice la analista, en la misoginia y el patriarcado.

La premisa misógina es “no importa que estés alojando a una persona en potencia y tu cuerpo cambie radicalmente, las mujeres están para complacer a otros y no para ‘dejarse ir’ “. Y como la misoginia y el patriarcado es tan prevalente, por desgracia también existen mujeres que defienden estas ideas.

Y tan es una idea misógina que, como bien lo narra la autora, ese tipo de fotos son publicadas en incontables foros donde se promueven estas ideas de odio a las mujeres. A cualquier mujer que suba de peso, no importa que se deba a su embarazo, se le califica de “asquerosa”, se le llama “ballena”, se les exige que bjen de peso tan pronto como sea posible y se elogia a todas aquellas que presumen sus abdominales a días de haber nacido sus hijos.

La misma frase de ‘dejarse ir’ es misógina en sí misma. ¿En qué forma se dejó ir una mujer? ¿En qué forma una mujer deja de dar algo de valor por el hecho de tener haber subido de peso?

Estos machistas parecen pensar que, en primer lugar, por ser hombres merecen que la otra mitad de la humanidad luzca como ellos quieren, para su propia satisfacción, además de que deciden ignorar todo el esfuerzo y sacrificios que requiere tener un cuerpo como el que presentan estas influencers, una realidad poco accesible a la mayoría de las mujeres.

Quienes son asesoras en fitness, actrices e influencers dedican su día, su vida entera a su aspecto y tienen asesores para tener este tipo de cuerpo. Simplemente no expresan el tiempo y esfuerzo que requiere mantenerse así porque, además, no pueden descuidar ni un segundo sus “deberes” como madres y esposas para poder cuidar su aspecto.

La situación es irónica, por otro lado: ser una mujer casada, con hijos, que incluso administra carrera y casa, según ellos, no es impedimento para lucir así. Sin embargo, a un hombre casado, con hijos, con una carrera y que, pensemos de forma optimista, ayuda al 50% en una casa y está igual de ocupado NO se le exige un cuerpo perfecto.

Y no tendría que exigírseles, tampoco, en aras de una igualdad mal entendida. La sociedad no tiene derecho a fiscalizar el cuerpo de nadie. De hecho, como ya se dijo, no lo hace con los hombres, ¿por qué las mujeres no tenemos el mismo beneficio de simplemente ser? Ahí está, diría yo, el meollo del asunto.

Karina Velázquez

Author Karina Velázquez

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